Periodismo
Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del Grupo PRISA. PD
Hay que garantizar la autonomía de las redacciones y de los directores

El Grupo PRISA, grupo editor de El País, celebra este miércoles una junta de accionistas en cuyo orden del día figura una ampliación de capital.

Juan Luis Cebrián (Madrid, 1944), presidente del grupo, del que fue fundador y primer director, explica a Miguel Jiménez en esta entrevista que espera anunciar en la junta su propuesta de sucesor como presidente del grupo.

Pregunta. Se ha estado hablando de la posibilidad de un relevo en la presidencia del Grupo PRISA.

Respuesta. A primeros de octubre, de forma voluntaria, envié una carta al presidente de la Comisión de Sucesión de la compañía diciéndole que quería abrir el plan de sucesión y sugería unas condiciones y un plazo. Y expuse mi deseo, más bien el deseo de muchos accionistas relevantes, de que, en todo caso, si abandonaba mis tareas de presidente de PRISA mantuviera mis responsabilidades como presidente de EL PAÍS y como publisher [editor].

P. ¿Cuándo espera que culmine dicho plan?

R. Este plan de sucesión lo puse yo en marcha voluntariamente y, desde luego, quiero que culmine en un plazo no muy grande, a final de año, por decir algo. Yo voy a estar fuera de la compañía, pero quiero que se establezca un mecanismo institucional, una fundación, que, en el futuro, cuando yo no exista, garantice la autonomía de las redacciones y garantice la no injerencia en esa autonomía de las redacciones y de los directores de los medios en lo que es la responsabilidad del contenido de los mismos.

P. ¿Cree que sin esas figuras que la salvaguarden la independencia editorial de los medios está en riesgo?

R. La independencia editorial de los medios está siempre en riesgo. Cuando PRISA salió a Bolsa, tomamos la previsión de que la Fundación Santillana tuviera unos derechos —que posteriormente ha perdido por diversas razones y que los recuperó la compañía— de presentación y de autorización del nuevo director de EL PAÍS. Yo lo que pretendo es que se recuperen esos derechos para que no haya poderes especulativos que puedan entrar en la propiedad de la compañía y poner los medios, no solo EL PAÍS, aunque desde luego EL PAÍS es el medio insignia del grupo, al servicio de intereses bastardos o que contradigan los valores fundacionales e identitarios de EL PAÍS, que no son propiedad de la compañía, no son propiedad de los redactores, sino que son propiedad de los lectores, de los usuarios y de los ciudadanos. Es muy importante entender que el derecho a la libertad de información no pertenece a los dueños de los medios, no pertenece a los periodistas y los colaboradores que hacen los medios; es un derecho de los ciudadanos que otros administran, pero que no pueden usurpar.

P. ¿Ha resultado posible hasta ahora garantizar esa independencia?

R. Sí, sí ha sido posible. Después de 42 años al frente de la compañía en un destino o en otro, ha sido posible. Jesús Polanco y yo, prácticamente codo con codo, por así decirlo, hemos sido quienes hicimos el desarrollo del grupo. Y he sido, después de la muerte de Jesús, el responsable fundamental del mismo durante la última década. He vivido las épocas de esplendor y las épocas difíciles que hemos pasado en los dos últimos lustros. Y eso se ha mantenido, esa independencia de los medios.

P. ¿Y de cara al futuro?

R. Lo que me preocupa es institucionalizar esa independencia. Creo que tengo derecho al retiro y, desde luego, si no me he retirado antes ha sido por sentido de la responsabilidad ante la demanda de consejeros y accionistas de que no me fuera si no veía suficientemente estabilizada la estructura de capital y financiera del grupo. Creo que estamos al final de la carrera en este sentido; creo que esto se va a resolver muy pronto con la ampliación de capital, con el acuerdo de la mayoría del capital que va a suscribir esa ampliación y va a atraer a los inversores. Y, por lo tanto, lo único que me preocupa todavía es garantizar esa autonomía e independencia editorial para que los equipos profesionales puedan trabajar en el mismo ambiente y en las mismas circunstancias que lo han hecho hasta ahora. En este mundo de fake news, estoy seguro de que los accionistas quieren respaldar medios de comunicación responsables que defiendan la libertad y los derechos democráticos.

P. ¿Cómo sería el diseño institucional para garantizar esa independencia y esos valores?

R. Estamos fijándonos en ejemplos existentes en la prensa internacional, en otros medios. En algunos casos se trata de fundaciones, como es el caso de The Guardian. En otros, se trata de acuerdos establecidos con la propiedad, como es el caso de The Economist. En otros, como en The New York Times, hay dos clases de acciones cotizadas, lo que en el entorno del mercado español es difícil o discutible. Hay acciones B que tienen un derecho preferente al dividendo, pero no tienen derechos políticos, y son las acciones con derechos políticos las que vigilan por la identidad editorial de los medios, como ocurre en The New York Times o Televisa. Hay muchos modelos, todos coincidentes en la reflexión de que la libertad de información forma parte de los derechos constitucionales de las Constituciones liberales y que, por lo tanto, hay que preservar los derechos de los ciudadanos y evitar que especuladores o aventureros puedan, a través de operaciones económicas, vulnerar esos derechos que tienen los ciudadanos.

P. ¿Qué papel tendría usted en su nacimiento?

R. La idea es hacer una fundación con la contribución de EL PAÍS y del Grupo PRISA y la mía. Establecer un patronato, relevante en personalidades y de indudable compromiso con el sistema democrático, que tenga ese poder de intervención en el nombramiento y cese del director del diario y que tenga también un poder consultivo, analítico y opinativo respecto a la línea editorial de la mayoría de los medios del grupo mediante un consejo editorial, que ya existe, que colgaría de esa fundación y que, en principio, yo presidiría durante un tiempo. Pero el sistema tiene que ser institucional, tiene que estar al margen de las personas.

P. ¿Cómo contemplan este esquema los accionistas del grupo?

R. La mayoría del capital está de acuerdo. Todas las decisiones que he tomado y estoy tomando en este momento han sido de acuerdo con la mayoría del capital. Sería absurdo de otra manera en una sociedad capitalista y una empresa capitalista como es el Grupo PRISA. No sé si hay sectores minoritarios del mismo que lo vean con mayor recelo y sectores respetables. Hay que defender el respeto de las minorías. Creo que los accionistas muy minoritarios, que son tradicionales en la casa, lo entienden perfectamente bien. Es importante saber que, cuando alguien invierte en PRISA, está invirtiendo en medios como EL PAÍS o como la SER, cuyo principal activo es el talento humano y la credibilidad del producto. Y esa credibilidad está basada en la independencia. Sin credibilidad no hay clientes, no hay lectores, no hay oyentes, no hay televidentes para el tipo de productos que nosotros hacemos y, si no hay clientes, las cuentas de resultados serán siempre desastrosas.

P. ¿Y dentro del consejo hay una aceptación de esta figura?

R. Hasta ahora, el consejo ha apoyado esta línea y espero que siga haciéndolo. Hay que entender que este sector tiene unas normas de governance propias tendentes a defender la libertad de expresión y los derechos constitucionales que forman parte del gobierno corporativo de la compañía y del dividendo social que puede ofrecer a sus inversores. No es lo mismo invertir en EL PAÍS que invertir en una publicación de humor o pornográfica o lo que sea. La rentabilidad de EL PAÍS no es exclusivamente la económica, después de que durante muchos años ha sido un periódico muy rentable. Tiene una rentabilidad social, de servicio a la comunidad muy importante, que los propios dueños de EL PAÍS, los fundadores y los accionistas actuales, valoran y que supone una motivación para ellos también a la hora de determinar la inversión.

P. ¿Supone la ampliación de capital dejar atrás los problemas de deuda del grupo?

R. Diría que se está viendo la luz al final del túnel, pero también es cierto que, al ver la luz, actores o agentes que estaban en el mercado más dormidos o expectantes porque no confiaban en el éxito de la supervivencia y la garantía de futuro del grupo, ahora despiertan pensando que hay oportunidades, en algunos casos de signo especulativo. Yo creo que si se aprueba y se ejecuta como yo espero en breve plazo de tiempo la ampliación de capital, y existen todos los signos de que así va a ser, el Grupo PRISA tendrá una estructura de capital estable y recursos suficientes para crecer, para desarrollarse, para invertir, para atender a sus obligaciones financieras con los acreedores y para generar sobre todo la rentabilidad que permita una inversión con beneficio atractivo para accionistas e inversores. Durante los últimos 10 años, PRISA ha estado sufriendo las consecuencias de la crisis económica financiera, del cambio tecnológico acelerado y del hecho de haber sido una compañía que creció muy rápidamente, pero con fondos propios muy magros, sin capital suficiente para este tipo de situaciones. Durante estos dos últimos lustros, hemos hecho muchos sacrificios por parte de accionistas y por parte de profesionales y empleados. Creo que tras la ejecución de la ampliación de capital que se propone a la junta, el Grupo PRISA contará con una estructura de propiedad estable, comprometida con los valores fundacionales del grupo, que tienen que ver con el ejercicio de la libertad de expresión, la calidad y la importancia de los productos culturales y educativos y con capacidad de desarrollo y de crecimiento, de invertir en definitiva para competir en el mundo de la globalización.

P. ¿Qué va a anunciar en la junta de accionistas?

R. En la junta general voy a anunciar, primero, que el plan de sucesión sigue adelante, tras varias pamplinas que se han publicado de que yo lo que estoy es tratando de no irme. Yo lo que estoy tratando es de irme, desde hace años ya. En la junta de abril de 2016 anuncié y puse a la aprobación de los accionistas un plan de sucesión precisamente para poder irme de forma ordenada. Lo voy a hacer de todas maneras, pero quiero que sea de la manera más ordenada posible y con el máximo consenso, fundamentalmente entre los accionistas, máximo consenso con los consejeros y con los equipos profesionales. Obviamente, en las sociedades de nuestro género es la mayoría de los accionistas quien en última instancia debe definir cómo se hacen las cosas. El consejo es muy importante, porque representa al 100% de la compañía, no solo representa a los accionistas mayoritarios. Y son muy importantes los equipos humanos y profesionales que integran la compañía. Porque una compañía de medios y de educación como es la nuestra, la materia prima que utiliza es únicamente el talento de los profesionales.

P. ¿Quién cree usted que puede generar ese consenso?

R. Yo espero poder anunciar directamente cuál es mi propuesta en la junta.

P. ¿No puede adelantarla?

R. No debo anunciar a la opinión pública mi propuesta antes que a los accionistas.

P. ¿Qué virtudes debe reunir su sucesor en la presidencia?

R. Debe tener un perfil de identidad y de continuidad con el significado de los valores intangibles de EL PAÍS, una persona con experiencia en el consejo de administración, con experiencia en los medios y vinculada a nuestras actividades, alguien que no sea un paracaidista, un extraño a lo que los medios de comunicación y los sistemas de educación constituyen y que tenga capacidades también en el sector financiero, y respeto y aprobación por parte de los accionistas de esta casa.


FLORES A EL PAÍS

Pregunta. ¿Tiene la sensación de que hay una lucha de poder por los medios del grupo?

Respuesta. Creo que hay una lucha de poder por hacerse con cualquier medio que tenga influencia. EL PAÍS es el primer periódico de España, el primer periódico del mundo en lengua española, la primera plataforma de información global en español que existe, su marca como tal está entre los 10 primeros periódicos digitales del mundo, tiene un gran poder de influencia y una capacidad de generar criterio con respecto a los valores democráticos y constitucionales... Y no solo en España, también en muchos países de América Latina. Siempre ha habido en torno a los medios de comunicación como EL PAÍS todo tipo de conspiraciones y maquinaciones de los que los han querido instrumentar. Durante sus más de 40 años de vida, EL PAÍS ha guardado una coherencia ejemplar y admirable en lo que es la defensa de los valores democráticos y constitucionales, y la defensa de una sociedad liberal, progresista que, de alguna manera, ha coincidido con las aspiraciones o definiciones de los sectores de centroizquierda de la sociedad española y de muchas otras sociedades de América Latina. Creo que estos signos de identidad se mantienen, con diferentes matices según las épocas, según las coyunturas y según los diferentes directores, porque los directores influyen, como es obvio, directamente en la línea editorial. Pero creo que ha habido una continuidad absoluta dentro de estos más de 40 años, que es admirable y que además ha sido acompañada masivamente por nuestros lectores.

Cebrián no da la mano a John Müller al despedirse