Periodismo

Colean los ecos del suicidio de la cazadora y bloguera Mel Capitán. La revista Jara y Sedal, donde esta joven colaboraba, ha lanzado un duro editorial en el que, con pelos y señales, pone en el punto de mira a determinados medios de comunicación por motivar con sus informaciones que esta experta cinegética decidiese acabar con su vida.

El artículo arranca así:

La marcha de Mel Capitán nos ha golpeado a todos. Una joven carismática y llena de vitalidad que luchó por los derechos de los cazadores rompiendo los estereotipos y dogmas que las corrientes de pensamiento único nos quieren imponer. Una chica joven, como otras miles, que amaba la caza y estaba orgullosa de mostrar ese estilo de vida sin el que no podríamos entenderla. Sin el que no sería la misma. Ninguna pérdida ha removido nunca tanto los cimientos del sector cinegético como la suya. 

Subraya la publicación que:

Mel no era Blesa, aunque a muchos de los anticaza que la critican le hubiera encantado que lo fuera. La caza que practicaba ella, como la mayoría de los cazadores españoles, era sencilla, necesaria, legal y ética. Pero, como todos nosotros, fue víctima de esa criminalización que muchos medios de comunicación se empeñan en asociar a esta práctica que todos llevamos impresa en nuestro código genético. Y lo sufrió en primera persona como nadie. La insultaron, la acosaron, le dejaron notas en el coche, acudieron a su centro de trabajo para que la despidieran, la amenazaron...

Hace responsable a dos medios de la decisión de Mel Capitán -Antonio Jiménez 'ametralla' a los "miserables acosadores inhumanos" que se mofan de la muerte de Mel, la bloguera cazadora-:

Los motivos por los que decidió marcharse no parecen estar relacionados con esta presión. Muchos de los medios que, como El País o La Sexta, día a día muestran la caza rodeada de connotaciones negativas, e incluso delictivas, se apresuraron a destacarlo cuando dieron la noticia. Quizá en un intento de descargar su responsabilidad moral sobre la muerte de esta joven de 27 años, acosada hasta la saciedad por una corriente de opinión que ellos mismos han creado y alimentado durante años. Aunque sea cierto que sus motivos no han sido las presiones animalistas, es imposible no sentir que Mel ha sido víctima de esa irresponsable forma de criminalizar la caza por parte de los grandes medios generalistas. Cada vez menos profesionales, cada vez menos plurales y más irrespetuosos con una actividad y un colectivo contra el que todo vale.

Y termina por darle cera a los animalistas, aunque poniendo como ejemplo excepcional al herpetólogo Frank Cuesta y su emotiva carta a Mel -La impactante carta de Frank Cuesta a Mel Capitán que deja muda a la turba facinerosa de Twitter-:

Mel era tan grande que su marcha ha generado un gran eco en el mundo animalista. Como era de esperar, la podredumbre moral y humana de aquellos que se esconden detrás de un teclado para, dicen, defender a los animales, ha esparcido su porquería mental por las redes. Y esto ha hecho más grande aún si cabe a Mel. Conviene quedarse con la sensata carta que Frank Cuesta le dedicó y en la que vuelve a reivindicar algo que muchos parecen haber olvidado: respeto. Se pueden tener posturas diferentes, pero nunca se debe abandonar el respeto mutuo, algo que parece imposible con quienes se empeñan en elevar los animales a la condición de humanos y dotarlos de sus derechos para sentarlos en la misma mesa de debate.