Opinión
Gobierno Sánchez, PSOE, nepotismo, amiguetes y enchufes. ABC

EL Gobierno de Pedro Sánchez se ha convertido en una rutilante agencia de colocación de personas que le fueron fieles cuando su partido lo defenestró, de amigos que han accedido a los escalones intermedios de la Administración y, muy especialmente, de miembros de la dirección federal de su partido.

De hecho, más de la mitad de su Ejecutiva ha accedido tras la moción de censura a cargos públicos de relevancia con sustanciosos salarios para una legislatura que, según comprometió Sánchez en el Congreso, sería corta porque su objetivo era convocar elecciones.

Pero es evidente que, salvo catástrofe política para Sánchez, no será así. Incluso, miembros del Gobierno han desmentido a su propia portavoz, Isabel Celáa, tras haber admitido que, sin techo de gasto y sin presupuestos generales, Sánchez manejaba la opción de convocar comicios.

Como subraya ABC en su editorial, este 12 de agosto de 2018, el enchufismo benefactor de simpatizantes de Sánchez ha llamado la atención porque La Moncloa ha elevado de una forma innecesaria la dotación económica para la creación de puestos de confianza y asesorías, como ningún otro Gobierno lo había hecho antes en democracia ( Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, la 'enchufan' ahora en el Instituto de Empresa).

Además, muchos de los nuevos altos cargos no tienen ninguna experiencia de gestión de recursos públicos si nos atenemos a sus propios currículos profesionales. Más aún, desde comienzos de junio, la actividad del partido como tal se ha convertido en un erial, toda vez que Sánchez ha preferido premiar a quienes le acompañaron durante su travesía del desierto hasta que recuperó la secretaría general del PSOE.

Las direcciones de Correos, Paradores, el CIS, las embajadas «políticas» de relevancia, Red Eléctrica y la Sepi, Renfe, delegaciones del Gobierno y un innumerable núcleo de cargos públicos han sido copados, y en casos concretos muy significativos, por personas cuya cualificación para su gestión ha sido puesta en duda por la oposición.

A Sánchez, las exigencias ciudadanas de una Administración que no esté innecesariamente sobredimensionada parecen importarle poco. Tampoco las graves consecuencias de engordar el déficit público, o gastar a manos llenas la caja del Estado.

De hecho, el PSOE ya ha anunciado el diseño de una nueva política basada en el incremento de impuestos que volverá a penalizar a la clase media con tal de mantener una gestión económica expansiva, simular que actúa fiscalmente contra las élites, y repetir sin cesar que será el presidente que acabe con la austeridad y los recortes.

Pero a la hora de la verdad La Moncloa no ha dejado sin colocar a personas con las que Sánchez cree tener deudas morales o de agradecimiento personal.

Sánchez ha tardado muy poco tiempo en superar con creces la conducta cesarista, endogámica y de nepotismo que censuraba a los líderes de los demás partidos, dejando tras de sí una estela de agravios, venganzas y favoritismo que empieza a ser cuestionada ya hasta en sectores del PSOE.