Opinión
Cataluña y España

LA campaña electoral en Cataluña finalizó ayer con el enigma de una mayoría incierta en las urnas y bajo el síndrome de dos bloques, el independentista y el constitucionalista, incapaces de avanzar si habrá o no una formación de gobierno plausible que saque a los catalanes del marasmo en el viven desde hace cinco años.

El secesionismo ha castigado a los catalanes mediante un engaño sistemático que ha provocado la salida de más de 3.000 empresas de Cataluña. Ha pervertido el sentido de la educación, del servicio público y de la rentabilidad empresarial hasta puntos inasumibles. Ha querido dibujar un paraíso separatista inexistente, y las consecuencias de ese error se prolongarán durante lustros.

Cataluña vota bajo el síndrome de una intervención política imprescindible a través del artículo 155 de la Constitución, basado en la exigencia de mantener la unidad de España. De hecho, Cataluña está ante una oportunidad única: obtener una mayoría de votos y escaños de corte constitucionalista que frene la ensoñación separatista que conduce a Cataluña a la ruina.

Ha sido una campaña electoral atípica, con unos candidatos huidos de la Justicia en un falso «exilio» solo existente en sus mentes alienadas, y con otros candidatos en prisión imputados por sedición o rebelión, y malversación de fondos. Solo un voto que garantice la vigencia del constitucionalismo en Cataluña será aceptable para empezar a construir un futuro esperanzador.

Desde esa perspectiva, sería incomprensible que Cs, PSC y PP no se ayuden entre sí, y ayuden a España, con una solución pragmática si la aritmética parlamentaria permitiese la investidura de alguno de sus candidatos. No es hora de más cálculos tácticos, ni de más ambigüedad ni oportunismo electoralista. El separatismo es el enemigo a batir, por más que sus promotores sean ya conscientes de que el «procés» ha sido un fracaso que no podrá repetirse.

Se hace insoportable la sola idea de que pretendan perpetuar el independentismo como un modo de vida, a sabiendas de que es un objetivo inalcanzable. De hecho, les esperan severas condenas penales por su golpe de Estado. Por eso el cambio es imprescindible para Cataluña, y por eso la participación de esa mayoría silenciosa que siempre dio por perdida la batalla contra el separatismo debe ser el instrumento para conseguirlo.

No es momento de vetos entre constitucionalistas, y no es momento de recrear falsas expectativas entre los catalanes.

La experiencia del absurdo 1-O no puede ser una referencia de nada, ni es legítimo fabricar falsos mitos sobre hipotéticos indultos a los golpistas. Los catalanes van a votar en libertad, y si yerran de nuevo con una mayoría separatista, deben saber que el 155 seguirá vigente porque la vía unilateral de una independencia anacrónica y nociva está prohibida por la ley.