La detención de Bartomeu Muñoz, alcalde socialista de Santa Coloma.
LV
¿Cuál tendría que ser el límite? ¿A partir de qué nivel salarial un político consideraría rentable su honradez?
La exquisita y afilada pluma de José Luis Alvite desmenuza la dichosa cantinela de que los políticos se corrompen porque están mal pagados. "Defender esa idea resulta tan gratuito como admitir que el director de la sucursal bancaria haga un desfalco sólo porque su sueldo no es bocado suficiente para disuadirle de meter la mano en la caja".
Con estilo chesterniano, Alvite ataca en La Razón la lacra de la corrupción que se extiende como una mancha de aceite por toda España en una columna titulada "El salario y el soborno":
¿Cuál tendría que ser el límite? ¿A partir de qué nivel salarial un político consideraría rentable su honradez? ¿Podría soportar el erario público el peso de tanta decencia?