Opinión

SERÍA una buena noticia para terminar el año y empezar 2018 que el PSOE confirmara con hechos la declaración que ayer realizó su secretario de organización, José Luis Ábalos, de que Podemos «ya no es socio prioritario» de los socialistas.

La opción de Pablo Iglesias por el derecho a la autodeterminación en Cataluña parece haber sido el punto de inflexión en unas relaciones que siempre fueron tóxicas para el PSOE.

Es cierto que los socialistas recuperaron buena parte del poder autonómico y municipal gracias al voto de los extremistas de Podemos, pero fue a costa de remarcar la debilidad electoral del PSOE y de abandonar las posiciones de centro izquierda ocupadas por una parte de la clase media española.

La declaración de Ábalos es buena noticia porque facilita la reconfiguración ideológica de los socialistas y permite al consenso constitucional recuperar uno de sus apoyos perdidos en las extravagancias del zapaterismo, una de las cuales es, precisamente, ese magma antisistema y radical en el que se creó Podemos.

La crisis provocada por el separatismo catalán ha permitido que tanto PP como PSOE enfoquen mejor la mutua necesidad de colaborar en los asuntos de Estado, como lo ha sido la aplicación del artículo 155 de la Constitución y lo será el día de mañana la respuesta a los nuevos desafíos del separatismo.

Para el PSOE, el apoyo de Podemos y de sus aliados lastra sus obligaciones políticas como principal partido de la oposición y alternativa de gobierno.

Además, Podemos es un mal socio, porque es desleal, como se ha visto en el Ayuntamiento de Barcelona, y porque tiene una tendencia antidemocrática que no disimulan, como se encargan de demostrar un día sí y otro también sus concejales y cargos públicos tan comprensivos ellos con actos de violencia cometidos por la ultraizquierda.

Precisamente, esos pactos municipales y autonómicos tendrán que ser revisados por el PSOE de cara a las elecciones locales de 2019 porque lo único que han conseguido es dar presencia pública a Podemos en la misma medida en que hacían perder a los socialistas sus señas de identidad socialdemócrata.

El apoyo que los socialistas prestan al equipo de gobierno de Manuela Carmena en Madrid es un ejemplo de la dinámica de pactos a la que debería poner fin el PSOE si realmente quiere hacer creíble la declaración de Ábalos y que no quede en uno de tantos buenos propósitos con los que se comienza el año y luego no pasan del micrófono ante el que se formulan.