Periodismo
Ana Pardo de Vera (Público), Ignacio Escolar (eldiario) y el toro de la Vega.

"Se trata de ocultarnos a nosotros mismos el trance de la muerte. Existir, existe, pero nos consuela la idea de la eternidad y el autoengaño de la permanente adolescencia. Enhorabuena. Escondiendo la muerte, pensamos haberla ganado".

Con esta claridad de expresaba el pasado mes de agosto desde las páginas del diario El País el periodista Rubén Amón, con motivo de la decisión del Parlamento balear de perpetrar la corrida incruenta en las plazas de aquella comunidad autónoma.

Es decir, la muerte, en este caso del toro, seguirá ocurriendo sin solución de continuidad, pero no a ojos vista de nadie.

Se hará, como mandan los cánones del buenismo y lo correcto, y al albor de los nuevos tiempos, en la oscuridad del matadero. Sin miradas indiscretas del exterior. Para que nadie más se escandalice ni mucho menos sufra un trauma, que es de lo que se trata.

"Es de suponer que el dogmatismo de las sociedades asépticas va a terminar neutralizando el rito eucarístico de la misa. Llegará el momento en que el sacerdote eludirá el trance de la muerte, la sangre y la transubstanciación, porque no es cuestión de recordar a los feligreses el incordio de nuestra inevitable finitud", continuaba Amón en aquel escrito. A la corrida incruenta 'a la balear' hay otra muesca que añadir: la del Toro de la Vega.

Pero cierta prensa de izquierdas no te lo contará. Son los casos del diario '20 minutos', que dirige Arsenio Escolar, 'Público', a cargo de Ana Pardo de Vera, o eldiario.es, de Ignacio Escolar. Y seguramente el de otros tantos.

No ha sido el caso del diario El País, el tradicional representante de medios progresistas (aunque en la actualidad, ya con matices) donde en la crónica que firma Helena Poncini se informa que un dardo sedante puso fin al recorrido del toro como paso previo a su muerte a cientos de kilómetros de allí.

Es paradigmático, pero muy poco sorprendente, que en las crónicas del festejo celebrado este 12 de septiembre en la vallisoletana localidad de Tordesillas de estos medios se evite hablar que el de nuevo renombrado 'Toro de la Vega' (el año pasado, el primero en el que no fue alanceado en público, se llevó a cabo bao el nombre de 'Toro de la Peña') murió en el matadero.

Así fue, 'Príncipe', que en este año 2017 fue el encargado de completar el tradicional encierro de la histórica localidad pucelana, perteneciente a la ganadería de Hermanos Sánchez Herrero, fue trasladado al término del mismo a un matadero de Salamanca, donde fue sacrificado.

"El nuevo Toro de la Vega" termina sin tensión ni altercados", titulaba la crónica de el  eldiario.es del menor de los Escolar, que incidía que la presencia de público este año había sido menor y que afortunadamente no se habían producido altercados. La ausencia de polémica vino de la mano, esencialmente, a la ausencia de grupos animalistas protestando.

"El toro de la Vega deja ocho heridos en la segunda edición sin muerte en público del animal", titulaba en su crónica el diario izquierdista Público.

En el texto, se destacaba también la menor ausencia de público y se recordaba que este era ya el segundo año sin muerte en público del toro. Del destino final del astado, insistimos, ni rastro. ¿Acaso no les importa?

Similar han sido las cosas en el siempre antitaurino '20 minutos'. "El segundo Toro de la Vega, sin lanceros, el primero sin protestas", titulaba el periódico del mayor de los Escolar en una crónica donde no hay ni rastro tampoco, ni siquiera en un renglón, de la muerte del animal lejos del campo, como era su tradición.

Así son las cosas para la prensa 'progre'. Pues como decía Amón, escondiendo la muerte, se pensarán en su fuero interno que la han ganado.

Qué importa ya el final de 'Principe' rodeado de oscuridad y anonimato, si ya se ha conseguido lo importante para ellos: poner fin a la tradición milenaria de un pueblo -hagan en Tordesillas un referéndum unilateral para resolver el problema, a ver qué opina la gente- donde la vida y muerte de un toro daban sentido al torneo.