Periodismo
Encuesta¿Debe aplicar el Gobierno de España el artículo 155 de la Constitución contra el separatismo catalán?

La payasada vivida en el Parlamento catalán en la jornada del 6 de septiembre de 2017 es lo único que van a poder encontrar ustedes este 7 de septiembre de 2017 en las tribunas de opinión y editoriales de la prensa de papel.

No sólo hay críticas hacia quienes perpetraron el golpe institucional, sino también palos y tirones de orejas hacia un Gobierno español, el de Mariano Rajoy, que hasta la fecha se ha mantenido en una aparente pasividad.

El editorial de ABC no se anda con rodeos sobre la patochada vivida el 6 de septiembre de 2017 en el Parlamento catalán:

Fue un circo vergonzoso, impropio de una democracia asentada e indiciario de que lo que pretende el separatismo para los catalanes es un régimen autoritario, sin garantías ni libertades, y sometido al imperio de unos dirigentes corruptores, sin más ley que su propia obsesión identitaria. [...] Se está avanzando hacia un suicidio político colectivo. El Gobierno habló de "patada a la democracia". Pero es incluso peor: se trata del secuestro de Cataluña a manos de unos sediciosos sin moral.

Jaime González entiende que lo sucedido en el hemiciclo catalán parece más propio de un régimen como el chavista y golpista de Nicolás Maduro:

Quienes promueven la secesión en Cataluña han convertido a los funcionarios en colaboradores necesarios de su plan de ruptura constitucional, en meros escudos o parapetos humanos a los que se fuerza a tomar partido de espaldas a la ley. ¿Héroes o servidores públicos? En Cataluña, tristemente, las dos cosas. Por eso, la pregunta no es en absoluto capciosa. ¿Lo de ayer dónde pasó? ¿En Barcelona o en Caracas?

Luis Ventoso deja una reflexión para el optimismo con el tema del separatismo y una pregunta:

El mal día solo deja un corolario positivo: imposible que un pueblo del caché del catalán se embarque a la miseria y el autoritarismo al son de una tropa tan intelectualmente desharrapada y moralmente tramposa como la de la embestida xenófoba de ayer. ¿Habrían tolerado Francia y Alemania una escena así?

Ignacio Camacho asegura que el Gobierno de España no puede permitirse otro resultado que no sea el de la victoria clara frente a los separatistas:

Ante este desafío no cabe más que una victoria indubitada en la que prevalezca sin ambages el ordenamiento constitucional democrático. En la que España parezca una nación de veras y no un simulacro.

Isabel San Sebastian entiende que Rajoy no se puede parapetar por más tiempo y va siendo hora de enfrentarse directamente al problema:

Aquí no hay consenso que valga. La responsabilidad recae sobre el presidente del Gobierno, investido del poder necesario. Es hora de dar la cara, a riesgo de que se la partan. El juego del gallina se acabó.

José María Carrascal define perfectamente lo que es la ley de transitoriedad sacada adelante por el Parlamento catalán:

Es una falsa copia de la que llevó el franquismo a la democracia hace cuarenta años, ya que la Transición se hizo de la ley a la ley mientras ésta va de la violación de la ley a la violación de la ley. Y ni siquiera han tenido imaginación para buscarle otro nombre.

Salvador Sostres intuye que el Gobierno de España no va a caer en la provocación de Puigdemont y su tropa:

Puigdemont y su Govern empezaron ayer a forzar toda clase de gesticulaciones a la espera de poder aprovechar cualquier reacción del Gobierno para que prenda la mecha de la movilización callejera. La Moncloa es consciente de ello e intentará no caer en la provocación, manteniendo en su respuesta al desafío secesionista el bajo perfil judicial y administrativo que ha usado hasta ahora.

El editorial de El País habla de un proceso opaco y sin garantías el que salió adelante el 6 de septiembre de 2017 en Cataluña:

El procedimiento simplificado, opaco, exprés, carente de garantías, huérfano de control de constitucionalidad y de plazos suficientes para las enmiendas y el debate quedó a la vista de todos: como muestra de que se pretende el hercúleo desastre de romper la convivencia y la legalidad mediante una ley casi clandestina, desprovista de toda credibilidad parlamentaria y de todo estándar democrático.

La Razón responde que frente al golpe catalán sólo debe responderse con la ley:

Contra un golpe a la Ley sólo puede responderse con arreglo a la Ley, por más que la indignación sugiera otros términos más perentorios. Ayer, los separatistas catalanes, encabezados por la Generalitat, cruzaron todas las líneas de la legalidad, suprimieron de un plumazo la división de poderes y retorcieron el reglamento como ni siquiera se atrevió a hacerlo el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por poner un ejemplo de desprecio a la democracia representativa.

Cristina López Schlichting cree que la presidenta del Parlamento catalán, Carmen Forcadell, tuvo que estar medicada porque de lo contrario nadie entendería su actitud:

Lo que vimos en la cámara catalana fue entre coreano del norte y tabernario. Yo creo que Carmen Forcadell, la presidenta local, se había tomado un valium. De otro modo no se explica su hieratismo, su impavidez de momia, que ni el pobre Dalí en su descanso interrumpido. Diputados de todos los grupos de la oposición se echaban las manos a la cabeza ante el atropello de la ley y ella los miraba como ‘La Hierbas' de la tele, como si los atisbase en la lejanía y entre una niebla espesa, y contestaba con un soniquete: "El pleno ha votado, manda el pleno".

Arcadi Espada, en El Mundo, afirma que Cataluña se ha convertido a ojos del mundo en un país surrealista:

Cataluña ha demostrado al mundo que es un país políticamente ridículo e incapaz. Un país de cobardes y suicidas. Si yo fuera catalán, que ya me quité, iría estos días por las calles pidiendo perdón, aunque fuera a mí mismo, tal es el inexorable compromiso de corresponsabilidad que exige la democracia.

El editorial de El Mundo pide a los tres partidos constitucionalistas firmeza y unión frente al reto separatista:

No nos engañemos. Curar las heridas provocadas por las lanzas separatistas no será fácil. La vicepresidenta no exageró ayer cuando afirmó que en Cataluña "ha muerto la democracia". Es vital que PP, PSOE y Cs trabajen unidos para que la ley y la cordura regresen al Parlament.

Raúl del Pozo alaba que la vicepresidenta del Gobierno de España por fin llame a las cosas por su nombre:

Por fin ayer la vicepresidenta llamó a las cosas por su nombre ante el hecho más vergonzoso de un parlamento, sólo superado, el 23-F. Soraya Sáenz de Santamaría expresó el bochorno de los demócratas al decir que no había pasado más vergüenza en toda su vida como al presenciar la patada a la democracia que dieron los nacionalistas amotinados, vulnerando los derechos de los diputados y de todos los españoles.