Periodismo
Susanna Griso con su marido Carles Torras. Ecoteuve.es

Carles Torras es independentista, marido de Susanna Griso y columnista el digital separatista El Nacional.cat que dirige José Antich. En abril de 2018 le pillamos refiriéndose a la Copa del Rey como la "Copa del Capullo". --El marido de Susanna Griso mete en un lío a Atresmedia al llamar al Rey Felipe VI "capullo"--

Ahora vuelve a las andadas con un artículo titulado "España: pisar o morir" en el que mezcla nostalgia y gasolina para descalificar a España tachándola de pueblo invasor, conquistador y que pisa a otros. Lo dice Torras, muy tranquilo desde el sofá de su lujoso piso en Madrid.

En esta primavera fría y húmeda, en Madrid flota en el ambiente un sentimiento colectivo de victoria bélica. Las banderas en los balcones, las proclamas de los mulás españolistas a los medios de comunicación y la fe reencontrada por el hombre de la calle que la unidad perenne es posible son los efectos balsámicos que ha tenido, en la capital, la ola represiva en Cataluña .

En la España oficial reconforta verse todavía capaz de pisar quien sea que se interponga -como Letizia a las fotos- entre ellos y la sagrada unidad del imperio. Aunque el imperio, pobrecito, se limite ya al trozo de península que no ha ganado Eurovisión, Canarias, Baleares y Perejil.

Un pueblo que pisa otros pueblos para seguir sintiéndose vivo es en la antesala de su fallecimiento. Esto lo sabemos los pueblos que luchamos por algo más que por una bandera, un himno, un rey, un ejército o una unidad ficticia forjada a tuberías o encarcelando buenas personas.

No odía faltar el tic franquista con mala baba: "En el Ifni, Franco ganó el prestigio como militar y perdió a cambio de un testículo":

La euforia madrileña debe de parecerse mucho a la vivida durante las últimas -y esporádicas- victorias previas a la pérdida definitiva de Cuba o en las guerras de Sidi Ifni, en el que Franco ganó el prestigio como militar y perdió a cambio de un testículo. Pero da igual, en un imperio que sigue en descomposición cualquier pequeña victoria se debe celebrar como si fuera la conquista de Egipto por Napoleón.

Mucha gente lo verbaliza abiertamente estos días refiriéndose a Cataluña como "tierra reconquistada". También he oído la expresión que ahora "hay reconstitucionalizar" Cataluña. En la línea del afán del ex ministro Wert para españolizar a los alumnos catalanes. O sea de adoctrinarlos, pero en el buen sentido.

Por todo ello, cuando vives en Madrid y sientes cada día las tertulias radiofónicas catalanas tienes la sensación de que el soberanismo vive instalado en un bucle temporal, preocupado con los vellos del ombligo, mientras los verdugos se rifan su cabellera.

Y un elogio a todos esos separatistas golpistas que se levantaron el 1-0 contra la España invasora de la que su mujer es uno de los rostros más reconocidos:

Hay que recordar una vez más que la sociedad estuvo a la altura de las circunstancias del 1 de octubre. Y también lo habría sido si la declaración de independencia del 27 de octubre hubiera sido efectiva y no simbólica. Nadie se habría escondido en casa. Deberíamos dado la cara aunque a alguno, seguramente, la hubieran roto.

Por lo tanto, tengamos muy presente en todo momento que en Madrid creen que han ganado la guerra y que el desafío catalán está muerto y enterrado. No dejemos que la dispersión de nuestros políticos les dé la razón. Exigimos los mismos la firmeza, el coraje y la sensatez que nosotros hemos tenido hasta ahora y seguiremos teniendo en el futuro, cuando se nos pida.