Detalle de la sanción.
El periodista César Sinde, de Intereconomía TV, y especialista en temas de Seguridad Vial, cuenta su desagradable experiencia con la Guardia Civil de Tráfico:
Los manuales de Periodismo que estudié en la Universidad me decían que el periodista jamás es el protagonista, por lo que me resulta raro escribir esto. Sin embargo, por una vez soy yo el protagonista porque también soy la víctima.
6.56 de la mañana. Autopista de La Coruña sentido Madrid. Kilómetro 18. Un coche patrulla de la Guardia Civil de Tráfico me ordena parar. Los agentes me piden la documentación y me comunican que me denuncian por hablar por el móvil mientras voy conduciendo. Lo que iba haciendo en realidad es frotarme suavemente la oreja porque por el frío de estos días tenía -y tengo- un dolor en el oído derecho brutal.
Sin embargo, siendo todavía de noche y por tanto, no pudiendo los agentes ver con claridad el interior del vehículo, se atreven a denunciarme por hablar por el móvil. Y encima, no sirve intentar explicarles nada porque ellos mismos me dicen "No me diga nada. Recurra la multa". Claro. Pero es que en vía administrativa, el testimonio de un agente tiene preferencia sobre el mío porque se considera probatorio. Por tanto, por mucho que alegue, no sirve de nada. La Jefatura Provincial de Tráfico de Madrid archivará por la 'p' mi recurso y sólo quedará ir a los tribunales. A los que pienso acudir si llega a ser necesario, por supuesto.
Ante la chulería con la que me tratan y su desgana a escuchar ningún tipo de argumento, comienzo a elevar el tono y visiblemente enfadado le comunico al agente de Tráfico que no iba hablando por el móvil sino intentando calmar el dolor del oído. Le digo también que lo único que ha visto es que tenía la mano en la oreja, pero no podía ver si llevaba un móvil porque era de noche y no se ve bien el interior del vehículo -¿tienen infrarrojos en los ojos los agentes de tráfico?-.
Mucho menos le importa al agente el hecho de que mi coche tenga bluetooth y que cuando me entra una llamada sólo tengo que apretar un botón del volante para descolgar y que el número de quien me llama lo veo en la pantalla del navegador del coche. Por tanto, no necesito coger físicamente el teléfono. Y menos aún le importa al agente que llevase el móvil metido en el bolsillo del pantalón y que para sacármelo de ahí tengo que quitarme primero el cinturón de seguridad.
La broma me cuesta 200 euros y 3 puntos del carné. Gracias. Muchas gracias.
No ya como conductor con carné desde 1997, sino incluso como periodista especializado en Seguridad Vial, conozco perfectamente el peligro de hablar por teléfono con el móvil en la mano y conducir. Por eso me compré el coche con bluetooth. Pero es que, además, aunque sea con manos libres, soy consciente de que hablar por el móvil distrae mentalmente de la conducción, por lo que procuro hablar lo menos posible.
Entiendo que el agente de tráfico no me conozca de nada. Entiendo a la perfección que estén hartos de lidiar todos los días durante un turno de 8 horas con conductores que sí hablan por el móvil. O que van bebidos o que van a toda velocidad. Me consta que muchos conductores tratan a los agentes de Tráfico de la Guardia Civil con muy malos modos. Pero lo que ese agente no entendió es que es eso, un agente de la Guardia Civil que se debe a la verdad y que no puede actuar injustamente a sabiendas.
Así que, ya lo saben, si pasan frío, le duelen los oídos y van conduciendo, no se les ocurra tocarse la oreja y menos de noche. Hay agentes de Tráfico con infrarrojos en los ojos que lo que verán es que hablan ustedes por el teléfono. Qué país de pandereta tenemos.
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