Periodismo

Se acabó la campaña electoral en Cataluña. Este 20 de diciembre de 2017 toca jornada de reflexión para ir a votar el 21-D y los editoriales y columnistas dan los penúltimos consejos a los catalanes que se acercarán a los colegios para depositar las papeletas. A estas alturas, sólo hay dos cosas claras, el batacazo que se pegará el PP y el subidón de Inés Arrimadas (Ciudadanos).

Federico Jiménez Losantos, en El Mundo, apalea al PP por estar, en las horas más decisivas en Cataluña, perpetrando charlotadas varias como la del bailecito Hernando-Montero o el correteo de Rajoy en una playa de Barcelona mientras pasa al lado un camión de la basura:

El final de la vergonzosa campaña electoral catalana, que no debió empezar antes de acabar de juzgar y mandar a la cárcel a todos los golpistas y de desarticular su estructura de poder mediático, económico e institucional, está teniendo la dudosa virtud de convertir al gran responsable de esta situación, que es el Gobierno del PP, en involuntario actor de charlotadas, payasadas y astracanadas que han convertido la recuperación, casi el acceso a la democracia en Cataluña, en un plebiscito sobre el futuro de Rajoy.

El editorial de El Mundo resume lo que ha sido la campaña de las elecciones catalanas que el 21-D tendrán un resultado más o menos incierto:

El año en que concurrieron como cabeza de lista un preso por rebelión y un fugado por cobardía. El año en que una comunidad próspera asistió a una huida de empresas y capitales que no comportó una fuga correlativa del voto a alternativas sin responsabilidad en la quiebra de la seguridad jurídica. El año en que el populismo sufrió el castigo de sus votantes, confundidos por su complicidad nacionalista. El año en que un socialista de elástica cintura quiso pescar en caladeros democristianos y comunistas, a la vez que proponía soluciones vascas e imploraba indultos antijurídicos. El año en que un partido no nacionalista creció hasta liderar la intención de voto en el CIS. Y el año en que el partido del Gobierno no fue capaz de capitalizar la decisión de ejercer por fin su propia autoridad.

Raúl del Pozo resalta la resistencia de Ciudadanos, acosado por otros constitucionalistas y por los separatistas:

Miles de personas apuestan por Ciudadanos para la resistencia y el vigor en la lucha por la independencia y la continuidad del Estado español como un solo país. Los otros constitucionalistas y los separatistas acosan a esa formación en estas vísperas electorales, con ecos de vísperas sicilianas.

ABC recuerda en su editorial lo obvio, si se pretende darle el respaldo a los separatistas, Cataluña seguirá después del 21-D con el 155 sobre su cabeza:

La experiencia del absurdo 1-O no puede ser una referencia de nada, ni es legítimo fabricar falsos mitos sobre hipotéticos indultos a los golpistas. Los catalanes van a votar en libertad, y si yerran de nuevo con una mayoría separatista, deben saber que el 155 seguirá vigente porque la vía unilateral de una independencia anacrónica y nociva está prohibida por la ley.

David Gistau le mete un palo a Soraya Sáenz de Santamaría por haberle dado argumentos a los victimistas golpistas:

En plena campaña electoral, y sólo por la voluntad hagiográfica de lucirse ante el jefe, la vicepresidenta regala al independentismo una declaración que puede servir para legitimar los 'fakes' acerca del eterno franquismo oculto bajo una máscara democrática. Sabemos que no es así. Pero sabemos también que no podemos permitirnos estos errores. Ni aunque haya sido declarado prioritario el hallazgo de un mérito de Rajoy.

Antonio Burgos atisba un crecimiento de Ciudadanos de cara a los comicios generales de 2020:

Para trasvases, el que ha conseguido y va a seguir consiguiendo Inés Arrimadas entre los votantes del PP, hartos de blandenguerías y de líderes cobardones puestos de perfil. O me sigo equivocando, o el estirón que va a pegar Ciudadanos frente al PP en las próximas elecciones generales va a ser, eso, como el arrimón de Arrimadas en Cataluña.

Ignacio Camacho se muestra pesimista sobre lo que puede pasar en Cataluña tras el 21-D:

La fórmula más viable que hay en el horizonte consiste en aplazar el problema mediante un pacto, y eso es sin duda mejor que lo que ha habido hasta ahora pero todo lo que no sea desmontar el soberanismo, sus estructuras hegemónicas y su pensamiento dominante, quedará en papel mojado. Por todo eso, no confíes mucho. Porque en estas elecciones falta España, el pueblo español, y esa la gran, inevitable paradoja: que no puede opinar el verdadero sujeto soberano, el que ha visto su proyecto de convivencia amenazado. Faltas tú.

La Razón considera que, por encima de las aspiraciones y ambiciones de poder de Miguel Iceta, está la posibilidad más real que nunca de apartar de la poltrona al más rancio nacionalismo:

Son legítimas las aspiraciones del líder socialista Miquel Iceta de convertirse en presidente de la Generalitat, aún no alcanzando la mayoría de los votos -incluso siendo la cuarta fuerza-, pero debe mantener ante todo su compromiso constitucional y rechazar el tripartito con ERC y CC-Podem. El PSC no debe vetar a Cs y el PP, dos partidos que, cada uno desde su posición, han defendido la legalidad y un modelo de Cataluña abierto y tolerante, si así se lo exige el partido de Colau e Iglesias. La realidad es que el cambio es posible, que cambiar el gobierno de la Generalitat no es sólo una cuestión de alternar el color político, sino de romper una hegemonía nacionalista asfixiante que ha agotado su proyecto.