Periodismo
Alfonso Ussía. PD
El insulto con talento puede resultar luminoso. Pero la infamia, no

Alfonso Ussía, como cualquier trabajador que se precie, no va a hablar mal de su empresa y menos aún en el propio medio, en La Razón...a no ser, claro está, que haya una razón que justifique la andanada.

Y el columnista del diario de Planeta tiene un motivo para criticar al director de su medio, Francisco Marhuenda, por no haber estado más atento al insulto que el escritor J.J. Benítez vertió sobre él en una entrevista en La Razón el 8 de septiembre de 2017.

El literato, hablando sobre el propio periódico, decía lo siguiente:

Antes leía más La Razón. Lo que me gustaba del periódico era la confección, lo que ahora se llama el diseño, me parece muy dinámico y atractivo. También he leído muchas veces la última página de Alfonso Ussía, pero no estoy de acuerdo con él porque es muy yihadista.

Ussía, frente a esta sarta de bobadas, contestó este 10 de septiembre de 2017 en la contraportada de La Razón:

Un periódico tiene que ser libre y huir de hipotecas innecesarias. El colaborador de un diario sabe que puede ser criticado en sus páginas con la misma libertad que él disfruta para opinar. Pero una cosa es la crítica y otra muy diferente el insulto. El insulto a un colaborador de la casa, se matiza antes de publicarlo, siempre que haya responsables que se lean el periódico. En mis tiempos de ABC, que fueron los duros y terribles de la ETA, mi nuca estaba marcada por los terroristas. Mi nuca, la de mi mujer y las de mis hijos. Los lectores de ABC, coincidentes en la lucha contra el terrorismo, discrepaban en otros asuntos, y sus cartas de protesta se publicaban con toda libertad. En ellas fui duramente amonestado en algunas ocasiones, pero si alguien, en aquel período, me hubiera calificado de «proetarra», el director habría tirado el insulto injusto e infame a la papelera.

Subraya Ussía que:

Creo que si algo he demostrado en los últimos años de La Razón es que, aún temiéndolos, jamás he administrado mi miedo al escribir del terrorismo islámico, de la brutalidad del yihadismo, y de la estupidez de interpretarlo con benevolencia. Los entrevistados en mi periódico pueden calificarme con más dureza que yo mismo. Siempre defenderé la libertad de expresión y de opinión, pero no la de la infamia. El insulto también es un arte literario, y en él se cobijaron hasta los grandes poetas de nuestros Siglos de Oro, y los maestros satíricos desde Marcial a don Manuel del Palacio pasando por Foxá y Jaime Campmany. El insulto con talento puede resultar luminoso. Pero la infamia, no. Y he leído en mi periódico una entrevista al escritor J.J. Benítez - Juan José, Julio Jaime o Julio Jesús-, en el que dice que soy yihadista. Es lo mismo que calificarme de etarra. Y leerse como yihadista en el propio periódico, en tu casa, sienta bastante mal. Porque el yihadismo asesina, el yihadismo tortura, el yihadismo secuestra y el yihadismo desea la destrucción de nuestra sociedad para devolvernos al siglo XI.

Y se despacha a gusto contra el escritor y también le da un palo al director, a Francisco Marhuenda:

Si injustamente, un escritor dice en mi periódico que soy excesivamente yihadista, yo tengo todo el derecho de responderle en las mismas páginas que él es excesivamente gilipollas, y me quedo corto. Estoy seguro que de haberlo visto, el director lo habría matizado. Pero está entregado a la defensa de la pasividad de Rajoy y no ha leído el periódico ni la entrevista al majadero de J.J. Benítez.