Imagen de billetes de euro.
EFE/Archivo
El PSOE nos jura que estas dos últimas veces no cuentan, que ahora sí van a ser ‘rojo pasión’
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Qué manía, oye. Cualquiera diría que los ahorradores del mundo adelante tienen una obligación de prestarle dinero al Estado español, que gasta como si no hubiera mañana (corrijo: para los Gobiernos partitocráticos nunca hay mañana; el mañana es los otros). Sin esa premisa, no se entiende la mitad de los titulares de la prensa de izquierdas.
Nuestro inefable ‘Público' abre en uno de esos cuerpos de letra reservados para el estallido de la Tercera Guerra Mundial: "Ataque general contra el euro". El "ataque" en cuestión significa que los ahorradores empiezan a temer que estos chicos no son serios y en cualquier momento les dejan compuestos y sin dinero y, claro, se resisten a prestarles más. La verdad, no seré yo quien les critique.
El billete de Marco Schwartz, jefe de ‘Opinión' de ‘Público', "Es la política, estúpido", va de lo mismo. Y me ha pasado estar de acuerdo con la primera mitad del texto, bastante razonable, hasta que, como suele pasar con las opiniones de la siniestra, dice algo que lo estropea todo y te recuerda que estás leyendo a alguien cuya realidad está más cerca del ‘País de las Maravillas' de ‘Alicia' que de este mundo.
"Lo que está sucediendo es de tal magnitud y entraña tales riesgos para el futuro de Europa que excede cualquier rebatiña doméstica. España es objetivo de los especuladores, pero también Italia, Bélgica y Francia"
Firmo eso, don Marco; lástima que la frase siguiente carezca de sentido:
"El problema de fondo es que la Unión Europea se muestra incapaz de frenar a los tiburones".
Las metáforas zoológicas pueden llevarse muy lejos, pero nunca como en este caso, cuando cansarte de prestar a un sablista derrochador te convierte en ‘tiburón'. La postura de la izquierda parece resumirse en esta contradicción de locos:
"¡Cuánto os desprecio, miserables mercados; haré lo que sea para haceros doblar la rodilla. Y, ahora, prestadme más dinero".
Los endeudados
‘El País', de una derecha clásica en lo que hace a la cartera, titula con más tino en su primera: "La crisis de la deuda asedia a España". Quizá para compensar el que se le vea el plumero capitalista en ‘Economía', el diario de Liberty va fuerte en ‘indignados', que no se diga. Una doble, "El desalojo de Sol reaviva la protesta del 15-M", que vale, que sí, pero hay que ver qué fácil ha sido quitarles de la emblemática plaza, y "Primavera en el kilómetro cero".
En la sección ‘Madrid', más de lo mismo, incluyendo una tribunita de un ‘indignado', Alberto Araico, "No entienden nada". Ya hemos comentado la arrogancia de un movimiento que se arroga una legitimidad que se compadece mal con su número y se pretende por encima de las urnas que, como es sabido, "no nos representan".
Para Araico, todos los millones de españoles que no salimos a las plazas a gritar consignas más o menos ingeniosas no nos enteramos de nada, estamos en Babia. Termina así:
"Ni entendéis el tiempo en que vivís ni ya sois mayoría".
A lo que sólo puedo responder: demostradlo. Nos vemos el 20-N.
En ‘Opinión', las dos tribunas son también para los chicos de la calle. Luz Gómez se marca una analogía algo forzada entre las revueltas árabes y el movimiento 15-M en "Seis meses para cambiar el mundo", mientras Joan Subirats, en "Otra época, ¿otra política?" nos enseña que "gracias a la movilización popular la política vuelve a formar parte del debate cotidiano". Ignoraba que alguna vez hubiera dejado de serlo.
Pero la izquierda no cree en la escritura, sino en la reescritura. Observen el comienzo de "La izquierda enjaulada", de Andrés Perelló en ‘Público':
"Caído el Muro de Berlín y descubierto el gran vacío que se abría en los países de la órbita soviética, la izquierda democrática expresó su satisfacción al ver confirmado que la igualdad sin libertad era insostenible".
Si tiene usted mi edad, querido lector, y se acuerda de esa fecha mágica, ¿recuerda usted esa ‘satisfacción' en la izquierda? Mi memoria deformada por años de facherío recuerda desolación y desconcierto, pero Andrés Perelló dice que no, y Perelló es, como cualquier izquierdista, un hombre honrado.
En realidad, el incoherente alegato de Perelló, diputado del PSOE, viene a decir que, por favor, vótennos, que estas dos veces anteriores no íbamos en serio y ahora sí que sí, que van a ser rojo pasión.
La calle no es suya
Germán Temprano, rojo pata negra (valga la contradicción), alivia su izquierdismo con dos cualidades poco frecuentes: sentido del humor y afición a pensar por cuenta propia. En su columna de ‘Diario Abierto', "Ni de Fraga ni de nadie" escribe que:
"ni la calle era en su momento de Fraga ni ahora de quienes se creen con derecho a ocuparla sine díe por muchas razones que se crean que tienen para ello".
Temprano, que aplaude las intenciones y propuestas del movimiento, cuestiona al menos su derecho a ocupar indefinidamente un espacio que es, al fin y al cabo, de todos.
"Todo aquel que reniega de los desalojos debería adjuntar en el pliego de explicaciones si la solución alternativa era aguantar que un grupo de ciudadanos hicieran suyo lo que es de todos hasta que el cansancio o el aburrimiento finiquitaran la usurpación. No creo que sea necesario combatir una indignación con otra. Ni aporta mucho ver un desvencijado campamento en unos jardines públicos para profundizar en los muchos y sólidos motivos que se tienen para salir a las calles para gritar que ya basta".
Qué alivio leerlo en el otro lado.