Opinión
Los portavoces parlamentarios de Ciudadanos y Podemos, Juan Carlos Girauta e Irene Montero. EF

LA estrategia política de Ciudadanos está ofreciendo un acusado contraste entre la inacción en Cataluña, después de ser el partido más votado el 21-D, y la dinámica ofensiva contra el Gobierno de Rajoy.

El viento a favor de las encuestas parece llevar a Albert Rivera a un nuevo escenario de confrontación con el PP, en el que se está presentando con una fuerza política superior a la que se corresponde con su representación parlamentaria.

El riesgo de Albert Rivera es precipitarse y acelerar excesivamente el paso sobre un suelo que pudiera no ser tan firme como el que reflejan las encuestas.

Ciudadanos empieza a comportarse como si pensara que su buena estrella hará que se le disculpe de cualquier error, incluso de su repentina sintonía con Podemos para pactar una reforma de la ley electoral que, como es lógico, no se producirá si PP y PSOE no están de acuerdo con ella.

Lo de menos es que Cs piense que la actual legislación electoral deba mejorar para asegurar una mejor representatividad al voto ciudadano, aunque mientras esto se dirime lo que está claro es que la reforma que propone beneficia sustancialmente al partido anaranjado. Lo más relevante es que Ciudadanos ha tomado de compañero de viaje a un partido de extrema izquierda, antisistema y antiliberal, revanchista y eurófobo, amigo de dictadores y de represores chavistas, apologista de Otegui y de los matones proetarras de Alsasua, comodín de toda clase de separatistas y naconalistas.

Es un misterio el porqué de esta foto que junta a Ciudadanos y Podemos, más aún si Rivera piensa que le será beneficiosa, porque si algo explica su capacidad para atraer voto del PP es un discurso beligerante y sin concesiones a la extrema izquierda. Esa misma extrema izquierda que no ha dudado en insultar a Rivera asociándolo al fascismo.

Ciudadanos puede caer en excesos de confianza por pensar que las tendencias preelectorales de las encuestas ya son irreversibles y que el declive del PP desembocará en una sustitución en el liderazgo del centro-derecha español.

Quizá suceda esto o no, pero Rivera puede arruinar sus expectativas por su flanco derecho si acaba blanqueando a Podemos como socio homologable de pactos tan relevantes como el de la reforma electoral. Los cambios de criterio de Ciudadanos, súbitos y radicales, empiezan a ser santo y seña de esta formación.

Del no al 155, al sí entusiasta a su aplicación y al funambulismo con la prisión permanente revisable...

De enfrentarse a dentelladas con Pablo Iglesias en la moción de censura que promovió Podemos, a dispensar a los extremistas morados un trato de socio sin contraindicaciones democráticas. Conviene a Ciudadanos, un partido pujante y con futuro, comportarse con muchas más coherencia.