Periodismo
Ada Colau, Puigdemont y Trapero. PD

Colean las consecuencias de los atentados en Barcelona y como los políticos de esos lares se empeñan en parapetarse en burdas mentiras para no hacer lo único decente que les quedaría por hacer, dar un paso al costado. Esta es la cuestión que más ocupa y preocupa este 3 de septiembre de 2017 a los editorialistas y columnistas de la prensa de papel.

Alfonso Rojo, en La Razón, tiene claro que los dirigentes catalanes se han dedicado a tomarle el pelo a los ciudadanos con el atentado en Las Ramblas de Barcelona:

Qué barata sale la mentira en la Cataluña independentista. Dice Turull que si alguien pretende insinuar que el atentado de La Rambla se podía haber evitado "que tenga el coraje de decirlo". Yo lo afirmo y estoy seguro de que millones de catalanes, tras asistir al espectáculo que el portavoz de la Generalitat, Puigdemont, Colau, Trapero y compañía dan desde hace dos semanas, piensan lo mismo. Muy fanático tiene que ser un ciudadano, para no haberse mosqueado ya ante la sarta de ineptitudes y mentiras que engranan una tras otra.

Antonio Burgos, en ABC, le mete una buena tunda a Puigdemont por hacer el bufón:

¿Dónde están ahora los que callan y no dicen que "los catalanes no se merecen un gobierno que les mienta"? Pues están entretenidísimos con la charlotada del bombero pirómano del macho de fregona en la cabeza, que divierte al personal con el número de la desconexión y la transitoriedad, la elección de los jueces a dedo entre los adictos a su régimen, la negativa a pagar la deuda con Madrid y otros números de la cabra que serían, eso, de risa, si no encerraran nada menos que la tragedia de la Unidad de España.

Jon Juaristi entiende que la manifestación de Barcelona, como otras, tiene el efecto contrario al que se persigue:

¿Sirve para amedrentar a los terroristas, para disuadirles de preparar nuevos atentados? Evidentemente no. Más bien, para todo lo contrario. Los terroristas evalúan sus atentados en proporción directa a la repulsa que suscitan.

¿Sirve para dar cohesión y fuerza a la inmensa muchedumbre de los amenazados? A la vista está que no. La manifestación del 12 de marzo de 2004 en Madrid se saldó con una nación dividida. La del 26 de agosto pasado profundizó en esa división. En la de 2004 se insultó a Aznar; en la de Barcelona, al Rey, a Rajoy, a su gobierno y a España entera.

El diario El País se hace una serie de preguntas en su editorial sobre los fallos que motivaron los atentados en Barcelona el 17 de agosto de 2017:

Pero los fallos posiblemente mayores, ya no en términos de inteligencia sino operativos, fueron los que rodearon la explosión en Alcanar, en la que murió el propio Es Satty. ¿Cómo fue posible que unos forasteros de la urbanización acumularan tanto material explosivo durante tantos meses sin que levantaran sospechas? ¿Por qué no se había indagado quién había ocupado esa casa? ¿Por qué no se relacionó inmediatamente la explosión del 16 de agosto con un posible preparativo de atentado, cuando la alerta estaba en grado 4 de 5 y había un alto riesgo en Cataluña? ¿Es cierto que no dejaron actuar a los Tedax de la Guardia Civil? ¿Y por qué? ¿Habría dado esto otra velocidad a la investigación?

Fernando Sánchez Dragó, en El Mundo, recuerda lo evidente, que es un error tratar de integrar a quienes no están por la labor y se refiere, claro está, a los musulmanes:

Entérense quienes nada saben del Corán que los musulmanes sólo tienen una patria, la del islam, sin localización geográfica definida, como su agresiva y tozuda expansión a lo largo de la historia demuestra, y que, por ello, cualquier tentativa integradora por parte de las naciones que los acogen, les ríen las gracias y les dan palmaditas, derechos, salarios y subvenciones, están destinadas al fracaso. Nunca se sentirán españoles, ni europeos, ni de ninguna parte.