Opinión
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España y líder del PP. David Mudarra
Urge continuar las reformas iniciadas para superar la crisis definitivamente, empezando por aprobar unos Presupuestos razonables con el mayor consenso político posible

EL largo período de inestabilidad política que ha sufrido España este año y el pequeño bache del pasado trimestre, cuando el PIB creció un 0,7%, una décima menos que en el segundo, activaron las alertas sobre una posible desaceleración, cuya sombra se está disipando.

Los principales organismos económicos coinciden en la fortaleza de la recuperación y en la buena marcha del crecimiento y la creación de empleo. La OCDE avanzó el lunes que el PIB aumentará un 3,2% en 2016, cinco décimas por encima de su anterior previsión.

Asimismo, el Banco de España destacó ayer el «notable vigor» que muestra la economía española al inicio del cuarto trimestre, gracias al repunte del consumo, el dinamismo del sector servicios, las señales positivas del mercado inmobiliario y la excelente salud del sector exportador.

De hecho, según la Autoridad Fiscal (Airef), España crecerá un 0,9% en el cuarto trimestre, con lo que el PIB podría avanzar un 3,3 en el conjunto del año, el mayor ritmo desde la época de la burbuja crediticia, superando así el buen registro logrado en 2015 y las previsiones iniciales del Gobierno.

Por el momento, el crecimiento de las afiliaciones a la Seguridad Social se aceleró hasta el 3,4% en octubre, de modo que el mercado laboral también presentará un balance muy positivo este 2016.

Por otro lado, el déficit público, excluyendo las corporaciones locales, bajó al 3,1% del PIB en septiembre, y todo apunta a que se cumplirá el objetivo del 4,6% acordado con Bruselas para el conjunto del año, gracias, entre otras medidas, al pago adelantado del Impuesto de Sociedades.

La mejora de la competitividad económica, la reestructuración del sector bancario y el progresivo saneamiento de las cuentas públicas son los cimientos de la recuperación. Pero esta tendencia no está garantizada.

El crecimiento y el empleo son el resultado de las reformas aprobadas la pasada legislatura. Si la intensidad reformista se detiene o la política económica cambia de rumbo, la recuperación corre el riesgo de truncarse.

Son muchos los retos que quedan, tal y como evidencian la elevada tasa de paro, el abultado déficit o el histórico nivel de deuda pública que acumula España.

Así pues, urge continuar las reformas para superar la crisis definitivamente, empezando por aprobar unos Presupuestos razonables. Esta tarea no será fácil, dado el grado de consenso que requiere entre partidos, pero es fundamental que España se mantenga en la senda correcta para llegar a buen puerto.