Rajoy con Merkel.
EFE
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El 7 de febrero es el día que el santoral de la Iglesia Católica dedica al beato Giovanni María, el noveno hijo del conde Mastai-Ferreti que ocupó la sede de San Pedro con el nombre de Pío IX (Pío Nono), que inició el llamado catolicismo social para defender los derechos de los trabajadores y que emprendería la reforma que apetecía la Iglesia de su tiempo convocando el Concilio Vaticano I.
También en esta misma fecha, aunque ahora en este año dos mil doce, comienza el Periodo Ordinario de Sesiones de la X Legislatura de las Cortes Generales Españolas, con el Partido Popular sustentando al Gobierno de la Nación - las malas (o buenas) lenguas dicen que haciendo lo propio con las maltrechas huestes afincadas en el PSOE -, con Mariano Rajoy en la Presidencia del Gobierno y con Alfredo Pérez Rubalcaba, el vencedor reciente del sevillano congreso socialista, lustrando el banco del Jefe de la Oposición.
No había aún levantado la mañana del día, el primer martes del mes de febrero, cuando Benavides y Malospelos, los leones de la Puerta del Congreso de los Diputados, dejaron de ventear los aires que corrían por la Carrera de San Jerónimo para enzarzarse en sus quimeras de siempre. En este caso no las dedicaron a la Primera Sesión de la Legislatura para controlar al Gobierno, del día siguiente, sino a la Comparecencia previa y a petición propia del Presidente Rajoy para informar al Pleno del Congreso de los resultados de la última Cumbre Europea; y a las chanzas y mojigangas chuscas de Malospelos sobre las dulzuras de los piononos, esos bizcochuelos granadinos borrachos de dulce.
Para el zurdo Malospelos, la comparecencia voluntaria del Presidente, previa a la Sesión de Control y separada de ella, parlamentariamente era un sencillo y apetitoso pionono, una simple golosina europea, a modo de hojaldre retórico y altisonante, para gozo y deleite de un orador que, contando sus "andanzas europeas", habría evitado el debate sobre cuestiones más arduas: los pormenores de la subida del IRPF, la marcha de la Crisis en España, la dureza de las medidas correctoras anunciadas, y la lucha contra el desempleo que había propuesto, sin éxito y en minoría, una parte de la Oposición Parlamentaria.
Benavides, por su parte, con el aire altivo y el proceder juicioso de siempre, por una vez y antes de entrar en el análisis, descendió a resaltar, y a recortar para la memoria del futuro, el proceder del partido que sustenta al Gobierno, más parecido al hacer de Pío IX, el papa reformador que propició las reformas de un concilio. Según el león diestro, exponiendo la realidad europea a secas, el PP hacía lo preciso y, a la vez, mantenía "cuidadosamente mimada entre tiernos algodones" a una Oposición Parlamentaria debilitada al extremo, por sus derrotas pasadas y por sus grescas recientes, para darle tiempo a recuperarse y a convertirse en el bastión con el que equilibrar una Legislatura con Mayoría Absoluta.
Después, ambos dejaron la gresca y, en atención al santo del día, obviaron los dulces granadinos y los recuerdos del Concilio Vaticano I y se concentraron en lo tratado en el último cónclave económico de los políticos europeos, y en las medidas que, en consonancia con lo allí tratado, pudiera exponer Rajoy al día siguiente: Reformas para estimular la economía española, lucha contra el déficit, modificaciones en la legislación laboral, y todas las decisiones previstas, algunas ya anunciadas por los titulares de los distintos departamentos ministeriales.
Al margen quedaron el resto de las preocupaciones diarias: El aumento del paro del último mes, la disminución de cotizantes a la seguridad Social, la visita de Mas a Madrid con sus cambalaches y asuntos catalanes a cuestas, el Proyecto del Plan Hidrológico del ministro Arias Cañete o las realidades económicas nacionales y europeas.
Una preocupación nacional, no obstante, no pudieron obviar los leones que hay a la puerta del Congreso al comienzo del periodo de Sesiones de la Décima Legislatura: Según informes del Centro de Investigaciones Sociológicas, la clase política española, parte de la cual se mueve y alberga en el Palacio de las Cortes, es una de las mayores preocupaciones actuales de los españoles, antes que la inseguridad ciudadana, la lacra terrorista o los problemas debidos a la Asistencia Sanitaria, al Sistema Educativo o al flujo migratorio; y por detrás sólo del paro y de los problemas económicos.