Opinión
El pasquín que corre por Villaviciosa de Odón. VO

Me disponía a descansar por Navidad, pero el ímpetu de Puchi Cordobés ha vuelto a colmar el cántaro de sus mieles. No hay reposo para el voyeur de un ser tan excepcional como el Alcalde de Castilciosa.

Esta semana pasada, los castilciosos han vivido en un ¡ay! permanente con el "Caso de los pasquines". Imagínense: Puchi, mañana del jueves, en su despacho municipal, es interrumpido intempestivamente por sus superhombres. Finito Bulto-Aguirroso, trastornado, pone apresuradamente en su mesa un folleto que se reparte por el municipio bajo el título: "Alcalde Condenado". Cordobés no podía dar crédito. Con lo que ha hecho por Castilciosa. ¡Qué desapego!

¿Quién estaría detrás de tal impudicia? Tontón Casablanca sospechó inmediatamente de "hackers" rusos resueltos a desestabilizar la Unión Europea. Pedrito Hereu, sagaz, advirtió sin embargo de que la amenaza, esta vez, no venía de Internet, sino que repartidores buzoneaban los folletos en ese momento por Castilciosa.

El anónimo no decía ninguna mentira. Tampoco insultaba a nadie. No. Es pura crítica política. Pero el tono de las letras era peligroso. Debía ser perseguido por "salud pública".

Ipso facto Puchi Cordobés reaccionó mostrando la madera de líder que lleva dentro. En las crisis es cuando se templa el talento natural de los grandes hombres.

"Llamad al jefe de Policía Municipal", dijo. Pronto, Jesús Bien-Quedax estaba al otro lado del teléfono. "A por ellos" fue la consigna de Cordobés. "Tranquilo, Alcalde, me pongo con la conjura". La orden a los policías fue diáfana: "Hay que buscar los pasquines".

¿Actuación proporcionada? ¿Libertad de expresión? ¿Cómo va a ser un derecho criticar a Puchi Cordobés? No es censura atajar el ataque al "Gran Timonel" de Castilciosa.

Por la tarde llegaron buenas noticias para Puchi. Una "peligrosa" repartidora había sido atrapada, filiada e interrogada por policías municipales. Los impresos habían salido del polígono industrial de Castilciosa. Las migas de pan llevarían hasta la puerta del despacho del autor. Se preparaba la misión cerco al crítico.

El desquite estaba cocinado. Puchi Cordobés se frotó las manos. De nuevo había demostrado quién manda en Castilciosa. Dicho y hecho.

Este sábado, en mi casa, junté al marqués del Monreal y al conde del Rosillo a tomar el vermú. El conde, siempre tan tiquismiquis, consideró "totalitario" lo ocurrido.

Tampoco el sosegado Monreal fue benevolente con el jefe de policía: "Me parece un episodio de otro tiempo. Más de ‘Mortadelo y Filemón' que de un cuerpo de seguridad profesional al servicio de los ciudadanos", fueron sus palabras. Hasta la nobleza se ha podemizado.

Pero no todo es demagogia en Castilciosa. Por suerte. El puchitirismo fija el norte y protege a las personas de ley y orden.

Puchi, la noche del viernes, después de su cruzada contra el "pertinaz libertinaje", fue recibido entre aplausos por sus fieles en el chalet de Florinda Chiquetete. Allí se congregaron, vestidos de etiqueta para la ocasión, los forjadores de la hazaña, el "servicio de inteligencia" de Castilciosa, Tontón, Finito y Pedrito. También, entre otros creyentes de postín, Sit Villadecasco, su esposa, Paloma Cuajada, y Tinín Galeano y señora, Luxury Regadera. Se excusaron, porque esa noche tenían escuela de rumba, Quín Nodo i Una y Mari Ángeles Entrelasaguas.

Las palabras de Cordobés en el brindis posterior a la cena fueron memorables: "En pocas horas, la entrega de nuestros servidores ha frenado las insidias, falsedades e infundios que buscaban desestabilizar la imperecedera forma de ser y estar de los castilciosos". Flori, apoyada en su hombro, embriagada de emoción, no pudo contener las lágrimas. ¡Qué espanto!