Opinión
Ricardo Costa en la Audiencia Nacional. TV
Costa imita la táctica de los hampones de la Gürtel y confiesa la financiación ilegal del partido en Valencia

La confesión del que fuera secretario general del PP valenciano Ricardo Costa ayer ante el Tribunal del caso Gürtel, admitiendo que su partido se financió con dinero negro a través de una trama de facturas falsas, es muy grave.

Las condenas que puedan derivarse de esta confesión no solo serán ajustadas a Derecho, sino que serán imprescindibles para la regeneración de nuestros partidos, y para la superación de los muchos abusos y delitos cometidos con su financiación.

Tras escuchar ayer a Costa, es evidente que el PP nunca fue una excepción, y que la catarata de acusaciones hechas no responde tanto a un arrepentimiento convincente, sino a su necesidad de pasar facturas al cobro al que fuese su partido y a atenuar en lo posible un negro horizonte penal.

Humanamente es comprensible que Costa quiera atenuar su pena, sobre todo si es condenado a prisión. Es legítimo que alguien acorralado recurra a cualquier estrategia de defensa sin importarle otras consecuencias.

En el caso de Costa, sus revelaciones impactan de lleno en la antigua dirección del partido en Valencia y en Francisco Camps (que ha negado las acusaciones), pero lo cierto es que matizó mucho cualquier palabra tendente a acusar a la dirección nacional. Costa hiló fino para delatar lo que se sospechaba: que el PP valenciano fue un nido de corrupción durante una etapa muy destacada de su historia.

No obstante, la respuesta elusiva que ofreció ayer Rajoy requería de mucha más profundidad que excusarse con un recurrente «nunca nos dijeron nada», porque lo revelado mancha a toda la marca PP.

Aunque tarde, mal y para provecho propio, al menos Costa pidió ayer perdón en un juicio público. A la dirección del PP le siguen faltando explicaciones o recordar, por ejemplo, que Costa fue expulsado hace años del partido y que él mismo se declara copartícipe en aquel infame mangoneo, que vivió en él y de él y que solo cuando ha visto de cerca la condena se ha arrancado a hablar. O recalcar que ha sido el Gobierno del PP el que ha endurecido las penas por corrupción.

Lo ocurrido no solo es relevante para que el tribunal, por la vía de la deducción de testimonios, pueda abrir futuros procesos penales contra personas hoy no acusadas. También es relevante para acallar tantas y tantas voces de la oposición al PP que día sí, y día también, viven de sugerir que en España la Fiscalía y los jueces están manipulados al servicio del PP.

Muy al contrario, las confesiones de ayer dejan poco lugar a la duda sobre el rigor con que trabajan el Ministerio Público y la judicatura sin tener en cuenta el color político de los presuntos delincuentes.

Un pésimo protector del PP será nuestro sistema judicial cuando acorrala a muchos de sus antiguos y significados dirigentes, hasta el punto de verse obligados a confesar los delitos cometidos para tratar de aliviar su situación procesal.