Opinión
Zapatero y el también socialista Pedro Sánchez. EP

Nos llevan de nuevo a la ruina. La orientación de las medidas anunciadas por el Gobierno en su primer mes en La Moncloa demuestra un sesgo radicalizado que recuerda demasiado a la primera etapa de Rodríguez Zapatero, en esta ocasión sin pasar por las urnas y con solo 84 diputados.

La subida generalizada de impuestos, la reactivación de una memoria histórica propagandística, los ataques a la educación concertada, los mensajes de la izquierda contra la Iglesia, la devaluación de la asignatura de Religión o el recurso, en definitiva, a toda una ingeniería social ideologizada y divisora de la sociedad son los instrumentos con los que Sánchez quiere recortar la base electoral de Podemos y presentarse como la única izquierda con capacidad real de gobernar.

Lo más grave no es intentar legislar de la mano de populistas, extremistas, nacionalistas e independentistas. Lo grave es no haber aprendido nada del nefasto ejemplo que supuso la gestión de Zapatero como factor desestabilizador para fracturar ideológicamente nuestra sociedad, erradicar el espíritu de consenso de la Transición y dar alas a una concepción etérea y debilitada de España como nación.

En realidad, Sánchez pretende usar cosméticamente el paraguas de la libertad precisamente para restringirla.

La subida de impuestos «a los ricos» siempre fue una pantomima demagógica, porque es la clase media quien paga la factura. Y recortar derechos para la enseñanza concertada, como ayer anunció Isabel Celaá, restringe la libertad de millones de padres de familia que eligen esa opción.

La izquierda siempre asume tarde y mal que es un grave error institucional tratar de arrinconar a la Iglesia en aras de un laicismo virtual como reclamo electoral, o jugar con la igualdad como algo puramente publicitario. Cuando los españoles quisieron darse cuenta de los estragos causados por Zapatero ya era tarde.