Periodismo
Junqueras y Puigdemont Agencias

Los separatistas catalanes deben estar que dan saltos de alegría estos días. Televisiones, radios, periódicos de papel y digitales, todos, hablan de ellos. Pero al final esto será como el suflé, que acabará bajando. Pero de momento, este 8 de septiembre de 2017, a tres días de la Diada del 11 de septiembre de 2017, sigue la atención a la intentona rupturista en las tribunas de opinión y editoriales de la prensa de papel.

Federico Jiménez Losantos, desde las páginas de El Mundo, aboga por aplicar de una vez por todas el artículo 155 de la Constitución con quienes pretenden romper España:

Hay que combatir al separatismo liberticida, sin límite de tiempo, en todos los lugares de España en que día a día perpetra su golpe de Estado. El 155 debe ser activado en toda España. Y todos los funcionarios y cargos electos que no respeten las leyes del Estado Español deben ser despedidos de inmediato, como cualquier empleado desleal a su empresa. O eso, o nada.

El editorial de El Mundo alaba la respuesta del Gobierno y del Tribunal Constitucional, pero también recuerda que todo esto podía haberse evitado actuando tiempo atrás porque:

Ahora pagamos los años de impunidad en, por ejemplo, la imposición excluyente del catalán o el discurso nacionalista en los medios públicos y los programas escolares.

Santiago González echa de menos la foto conjunta de los tres dirigentes constitucionalistas, Rajoy, Rivera y Sánchez para afrontar con más fuerza el reto separatista:

Luego está lo de los nuestros, su incapacidad para una foto conjunta de los tres dirigentes constitucionalistas. El secretario general del PSOE explicaba ayer que lo vivido la víspera era "el coste del no diálogo". Mientras, Inés Arrimadas, que había hecho un buen discurso el miércoles en el parlamento autonómico, deslizó la ocurrencia de plantear una moción de censura contra el presidente, iniciativa forzosamente melancólica y condenada a perder frente a Junts pel Sí y la CUP. ¿O cree que los antisistema romperían su acuerdo con los nacionalistas para votarla a ella? En fin, hay algo que no acaba de inspirar confianza.

Un líder mediático catalán le confiesa a Raúl del Pozo que a Puigdemont le da igual tirarse por el barranco con tal de perpetrar un delito el 1 de octubre de 2017:

Contra alguien que se quiere inmolar no hay nada que hacer. A éste le suda la polla que lo metan en la cárcel.

El editorial de ABC está por la labor de que el Gobierno aplique el artículo 155 de la Constitución española:

El Ejecutivo ya no puede actuar con ingenuidad, en la creencia de que los mandatos judiciales serán suficientes. Ojalá lo fueran, pero Puigdemont no está por obedecer, y la reacción del Estado debe ser demoledora.

Hermann Tertsch espera que el Gobierno tenga una respuesta más sólida y contundente que la de Andrea Levy que, ante Antonio García Ferreras (laSexta) se hizo un lío tremendo:

Esperemos que sea algo más convincente que su estrella Andrea Levy con sus torpes balbuceos entrevistada por el mayor agente de la trama desestabilizadora en la cadena más dedicada al golpismo. Tan enamorados están de las televisiones separatistas e izquierdistas que regalaron golpismo, que corren peligro de acabar de estrellas en la agitación contra España.

Ignacio Camacho entiende que el Gobierno no puede esperar más tiempo a aplicar las medidas contra los secesionistas:

Puede y debe graduar la respuesta, adaptarla «con mesura y proporcionalidad» a las circunstancias y los momentos. Pero la proporción del desafío es tan desmesurada que no es posible ya permitir que vaya más lejos. Y cuanto más tarden las medidas para ponerle remedio, más difícil será que tengan efecto.

Carlos Herrera apunta que el mal del separatismo catalán se ha inoculado en el sistema educativo y aboga por meterle mano al asunto:

La xenofobia independentista es un mal que corresponde a una generación educada para ello; ergo habrá que reconvertir las enseñanzas de quienes han dispuesto a una masa bizcochable a odiar a sus congéneres peninsulares. Que, por cierto, no les han hecho nada para merecer ese odio. Es lo primero a resolver ya que es lo primero que siempre vuelve. Trabajo hercúleo.

Luis Ventoso vaticina un mal futuro para la unidad de España dentro de diez años:

Me temo que España tiene un pésimo futuro si no redescubre rápidamente el patriotismo y lo ejerce. Esta vez la algarada secesionista se frenará. Fracasarán y hasta harán el ridículo (no hay más que ver los rostros demudados del folclórico clan insurrecto). Pero vamos a la clave: ¿Qué pasará en diez años? ¿Continuará España siendo capaz de frenar las pasiones centrífugas que la minan desde su seno?

Manuel Marín subraya que el Estado puede recurrir a la ley, pero que el separatismo tiene otras armas:

El Estado y sus Tribunales podrán anular leyes y decretos, e incluso encarcelar, pero no sojuzgar sentimientos e ideas. Con esa idea se maneja el separatismo, y con esa perversión de la legalidad alentando un odio colectivo hacia España se ha fabricado la coartada emocional de una próxima rebeldía ciudadana, anónima e intocable, cuyo fin es que no sea reconducible y rompa definitivamente la convivencia.

El País le recuerda a los secesionistas que el Estado español es fuerte gracias al consenso:

Contra lo que suponen algunos secesionistas, el Estado español, el Estado de derecho, es fuerte. Pero más porque se asienta en el consenso y la confianza ciudadana -también en Cataluña- que porque disponga, como dispone, de mecanismos de actuación contundentes.

El editorial de La Razón asegura que a los independentistas les va a caer encima el peso de la ley:

Harían bien los impulsores del desafío separatista en no menospreciar la fuerza de la democracia española, por más que, en lo inmediato, vivan en la efervescencia de su ensoñación. En los tiempos medidos, la Ley caerá sobre ellos con todo su peso.