Opinión
Pedro Sánchez (PSOE). EP

PEDRO Sánchez ya ha dado su prometido golpe de mano en el PSOE en venganza por la destitución a la que en su día le sometió el Comité Federal del partido, y en respuesta al poder acumulado por los barones territoriales frente a la dirección federal.

El nuevo reglamento interno al que ha dado el visto bueno la dirección de Sánchez tiende al caudillismo y se aleja mucho del modelo de democracia interna con el que hasta ahora convivía el PSOE, y también del modelo descentralizado que, sin concretar, pretende aplicar a la organización del Estado.

Así, se desapodera a los dirigentes regionales y locales en favor de la militancia; se refuerza el poder omnímodo del secretario general frente a otros órganos internos y se decreta el derecho de veto sobre cualquier consulta a la militancia a escala local si no es previamente controlada desde Ferraz.

También se podrán vetar las listas electorales propuestas por la militancia si no agradan a Ferraz; se sancionará a todo militante que cuestione al partido en las redes sociales; se regulan unas primarias a capricho de la dirección para poder desbancar a cualquier barón, y se permite la perpetuación en los cargos orgánicos en virtud de las «excepciones» que decida la Ejecutiva.

A fin de cuentas, es un reglamento diseñado a la medida y para el blindaje de Pedro Sánchez, secuestrando o premiando a la militancia a conveniencia de parte.

Esta desnaturalización orgánica del PSOE está más próxima a un ejercicio autocrático del poder interno que a la democracia participativa. Lejos de adaptar su discurso federal al «nuevo» PSOE, Sánchez «recentraliza» el partido en torno a su persona para castigar y purgar a quien le discuta.