Opinión
Pedro Sánchez en el Congreso del PSOE. PS

"Decepcionante PSOE" titula su editorial 'El País' este 19 de junio de 2017. "Sánchez recupera su peor discurso', titula el suyo 'ABC'. Y asi todos.

Tal y como prometió Pedro Sánchez al acceder a la secretaría general, el 39º congreso del partido socialista ha alumbrado un nuevo PSOE. Y es nuevo en el sentido de que sale con una Comisión Ejecutiva Federal hecha a medida de Sánchez, que pone fin al modelo descentralizado e incluyente que tradicionalmente ha inspirado estos procesos en un partido hasta ahora federal en sus esencias y tradiciones organizativas.

Pero ahí se acaba la historia. El supuesto giro ideológico adoptado por los socialistas bajo la batuta de su nuevo secretario general, tiene mucho de retórico y poco de sustantivo.

Transcurridos casi 140 años desde su fundación, asombra que se proclame al PSOE como un partido de izquierdas socialdemócrata y, a la vez, se pretenda dicha declaración como una novedad que marca un antes y un después.

Convendría que, en aras de la claridad, Sánchez y su equipo precisaran de qué signo ideológico consideran que fueron los Gobiernos de González y Zapatero y qué políticas hicieron durante sus 21 años en la Moncloa (¿de derechas?, ¿neoliberales?) y en qué exactamente pretende distinguirse de ellos. Pero seguramente sería en vano pues esa definición es solo táctica, como todo en este nuevo PSOE, y solo aspira a atraer a los votantes de Podemos.

Igualmente preocupante resulta la confusión en torno a la cuestión territorial, donde el nuevo PSOE quiere a la vez una cosa, la soberanía nacional única e indivisible en manos de la nación española consagrada en el artículo 2 de la Constitución vigente, y su contraria, es decir, el reconocimiento de una plurinacionalidad resultado de la conformación de España como “nación de naciones”. Aquí también, un mínimo rigor llevaría a aceptar que una fórmula así es esencialmente contradictoria. Pero otra vez, las aclaraciones que se ofrecen, que devuelven al PSOE a la propuesta federalista formulada por los socialistas en Granada en 2013, muestran que se trata de otro giro táctico, en este caso dirigido a atraer a los nacionalistas.

Nada nuevo. Así puede resumirse el discurso con el que Pedro Sánchez puso fin al XXXIX Congreso del PSOE. Sánchez dejó a un lado los leves destellos de pragmatismo y aparente moderación que surgieron de su boca tras las primarias y ha recuperado el lenguaje duro de la izquierda extrema y arrogante, la que piensa que los gobiernos del PP son accidentes de la Historia y que la izquierda tiene un derecho natural a gobernar España.

La idea de Pedro Sánchez es clara: desmantelar la acción legislativa del PP con el apoyo de Podemos y Ciudadanos. El objetivo es complicado porque cabe dudar de que Ciudadanos se preste a ser complemento de una estrategia compartida con Pablo Iglesias, pero lo que importa es que si ese es el objetivo de Sánchez, los medios que va a usar para lograr incluirá una oposición sin puentes de diálogo ni consenso. Sánchez enfila al PP y a Mariano Rajoy, y ni uno ni otro deben hacer oídos sordos a la confrontación ideológica que les propone la izquierda.

El Pedro Sánchez del «no es no», del pacto con Podemos y de los discursos agrios de las primarias fue el Pedro Sánchez ayer. El PSOE se rinde como partido nacional y acepta ser el «Caballo de Troya» que quiere meter la plurinacionalidad de España en la Constitución y, por supuesto, en sus pactos con los separatismos más extremistas.

El espejismo de aquel Sánchez sosegado por su victoria frente a Susana Díaz se ha esfumado al minuto siguiente de cerrar el monopolio del poder interno en el PSOE. De nuevo la izquierda regala al nacionalismo el argumento de que el problema siempre es de la Constitución o de la derecha.

La fortuna de los nacionalistas es que la democracia española es una fuente inagotable de mentes vacías para su causa. Además de ineficaz para resolver la cuestión catalana, la plurinacionalidad es un concepto incompatible con el igualitarismo. La igualdad surge en la Historia con la idea de la nación única, pero todo está en venta con tal de echar al PP del Gobierno.

Así no le resultará fácil a Pedro Sánchez mantener la paz en el seno del PSOE por mucho tiempo. Su ejecutiva es monolítica y su discurso, sectario, pero en las bases también hay sitio para el sentimiento nacional español y constitucionalista. El nuevo PSOE no es más que una versión más exasperada del que lideró Pedro Sánchez en sus dos derrotas consecutivas.

Es una oportunidad para que el PP recupere el debate de las ideas, defienda un modelo liberal-conservador para el gobierno de España, no sucumba a los complejos y se esfuerce en consolidar pactos con fuerzas moderadas, sin más condición previa que el respeto al orden constitucional y a los valores de la democracia representativa. El PSOE lanza un envite que el PP debe aceptar.