Periodismo
Pablo Iglesias y Carles Puigdemont. PD

El proceso de independencia catalán salta por los aires y en mil fragmentos. Pero no se ilusionen, la noche del 21 de diciembre de 2017, cuando se hayan contado los votos, puede que de nuevo vengan los separatistas con el pegamento y traten de pegar los pedazos desperdigados.

Desde luego, este 12 de noviembre de 2017 los editoriales y tribunas de papel no están por la labor de creer que el separatismo en Cataluña vaya a desaparecer como por arte de magia.

El editorial de El Mundo es claro a la hora de exponer cómo el separatismo se está fraccionando:

Resultan patéticos los ruegos de Artur Mas, Marta Pascal y otros dirigentes del PDeCAT para implorar a Esquerra ir de la mano, en un intento de evitar el desastre electoral que todas las encuestas vaticinan para la extinta Convergència. Incluso Puigdemont, que se negó a anticipar las elecciones autonómicas -perdiendo así la iniciativa política-, se ha aferrado a la posibilidad de aglutinar al independentismo a través de una agrupación de electores que ni siquiera tendría derecho a disponer de espacios electorales.

Fernando Sánchez Dragó exige romper relaciones con Bélgica a cuenta del apoyo que está dando al prófugo Puigdemont:

Que un país de picapleitos medio nazis se pase por el forro de los tiquismiquis garantistas la petición de extraditar a los autores de un flagrante golpe de Estado es motivo más que suficiente para expulsar a su embajador y traernos al nuestro.

Arcadi Espada cree que las cosas en Cataluña no cambiarán mientras persistan actitudes como las del bailón Iceta:

La política en Cataluña seguirá siendo una mala política, una política de calidad muy baja -solo hay que ver al lamentable Iceta preparando la reedición agravada de aquel tripartito donde empezó todo-, porque así sigue decidiéndolo un buen número de sus ciudadanos.

ABC avisa del riesgo que supone el papel de Podemos en Cataluña, especialmente tras las elecciones del 21 de diciembre de 2017:

Es posible que el 21-D por la noche no haya en el Parlament una mayoría absoluta separatista, pero sí la habrá, salvo que fallen todas las encuestas, contra la Constitución y a favor del derecho a la autodeterminación. Esta será la segunda fase del conflicto catalán, su exportación al resto de España de la mano de una extrema izquierda -la de Ada Colau y Pablo Iglesias- revisionista y revanchista, que comparte con los separatistas el objetivo de derogar como sea el orden constitucional.

Antonio Burgos le mete una buena sacudida al Gobierno por ponerse de perfil a la hora de aplicar en todo su rigor el artículo 155 en Cataluña:

¿Qué están haciendo en Cataluña con el 155 los que tanto alardearon de aplicarlo? ¿Sirve para algo? Que se lo pregunten al viajero del Ave que se quedó en tierra en Sants. Cuando los jornaleros del SAT ocuparon las vías del Ave en Sevilla, a la Policía Nacional les duraron dos minutos, y los trenes salieron a su hora. Claro, no había 155 por medio y no había que ponerse de perfil, como está haciendo el Gobierno en Cataluña, sin cambiar nada. Pues que se acuerden de sus votantes y no se olviden de Lorca y de Antoñito el Camborio. El PP pueden acabar en Cataluña y en España como El Camborio: «Y se murió de perfil». Ante el cabreo de su electorado, 155 son los votos de sus leales que a este paso le van a quedar para las próximas generales.

Ignacio Camacho homenajea la figura de Chiquito de la Calzada aprovechando el desbarajuste en el que se ha convertido Cataluña:

A esta revolución de pacotilla, sí, le ha faltado el contrapunto deconstructivo de Chiquito. Porque tanto desvarío sólo resulta descifrable desde su descoyuntada sintaxis mental, desde su desencajado prisma de delirio. Al final, se trataba de algo muy sencillo: la maldita independencia era un fistro.

Hermann Tertsch considera que el Gobierno ha decepcionado a los españoles con su reacción ante los secesionistas catalanes:

Las esperanzas de que la decisión de imponer el 155 supusiera un punto de inflexión en esta trágica deriva se han difuminado. Las elecciones del 21-D, que impiden toda la necesaria aplicación del 155, han frustrado la ilusión de que España volvía a Cataluña para enmendar trágicos errores que nos han traído hoy al borde del enfrentamiento civil.

La Razón da por sentenciado el proceso de independencia catalán:

Ahora es un movimiento en descomposición, sin objetivos ni estrategia, al que sólo le quedan las consignas recicladas de siempre y el fervor de la calle, algo en descenso; por contra, su aislamiento político y social, por más que manejen a su gusto la protesta, ha despertado su versión más fanática y manipuladora (tal es la exageración propagandística que aspiró a que la UE le comprase el mensaje de que España era una dictadura) y con unos dirigentes que han decidido salvarse cada uno por su cuenta, ante la Justicia y también políticamente.

El País le recuerda a Puigdemont y a Pablo Iglesias lo evidente, que Franco ha muerto:

Elio Di Rupo, Iglesias, Puigdemont o cualquiera de los que se atreven estos días a atribuir a España una política franquista podrían aclararse recurriendo a cualquier ejercicio razonable y objetivo de memoria, a cualquier hispanista o manual de historia reciente o, simplemente, al mismísimo Le Canard Enchainé, que en un reciente número ridiculizó las acusaciones del expresident catalán relatando cómo, "pese a todo, consiguió escapar de las milicias fascistas que recorren Cataluña y alcanzar Bélgica". Gracioso, pero la confusión requiere algo más que humor. Estamos en 2017 pero, si es preciso, lo recordaremos: españoles (¡y europeos!), Franco ha muerto.