Letras, palabras y nombres.
PD
Se llama ‘austeridad’ –y austeridad salvaje– no a reducir los gastos, sino a aumentarlos a menor ritmo'.
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Leo en ‘Público.es' que "Matrimonio homosexual' entra en el Diccionario de la RAE".
Dice el subtítulo que "La 23ª edición del Diccionario también incluye términos como friki, okupa, culamen, gayumbos y sudoku".
Siempre me ha llamado la atención que, en una época en que la palabra "fascista" es tan usada y flexible que vale para un ultraliberal, que ya son ganas de alejarse del origen, no se aplique más a una institución que cuadra muchísimo más con el modelo de control estatal de toda la vida nacional pergeñado por Benito Mussolini.
El lenguaje es extraordinariamente vivo y la Academia tiene tantas posibilidades de dirigirlo como de ordenar que se detenga la marea, y cualquiera observará que todos los términos ‘aprobados' por este comité de salud lingüística se usan profusa y desinhibidamente en Prensa escrita sin esperar el plácet de estos prohombres.
También, que siendo al fin una covachuela estatalista de lujo es inevitable que la ideología pese tanto como la conveniencia, no importa las patadas que haya que dar al diccionario para someterse a los caprichos de los tiempos.
Pero ya que están, como Suárez en su día, haciendo normativo lo que se lleva, me permito sugerirles algunas otras enmiendas al mamotreto de la RAE al gusto de los hijos de Gramsci, la progresía que gobierna nuestras cabezas.
Dijo la sartén al cazo
¿Empezamos con ‘Censura'? Podemos usarla en casos extraordinariamente paradójicos, como hace ‘La Tercera Información':
"Escandalosa censura de Google a Cuba: medios y blogueros de la Isla no pueden acceder a estadísticas".
Pero la sola idea de que el régimen cubano denuncie ‘censura' es demasiado como para que la nueva acepción entre por méritos propios en el diccionario.
Quizá como una expresión irónica, quizá. ¿Y qué me dicen de ‘apoyo financiero' como eufemismo de ‘rescate'? Sospecho que en breve el segundo vocablo estará en el apartado de palabras malsonantes.
Claro que esta crisis está poniendo el lenguaje patas arriba, y así se llama ‘austeridad' -y austeridad salvaje- no a reducir los gastos, sino a aumentarlos a menor ritmo.
De hecho, desde el comienzo de la crisis en 2008, el gasto público español ha aumentado, lo que quizá sorprenda a muchos entusiastas detractores del tijeretazo.
Abran un BOE y busquen las partidas de gasto. Si no ven un buen puñado de casos sangrantes de despilfarro, es que no han leído bien.
"Alemania, Francia, Italia y España aprueban un plan de crecimiento", exulta ‘Público.es', informando de quez.
"Después de meses pronunciando la palabra ‘austeridad', los líderes se atreven ahora con el crecimiento. Los cuatro grandes presentarán su propuesta en el próximo Consejo Europeo, que se celebrará en Bruselas los próximos 28 y 29 de junio".
"En el próximo Consejo Europeo propondremos medidas para relanzar la economía, con inversiones, una apuesta por el fomento del empleo y el incremento de la competencia en Europa, así como hacer más en el mercado único europeo", dijo Monti".
Oh, los políticos se van a gastar 130.000 millones de nuestros euros para salvar la economía.
A nadie se le había ocurrido antes y, probablemente, los encontró el ‘premier' italiano debajo de un colchón. Después de todo, el keynesianismo nos ha funcionado maravillosamente, ¿no?
Otra expresión a la que convendría dar una vuelta es la de ‘agravio comparativo', ya saben, la situación de injusticia que se produce cuando se aplican castigos diferentes a situaciones básicamente iguales.
Este arcaico concepto ignora que jamás pueden juzgarse igual las actuaciones de personajes ‘de progreso' que la de cualquier otro que esté usurpándoles un puesto de poder.
Así, Carlos Dívar ha tenido que dimitir como presidente del CGPJ por una interpretación generosa de los privilegios de su cargo, nada realmente escandaloso: unas cenas, unos días de más.
Dívar no es hombre de progreso, y su cabeza debe coronar (figurativamente) una pica a la voz de ya.
En cambio, si un impecable progresista como Baltasar Garzón cobra principescamente unos cursos pagados por los mismos a los que juzga, ¿quién es nadie para pensar mal?
¿No tenía derecho Alfonso Guerra a volar en ‘Mystère' para ir a los toros? ¿Hacía mal Felipe González navegando en el ‘Azor' de Franco o Zapatero veraneando en La Mareta? ¡Venga, hombre, no compare!
‘El País', que en su editorial "Máxima transparencia" se pone muy solemne anunciando que "el Poder Judicial tiene que trabajar sin opacidades y no volver al modelo corporativo", no tuvo nada que decir -nada contrario, queremos decir- sobre los abusos precedentes.
Porque lo digo yo
En su afán por defender lo indefendible, ‘Público.es' juega también con las palabras y se pega un tiro en el pie.
"Es un mito que la enseñanza privada sea mejor que la pública", leo en titular triunfante.
¿Se trata de un macroestudio sobre cientos de miles de casos? ¿Quizá las palabras de un experto con cientos de títulos y una experiencia incontestable?
No, lo dice Lucía Cobarro, la estudiante que ha obtenido la calificación más alta en la selectividad de la Comunidad de Madrid viene de un instituto público.
Lo de Cobarro, con permiso de ‘Público.es', es anécdota, y aún mina su propio argumento al reconocer que "todo depende del esfuerzo que haga la persona".
Oh, vaya, si suena casi como Esperanza Aguirre...
NOTA.- leer artículo original en 'La Gaceta'