Periodismo
Carlos Puigdemont y Marta Rovira. PD

Monográfico de Cataluña este 16 de diciembre de 2017 en las tribunas de opinión de la prensa de papel. A un suspiro para que llegue la cita del 21-D, los partidos ya trabajan a destajo para ganarse la confianza de los electores, aunque sea a base de mentiras y de falacias, especialmente en el bando separatista.

El País, en su editorial, describe que en las elecciones catalanas el bloque separatista verá menguado su poder, pero eso no le alcanzará a los constitucionalistas tampoco:

El techo que aspiraban a romper al forzar la carrera hacia la independencia no solo no ha crecido, sino que parece estrecharse sobre estas tres formaciones que -en principio- no se bastarían para gobernar solas después del jueves. El mito de su progresión y su imbatibilidad puede quedar roto el 21-D, pero eso no será suficiente para lograr una gobernabilidad idónea que frene la caída económica y recupere la armonía social en Cataluña. Al otro lado de ese espejo, el bloque constitucionalista ofrece síntomas interesantes de crecimiento, un notable ascenso de Inés Arrimadas seguida de Miquel Iceta, y una expectativa de movilización muy saludable para la democracia, pero sin signos aún de superar las debilidades que arrastra.

El editorial de ABC resalta el roto de Iceta al PSOE con su propuesta de indultar a los políticos que están presos por intentar romper España:

Iceta le ha hecho un roto al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, quien por no desautorizar a su candidato catalán comprometió al partido en un espinoso silencio ante el disparate del indulto. Es un misterio lo que Iceta pretendiera con esta defensa del derecho de gracia a una trama de golpistas, más allá de atraerse voto nacionalista, pero lo que ha conseguido con toda seguridad es recolocar al socialismo catalán en el laberinto de la indefinición, que en Cataluña siempre es rentable para el nacionalismo.

Juan Manuel de Prada también le mete un buen varapalo al líder del PSC:

Por querer hacerse el auténtico, no ha logrado sino hacer el ridículo (y enajenarse de paso unos cuantos miles de votos, el muy pardillo). A un hombre tan auténtico y moderno como Iceta no debemos pedirle, como si de un hombre tradicional se tratase, que nos susurre su credo (puesto que el hombre moderno no cree en nada); pero al menos se le debe aconsejar que no hable a tontilocas y calle un poquito.

Ignacio Camacho extrae varias conclusiones de los sondeos publicados para las elecciones del 21-D, entre ellas, la de que los partidos separatistas harán lo que sea para evitar una repetición de los comicios:

La posible repetición electoral actuará como factor de alianzas de última hora. La razón es que, si no hay Gobierno, las elecciones volverían a ser convocadas bajo el statu quo actual, es decir, el 155. Que tiene un rechazo superior al 60 por 100 y puede propiciar acuerdos basados en el repudio común. La política negativa es esencial en estos comicios, donde se va a votar más en contra del bando adversario que a favor del propio.

Salvador Sostres detalla que el grado de desquiciamiento del bloque separatista es tal que ahora, con tal de rascar votos, están compitiendo a ver quién puede tener mejor relación con el Estado español:

El mensaje que sin ningún disimulo mandan los líderes de Esquerra, a pesar de las soflamas incendiarias de Marta Rovira, es que con Puigdemont sólo puede haber un gobierno separatista, y que si ganan ellos es posible un abanico más amplio y alianzas variables en el Parlament. El enfrentamiento es total entre convergentes y republicanos. Los empleados públicos del Estado encargados de aplicar el artículo 155 se sorprenden de cómo se desprecian entre ellos, y de cómo se puentean y traicionan y rivalizan para ganarse su confianza, cuando se supone que son «los enemigos de Cataluña».

La Razón le exige al Gobierno de Rajoy que no levante el pie del acelerador respecto del artículo 155:

El Gobierno está obligado a perseverar en esa política de desbrozar el edificio administrativo de Cataluña de elementos al servicio de un proyecto excluyente contra la democracia y la convivencia. Y debe hacerlo con el rigor y la firmeza necesarias. Sería decepcionante y doloroso que nos encontráramos con que el golpismo estructural pudiera sobrevivir al artículo 155.

Manuel Arias Maldonado, en El Mundo, subraya que los partidos nacionalistas han hecho de la mentira su carta de presentación y nadie parece que esté dispuesto a pararlos:

Y no es sorprendente que, en la campaña catalana, el recurso a la mendacidad sea más frecuente entre los partidos independentistas; el procés, a fin de cuentas, fue un fake desde el principio. Así, si Marta Rovira ha dicho que el Estado amenazó con poner muertos en las calles y prometido sacar de la cárcel a los consellers encausados, el fugado Puigdemont ve en el traslado de las obras de Sijena la prueba de que el 155 se aprovecha para «expoliar Cataluña». Para el votante independentista, son afirmaciones veraces que alimentan su antagonismo con España. ¿Y de qué nos sirve saber que son falsas? Ante mentiras así, las democracias están inermes.