Carme Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba se saludan ante los asistentes al 38 congreso del PSOE.
EFE
Con un impenitente Zapatero como flamante trono subido, los socialistas se han reunido en la Sevilla madre y paraíso de pícaros y Monipodios, garduños y corchetes conchabados, para nombrar un nuevo jayán de popa del socialismo, federal, confederal o lo que quiera que exija la circunstancia, el improvisado guión que ya no lo conoce ni la madre que lo parió.
Dos cofradías enfrentadas, bien entrenadas en el disimulo y en las mañas de santiguar, con perdón, bolsillos ajenos, se disputaban los despojos de la mayor mohatra del siglo. Dos alternativas falsarias sin ideas ni futuro salvo el de intentar salvar la poltrona y la pitanza que equivalen a tener que elegir entre el hambre y las ganas de comer.
Llegados de todas partes incluso del Finisterre húmedo y remoto, cual modernos Segismundos los socialistas se preguntan cómo han podido caer tan bajo. Apenas queda ya ningún presupuesto que arrebañar. Si la más alta forma de corrupción es pudrir el entendimiento a fin de que sólo pretenda defender o dañar intereses, ahí están los viejos y nuevos instrumentos de manipulación de progres, renqueantes o en almoneda. El jayán de popa saliente les explica que él todo lo ha hecho bien pese a los calamitosos resultados obtenidos.