Periodismo
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España (PP). EF

EL Estado español, por culpa de la incomprensible impericia del Gobierno Rajoy, está pagando las consecuencias de no haber dotado a sus actuaciones legales contra el proceso separatista catalán de un plan estratégico de comunicación que pensara en la opinión pública española (Caos absoluto en TVE: 'escraches', amenazas e insultos entre redactores ante la incompetencia de Gundín ).

En ese terreno, la actuación de RTVE es tan torpe, estúpida y rácana que todo el terreno ha sido ocupado por LaSexta, donde las tesis y enfoques de los separatistas catalanes han tenido y siguen teniendo un escaparate masivo y de lujo (El vídeo sobre Piqué que desmonta otra trola del comando del inoperante Gundín en TVE).

Peor ha sido, sin embargo la falta absoluta de un plan que tuviera como destinatario la prensa internacional.

El Gobierno ha apostado todas sus bazas a la relación con las instituciones europeas, cuyos líderes han respondido adecuadamente.

Sin embargo, no ha habido similar intensidad en la preparación de una narración alternativa a la que los separatistas llevan años expandiendo. Desde el Gobierno no se ha atendido este flanco del conflicto, ignorando el valor político de la épica nacionalpopulista.

Particularmente llamativo es el caso la prensa británica, muy receptiva a los mensajes separatistas, pese a que la propia historia del Reino Unido debería aconsejar a sus medios, como mínimo, prudencia.

Las suspensiones de la autonomía irlandesa, en virtud de los Acuerdos de Viernes Santo, o las heridas abiertas tras el temerario referéndum en Escocia son lecciones que deberían tener en mente cuando escriban sobre la situación en Cataluña. La acción diplomática también ha de encaminarse a desmontar la visión surrealista que algunos medios británicos tienen de la situación política en España.

La democracia también es el imperio de la opinión pública, y despreciar su incidencia en la toma de decisiones políticas es una temeridad. La posición de los gobiernos europeos es muy clara a favor de España, lo es hasta el momento en relación con la ruptura unilateral de la unidad nacional, pero puede flaquear ante los cantos de sirena de la mediación y el diálogo si la trampa nacionalista de la independencia cala en los medios de comunicación.

No puede ser que el Estado no tenga mensajes para la prensa extranjera.