Portada del libro 'Carta a los jóvenes' de Enrique de Diego.
Rambla
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Publicamos un adelanto del libro, que se pone a la venta la próxima semana, "Carta a los jóvenes españoles" (Editorial Rambla), del periodista Enrique de Diego:
Sin patriotismo no hay posibilidad de maduración. Sé patriota, con orgullo, a carta cabal. No me gusta el término ciudadano, de tan claras reminiscencias jacobinas, con el que se ha pretendido disfrazar y diluir algo tan noble y tan natural como el patriotismo. Eres patriota y patriota español. Forma parte de tu dignidad. Eres español, heredero de un linaje, eslabón de una narrativa, deudo de una historia.
Ama a España, no como concepto abstracto, ni como una esencia, sino como realidad estrechamente ligada a la libertad personal. Hubiera amado a España en todo tiempo, pero en éste me siento inclinado a amarla con pasión. Te recomiendo ese sentimiento tan racional, porque eres español y no un apátrida y en ese ser español se asienta, en buena parte, tu libertad personal.
Sé que lo tienes claro, pero me permitirás, a pesar de ello, insistir. En cuanto español, tienes una historia de la que puedes sentirte sanamente orgulloso, pues nuestros antepasados protagonizaron grandes hazañas, fueron nobles guerreros, cumplidores de su palabra, amantes de su libertad y de su independencia. El 12 de octubre de 1492, tras ocho siglos de batallar incansable, gentes libres de frontera como no los había en ninguna otra parte del mundo, cambiaron los mapas y conquistaron todo un continente.
Durante dos siglos, España fue la primera potencia mundial, alumbrando genios de las artes y las letras, de la pintura y la literatura. Gentes de una pieza fueron nuestros antepasados. Y has de respetar y venerar a quienes nos precedieron, especialmente a quienes nos alcanzaron las más altas cotas del heroísmo o derramaron su sangre por la libertad de sus compatriotas. Los romanos veneraban a sus antepasados, a sus dioses manes. Los griegos rendían homenaje a quienes habían entregado su vida por la ciudad. Has nacido español. Te ha sido dado. Has de hacerte español, crecer como español.
Te hablo del patriotismo de la libertad. No de ninguna identidad común, de ningún falso esencialismo, porque la esencia del español no existe, como ninguna otra, y toda búsqueda de esa quimera unívoca degenera en pesadilla totalitaria, legitima la coacción del Estado para eliminar lo que se pretende impureza.
No te hablo del execrable nacionalismo, que la doctrina política conoce como de ‘estado nacional', sino de patriotismo, de esa actitud abierta que desde el orgullo de lo propio, no detesta lo ajeno; que no impone, sino que refuerza; que no persigue ni se inmiscuye, sino que -respetuoso- dignifica. De ese patriotismo, de la concepción de la nación como Estado de Derecho, como territorio de hombres libres, surge un entrañable sentido de la fraternidad que te recomiendo, que no puedes perderte, porque te perderías a tí mismo, deambulando en un medio ambiente incomprensible.
Los demás españoles son, de alguna forma, tus hermanos, tu amplia parentela y de ahí deviene una comunicación fluida en los anhelos comunes, en el respeto mutuo, en la mirada conjunta hacia el horizonte con la firme decisión de caminar juntos hacia el futuro, para ofrendar nuevas glorias a España.
Porque eres un patriota, has de respetar y amar los símbolos de la Patria; nuestro himno nacional, nuestra bandera rojigualda. Es viril emocionarse a sus sones o ante su visión. No tengas reparos en que se te refleje exteriormente. Y, desde esa serenidad madura del patriota, has de exigir, con fortaleza y sin desmayo, el respeto de la legalidad, la exhibición de los simbolos de la Patria en todas y cada una de las instituciones de la nación.
España se ha forjado bajo la impronta del cristianismo. España no se entiende, históricamente, desde Leovigildo y Recaredo, sin el cristianismo y la Iglesia católica. Al margen de que hayas recibido el don divino de la fe, los símbolos cristianos merecen tú respeto, sin falsos laicismos agresivos, de pulsión antipatriótica.