Opinión
Mariano Rajoy (PP). PD

EL Congreso aprobó este 11 de julio el techo de gasto para 2018 gracias al nuevo acuerdo que alcanzó el Gobierno con Ciudadanos, PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias, que, a diferencia del resto de formaciones, con PSOE y Podemos a la cabeza, demostraron un alto grado de responsabilidad y sensatez a la hora de garantizar la estabilidad presupuestaria, puesto que su mantenimiento es clave tanto para la recuperación económica como para el interés general del país.

Lo importante de este acuerdo, más allá de que el gasto no financiero crezca un 1,3 por ciento el próximo año, hasta alcanzar los 119.834 millones de euros, es que permite iniciar la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado de 2018, cuya aprobación, en caso de que se reedite esta alianza parlamentaria, reforzará el favorable escenario de certidumbre y confianza que experimenta hoy España.

Además, el techo de gasto no solo contribuirá a reducir el déficit público por debajo del límite del 3% del PIB por primera vez en diez años, corrigiendo al fin los nefastos excesos presupuestarios registrados durante la crisis, sino que facilitará el actual marco de estabilidad política, ya que, si salen adelante las cuentas de 2018, el Gobierno podría agotar la legislatura y resistir a posibles sobresaltos.

El buen hacer de algunos, sin embargo, contrasta con la irresponsabilidad de otros, empezando por el PSOE, cuya obsesión por enfrentarse a toda costa al PP para tratar de recuperar parte de los votos perdidos le aleja de la necesaria moderación política y el imprescindible sentido de Estado, dos factores determinantes para volver a ser un verdadero partido de gobierno.

Rechazar el techo de gasto significa oponerse a la senda de reequilibrio fiscal y recuperación económica.