Soraya Sáenz de Santamaría.

TAREK

El PP se esfuerza en salvar a sus enemigos mediáticos

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Soraya y compañía rescatan a PRISA y Roures de un cierre seguro

El sorayismo cree que la izquierda le perdonará la vida si la agasaja convenientemente

La Gaceta, 07 de febrero de 2013 a las 08:06

Bárcenas, un nombre que levanta malos sentimientos. La otra mañana en Telecinco Cristina López Schlichting abandonaba la prescripción evangélica de amar al prójimo y voceaba: “Bárcenas es un delincuente, un individuo que no merece ningún tipo de respeto”. Vaya, vaya. Parece la consigna para tapar el pringue gubernamental: toda la culpa es de Bárcenas -LEA EL TRASGO EN LA GACETA-.

En semejantes términos se expresaba Ana Rosa Quintana: “El pecado de Rajoy fue tener como tesorero a un chorizo”. Olvidando piadosamente (?) que fue el propio Rajoy quien nombró a Bárcenas tesorero.

Es lo que hay: una de las dos Españas ha de helarte el corazón, y o bien te lo hiela Bárcenas o bien te lo hiela Rajoy. La izquierda ataca a Rajoy con el ariete de Bárcenas. La derecha –o la prensa gubernamental, que no es lo mismo– ataca a Bárcenas... para salvar a Rajoy. Manca finezza.

El Barcenasgate se ha convertido en un juego de espejos donde nadie sabe qué es real y qué reflejo... o fotocopia. Los famosos papeles secretos de El País están bajo sospecha. Jiménez Losantos entra a matar: “Unas fotocopias de una posible reelaboración apócrifa en 11 folios de la contabilidad del PP durante 19 años ni tienen valor legal ni judicial ni probatorio indiciario ni nada de nada. Valen lo mismo que la mochila de Vallecas...

Lástima que Gabilondo no esté ya en la SER para contarnos que en Génova, 13 han aparecido dos contables suicidas con tres capas de celulosa sobre un pulquérrimo depilado inguinal”. Es lo que tiene haber sido profesor de Literatura.

CON PRISA

Hay una dimensión política inesperada que es el enorme error de Soraya Sáenz de Santamaría al amparar la operación de salvamento del Grupo Prisa. Lo señala Daniel Toledo en un artículo, entre lo más leído de la red. Prisa estaba al borde de la extinción hace apenas cuatro meses: una deuda de 3.132,54 millones de euros a 31 de septiembre de 2012, para ser precisos.

Que el Grupo Prisa echara el cierre por autoaniquilación habría sido el sueño dorado de la derecha española. Pero, claro, es que el PP de Rajoy y Soraya no es exactamente la derecha española, sino una versión carpetovetónica y pija del Partido Demócrata norteamericano. Y así el PP, en vez de dejar que el mercado se comiera a Prisa, decidió mover cielo y tierra para darle aire.

Increíble, pero cierto. ¿Cómo salvó Rajoy a El País? Sugiriendo a “lo más granado del establishment nacional” –son palabras de Daniel Toledo– una inversión masiva. Telefónica, Santander y La Caixa entraban en el accionariado del periódico “cambiando 334 millones de deuda por capital”. Cuando todos los acuerdos se hagan efectivos, la Banca tendrá el 20% de la editorial referencia de la izquierda española. Interesante, ¿eh? Telefónica, a su vez, tendrá un 7% materializado en 100 millones de euros en bonos.

Esto quiere decir, en plata, que si El País sobrevive es porque el Gobierno de Rajoy ha querido. De lo cual se están acordando ahora, como es natural, todos aquellos que ven cómo El País ha saltado a la yugular del Gobierno en particular y del PP en general con los apócrifos barcenianos y las filtraciones de la Gürtel. Cría cuervos...

IDEAS DE BOMBERO

¿Y cómo se le ha ocurrido al PP?, se preguntan los críticos dentro del partido. Por lo mismo que al Gobierno se le ocurrió redimir a Roures, el otro gran enemigo mediático de la derecha. El procedimiento: amparar la absorción de La Sexta por Antena 3. Porque el grupo de Roures –La Sexta como Público– estaba literalmente desahuciado en términos económicos cuando Mediapro recibió la propuesta de matrimonio de Lara-Planeta-La Razón-Antena 3.

La fusión iba a instaurar de hecho un duopolio abusivo en el mercado de la televisión, y la Comisión Nacional de la Competencia vetó el enlace. Pero el Gobierno contravino al órgano regulador y en una cacicada que aún nadie –en el Gobierno– ha explicado resolvió dar vía libre a la operación. Y ahí está ahora La Sexta, redimida gracias a la elevada inteligencia estratégica del Gobierno Rajoy, echando gasolina a los pies del propio Gobierno Rajoy.

En política, al enemigo, ni agua: o se le pone debajo de la bota o, alternativamente, se compra su voluntad. Pero el sorayismo ve las cosas de otra manera: el sorayismo, que está muy incómodo dentro de la etiqueta “derecha”, cree que la izquierda le perdonará la vida si la agasaja convenientemente.

Se ve que a Soraya, Moragas y demás talentos de gabinete, dada su juventud, nadie les contó nunca la fábula del tipo que encuentra en la nieve una víbora medio muerta de frío; compasivo, el tipo acoge a la víbora en su regazo, la mete en su pecho para darle calor, la víbora revive y, ¡zas!, muerde y mata al tipo. Pues lo mismo.

La única esperanza del PP, devorado ahora por su absurda política de comunicación, es que a la víbora le pase lo que a la serpiente que mordió Orit Fox, israelí, es una de esas modelos que se han hecho un lugar en el show-business a base de golpes de pecho.

En un programa de la tele apareció contoneándose con una boa que le dio un repente y mordió a la dama en una de las ubérrimas pechugas. Horas después, la boa moría envenenada por la silicona. No sé yo si estos “papeles secretos de Bárcenas”, al final, no serán la silicona que termine de matar a la víbora resucitada por el Gobierno Rajoy.



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