Margarita Robles y Baltasar Garzón.
El amiguismo con el cual progres y conservadores colocan a sus amigos en la Justicia resulta intolerable
La extravagante respuesta de Margarita Robles, vocal del Consejo General del Poder Judicial propuesta por el PSOE y fundadora de Jueces para la Democracia (JpD), jactándose del mercadeo de cargos judiciales en la Justicia ha puesto de uñas a El País. En pleno ocaso de Garzón, investigado por el juez Luciano Varela, fundador también de JpD, el diario de Prisa le saca los colores a Robles por dejar la imagen del Consejo General del Poder Judicial como institución por los suelos.
El amiguismo con el cual progres y conservadores colocan a sus amigos en la Justicia resulta intolerable y así lo expresa el editorial de El País titulado Agencia de Colocación:
Pero aunque no haya nada que reprocharle a esta crítica, es indudable que el diario de Prisa sale a echarle un capote al juez Garzón en sus horas más bajas. A nadie se le escapa que Luciano Varela -el instructor de la causa contra Garzón- es acusado por la izquierda de responder a un "espíritu de revancha".
Lo dijo con estas mismas palabras Carmen Negrín, nieta del presidente del Gobierno republicano Juan Negrín, al asegurar que el proceso "trata de tapar un pasado que molesta", lo que daña la imagen de la justicia española en el exterior.
Y Varela fue fundador de la misma Asociación Jueces para la Democracia (JpD), que ha salido a desmarcarse al criticar la actuación de Varela por haber dado pábulo al interés de grupos "que podrían calificarse como de extrema derecha, herederas ideológicas del franquismo", [se refiere al Sindicato Manos Limpias] y no al ministerio fiscal, que ha pedido en repetidas ocasiones el archivo de esta causa por rechazar que el juez Garzón haya prevaricado.
Más allá de las críticas de la izquierda, no deja de resultar sorprendente que el diario que linchó a Carlos Dívar por sus creencias religiosas quiera ahora dar lecciones de ética e independencia a la hora de valorar la Administración de la justicia. Da la impresión que lo que censura el diario de Prisa no es el mercadeo de votos en sí sino la colocación de magistrados que no son de su cuerda.