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Ofrenda floral ante el monumento a Rafael Casanova, homenajeado durante la Diada Nacional de Cataluña.

EFE/Archivo

OPINIÓN / ALFONSO DE LA VEGA

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La resaca de la Diada: un caso más de impostura histórica

ALFONSO DE LA VEGA, 17 de septiembre de 2012 a las 13:54

Los españoles de la época se mataban entre sí y perdían parte de la integridad territorial nacional (Menorca, Gibraltar...) para algo tan ajeno a sus verdaderos intereses como dilucidar qué dinastía extranjera iba a obtener o conservar el imperio español en calidad de botín. El clero catalán pensaba que la Casa de Austria favorecía mejor sus intereses políticos y económicos, e intentó dar a la defensa de Cataluña un cierto aire de cruzada contra el infiel extranjero.

Pero ganaron los Borbones quienes sin embargo trataron de mostrarse graciables. Como dice Vicente Bacallar, marqués de San Felipe, uno de los combatientes en la guerra: "los catalanes creen que todo va bien gobernando, gozando ellos de muchos fueros."

La lucha de la guerra de Sucesión en la región catalana no tiene nada que ver con el separatismo salvo en la postura eclesiástica en defensa de privilegios.

Sí lo tiene, en cambio, la rebelión catalana del XVII, cuando el conde duque de Olivares, porque los burgueses catalanes no querían contribuir a sufragar los gastos del ejército durante su asentamiento en campaña. S

e pasaron a Francia pero luego, cuando vieron que les era peor el remedio que la enfermedad, pidieron volver y volvieron cual hijo pródigo, sobre todo porque les salía más barato ser españoles que franceses.

La entronización de los Borbones supuso una pérdida de la integridad territorial. Otra importante pérdida territorial se produjo el 98, es muy posible que su definitiva expulsión, si se produjera, haya tenido el coste de la secesión de Cataluña y Vascongadas.

Pese a la cobardía de Mariano, disfrazada de hipócrita prudencia de estadista, la diada del 2012 supone un hito. Como también lo fue el precedente en octubre de 1934 de la sublevación golpista del (poco) honorable Companys sofocada por el gobernador militar de Cataluña, Domingo Batet, a las órdenes del entonces presidente del gobierno de la República, Alejandro Lerroux. Los golpistas de la Generalidad de entonces huyeron por las cloacas de Barcelona entre las ratas.

La manifestación del 11S es el resultado de todo un proceso entreguista, de falta de voluntad de proteger las instituciones y los derechos civiles de todos los españoles en todas las regiones. También de entregar la cultura y la educación a los enemigos de España durante varias décadas. Ya no hay más generaciones de españoles con sus rasgos propios regionales.

Hoy lo que existe son generaciones de catalanes, murcianos, gallegos, manchegos, andaluces, vascos de pura raza vasca,..... víctimas de una falsificación de la Historia y de la Geografía, de un envenenamiento mental, de la confusión emocional, adiestrados en muchos casos en el odio a España, la patria común.

Pero ahora ya no cabe disimular. La organización de este acto de traición promovido por la Generalidad, una institución constitucional española contra la Nación española es un desafío que debiera tener respuesta por parte del resto de las instituciones constitucionales. En primer lugar del Jefe del Estado que está más callado que sus trofeos de caza. No sólo cuestión de decencia personal, que también, sino de cumplir sus obligaciones constitucionales.

Las posibles alternativas son el dontacredismo marianesco, la aplicación del artículo 155 ¿pero cómo se instrumenta?, o la convocatoria de un referendo y la apertura de un proceso constituyente.

Aunque hubiere voluntad de mantener la unidad de España, cosa que visto lo visto parece muy lejos de las inquietudes actuales del Jefe del ¿Estado?, (que además del estruendoso silencio ya denunciado para terminarlo de rematar envió al Jefe de su Casa como representante para arropar al traidor en su comparecencia madrileña), la actual forma de gobierno constituye un obstáculo.

Si hubiere una república presidencialista con un Jefe del Estado elegido directamente por el pueblo, tendría poder ejecutivo legal y estaría capacitado para exigir el cumplimiento del ordenamiento constitucional. Asunto especialmente importante en un régimen más que federal como el que sufrimos hoy en España.

Estamos ya en las etapas finales de un Régimen de corrupción generalizada, fallo funcional multiorgánico y cobarde inmoralidad que por su incompetencia en todos los órdenes menos para el saqueo impune de la oligarquía ha devenido en ilegítimo.

Cada día que pasa en estas circunstancias aumenta las posibilidades de una revuelta descontrolada como las que periódicamente suceden en España cuando la incompetencia y corrupción de las clases dirigentes alcanzan un grado que subleva al normalmente apolítico, adormecido y narcotizado pueblo. Ojalá aún pueda evitarse.

Para ello es preciso aprovechar los resquicios que deja el sistema para intentar reconducirlo apoyando las opciones ajenas a la casta. Hay que organizarse.

 



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