Periodista Digital. Tertulia con Concha Minguela y Almudena Negro
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Carme Chacón (vuelve a su nombre catalanizado) ha perdido las elecciones a la Secretaría General del PSOE. Y ahora descubren muchos que no era tan buena política y que tan solo era vendible en envase de ropa joven, discurso zapateril, planos de la Sexta y columnistas en Público. El efecto Carmen se ha perdido como el gas de la coca-cola cuando se agita. Ruido, burbujas y poco más.
Y las ha perdido, dicen, por 22 votos. Serán esos, o será un acuerdo entre ambas partes para dejarlo en una honrosa derrota. Da igual. Será la verdad oficial, sea o no, la verdad verdadera.
Carmen Chacón (hasta hoy no vuelve a ser Carme), que durante estos días dejó caer que podía ganar, porque es conocido que el efecto ganador recaba entre el 2 y el 3% (justo la diferencia de los 22 delegados que le dieron su confianza a Rubalcaba) de los votos entre los indecisos, los que apuestan por ir en el equipo del vencedor por si pueden rascar un carguito en un futuro o simplemente por el cambio a última hora provocado por el miedo a no acertar y que se le considere a uno con poco ojo y olfato político. Sea como fuere, Carme Chacón, ha perdido.
Y desde mi punto de vista, lo ha hecho por tres cuestiones principales:
Dicen que el manejo de las manos y el lenguaje corporal es esencial en un discurso. Estoy de acuerdo. Carmen Chacón no tuvo lenguaje corporal, no movió las manos. Tuvo espasmos dialécticos, aspavientos eléctricos y manoteo de novata. Lo mismo con los gallos.
La modulación de la voz es igualmente básica en un discurso. A Carmen Chacón (en ese momento ni se acordaba de que se llamaba Carme) los altos se le escaparon de tono.
En resumen, una muy mala modulación y una voz rota demasiado afilada en ocasiones, quizá por los esfuerzos de toda la semana o simplemente porque nunca ha sido una buena oradora. Porque Carme (en el pasado, incluso de ministra) ha sido siempre hermética como el acero inoxidable, fría como el pedernal y con la sonrisa forzada del cocodrilo, nunca ha tenido una imagen amable, sino más parecida a una señorita "Rotermeyer" con mucho apoyo mediático.
Porque al final, Chacón se ha quedado en eso. En el gas de la cocacola cuando se agita, en el olor de un buen guiso que luego resulta más insípido de los que prometía, en agua de borrajas en definitiva. Humo y Mediapro. Renovación que no lo era, gestos, gallos y buenas colocaciones en los telediarios de laSexta y en los editoriales de Público. Poco, o mejor dicho, nada más.
Y con Carme Chacón (ya definitivamente catalana) se irán, muy posiblemente por el sumidero político, Leire Pajín, Bibiana Aído, Sebastián y tantos otros y otras que hicieron del cargo de ministros y de la alta política un mejunje de mediocridad, choteo y sinrazón como casi nunca había pasado en España.
Alberto Pertejo-Barrena es analista político.