Opinión
Arcadi Espada y a la derecha Arrimadas y Rivera. PD

Arcadi Espada tiene por norma no cortarse un pelo (y no lo decimos solamente en sentido literal). El columnista de El Mundo le mete este 15 de abril de 2018 un soberbio estacazo a Ciudadanos por estar comportándose en materia de apretar las clavijas a los gobiernos estatal y autonómicos como un partido miedoso, pasivo y taciturno:

Es justamente, por el caso de Madrid por donde Ciudadanos debería haber empezado a gobernar. Lo primero, poniendo a la verdad en su lugar y no enmascarándola con la tinta del calamar de una comisión de investigación. Leídas las acusaciones, examinados los documentos y oídas las explicaciones de la presidenta, hace días que está claro que una de las cláusulas del pacto de investidura que Ciudadanos alcanzó con el Pp está roto. Gobernar es que Cifuentes se vaya. Lo que debe dar vértigo es incluir determinadas condiciones en los pactos, no ejecutarlas. Quién vaya a sustituir a Cifuentes, y bajo qué condiciones, es otro asunto: también esa negociación será en su momento un acto de gobierno.

Sin embargo, la clave del gobierno, ¡al sol y no en la sombra!, de Ciudadanos es Cataluña. Y donde resultan más inquietantes sus pasividades. Por ejemplo la de haber renunciado a que la vencedora en las elecciones, Inés Arrimadas, expusiera en la tribuna del parlamento su programa político. Un acto de gobierno no para el hoy sino para el mañana. Un programa político para Cataluña e inexorablemente, como fruto de una excepcionalísima situación, para el conjunto de los españoles.

Considera que la formación anaranjada ha pecado de cómoda y pasiva dejando en una asociación de buena voluntad la defensa de los intereses de Cataluña:

La pasividad, también, de haber dejado en manos de Sociedad Civil Catalana el papel de agente movilizador de la mitad constitucionalista de Cataluña. Los partidos tienen que estar en las instituciones y en la calle con voz propia, sobre todo en las condiciones de urgencia civil que atraviesa Cataluña. Y las asociaciones, mientras tanto, que organicen simposios transversales, donde mejor pueda celebrarse la densidad intelectual de mensajes como el que dejó caer desde la tribuna pública una oradora de la última y fracasada manifestación de Scc: "Basta de jugar a quién la tiene más larga", siendo los equidistantes mesurados el presidente de un Estado democrático y un prófugo de la Justicia. Y no es tampoco Scc, por último ejemplo, la que debe liderar la repulsa política que merecen los putrefactos sindicatos catalanes por su alianza, meramente clientelar, con el separatismo. Scc es la máscara con que socialistas y populares puedan sacar al exterior su desahuciada cabeza. En la intemperie catalana solo Ciudadanos puede ir a cara descubierta. Y él es el único que puede y debe decirle a los ciudadanos la desagradable verdad: que a Cataluña le espera un largo invierno, el largo invierno del 155, a menos que los dirigentes nacionalistas vuelvan a la negociación y al pacto, es decir, a la viscosidad, porque la viscosidad es la única fuerza que puede ejercer el separatismo.

Se pregunta por qué aún los de Ciudadanos siguen en sus casas:

Por último. Ya caducó criticar a Dastis, mi favorito. Es hora de enviarle a escribir sus memorias diplomáticas, que serán ingrávidas y gentiles como pompa de jabón. ¿Qué hacen todavía en casa los hombres y mujeres de Cs, macerados en la crítica de un gobierno meramente espectral y corriendo el riesgo de macerarse con él? ¿Cómo es posible que las cancillerías, que los medios de comunicación, que las instituciones, que los poderes económicos, que la opinión pública europea tengan tan vaga noticia de un partido que puede gobernar España dentro de algunos meses, siempre que realmente lo quiera, siempre que medite sobre aquel adagio tremendo de Josep Tarradellas, pronunciado la primera noche electoral de la autonomía catalana: "Esta noche en Cataluña hay dos hombres que no duermen, uno Jordi Pujol, pensando que mañana puede no ser presidente, y otro Joan Reventós pensando que puede serlo?".

Y concluye:

En España ya no puede haber oposición. La oposición requiere gobierno. Si Cs se empeña en no gobernar con la simpleza de que no tiene el poder para hacerlo, es que no ha comprendido la profundidad de la crisis española ni los mecanismos de relevo en las sociedades democráticas ni las especiales y azarosas, pero inesquivables, circunstancias que hacen de él la única esperanza política de cualquier español razonable.