Periodismo
Junqueras, Puigdemont y Forcadell. EF

Llegó el día D. Este 21 de diciembre de 2017 los catalanes votan la posibilidad de volver a la legalidad o de que el Gobierno de la nación tenga que seguir aplicando el 155. Las tribunas y editoriales de la prensa de papel dejan bien claro que los propios ciudadanos de esa autonomía los que hoy se juegan su verdadero derecho a decidir y de poder mandar bien lejos a los golpistas que han hundido su territorio.

Arcadi Espada, en El Mundo, atisba que las urnas en Cataluña pueden acabar llenas de muchos votos nulos:

Hoy los ciudadanos catalanes ejercen, gracias a la ley española, su derecho al voto. Y también, faltaría más, su derecho al voto nulo, que puede que algunos cientos de miles concreten introduciendo papeletas por la Independencia o República en la urna. Es decir, ocurrencias que anularán el voto y cuyo efecto sobre la realidad será, como indica la ley electoral, no válido.

El Mundo tiene claro que Cataluña se juega hoy su verdadero derecho a decidir:

Cataluña se la juega hoy, y con ella España entera. No se dirime sólo la completa restauración del orden estatutario, la vuelta de las empresas, el bálsamo de la herida social. De la mano de cada ciudadano de Cataluña pende hoy el derecho a gozar de lo que no ha tenido jamás desde que Pujol asumió el poder: el derecho a no ser discriminado nunca más por su origen. El derecho a decidir su libertad y a conservar su igualdad.

Emilia Landaluce lanza una brillante idea en el caso de que el separatismo obtuviese esta noche del 21-D la mayoría absoluta:

No sé lo que pasará hoy en las elecciones, pero si después de lo vivido, el separatismo gana por mayoría absoluta... que los catalanes hagan su muro. Pero que lo paguen ellos. A ver si el seny va a ser senyl.

Raúl del Pozo se muestra pesimista pensando en lo que puede suceder a partir de las ocho de la noche de este 21 de diciembre de 2017:

La gente parece que aún va a apoyar a los soberanistas, lo cual es extravagante después de todo lo que ha ocurrido.

El editorial de ABC es claro y meridiano con el Estado, ni un milímetro de ventaja al discurso victimista de los separatistas:

El Gobierno está avisado de que, si el nacionalismo pierde las elecciones, se volcará en la opinión pública internacional para deslegitimar el resultado. Esta vez, la maquinaria de comunicación del Ejecutivo no debe llegar tarde a su cita, como ocurrió con el 1-O, para contrarrestar con eficacia los bulos que lanzarán los separatistas. En efecto, hay presos preventivos y querellados fugados, pero todos ellos son posibles responsables de delitos muy graves.

Ignacio Camacho recuerda lo que es obvio, pero que algunos separatistas no lo tienen claro aún:

En las elecciones de hoy, organizadas por la Generalitat en nombre del Estado, sólo es menester presentarse en el colegio electoral correspondiente, con el DNI actualizado. Las papeletas no hay que imprimirlas en casa ni llevarlas escondidas. Eso sí, no se puede votar más de una vez, ni hacerlo en mitad de la calle o en los semáforos. Esa clase de prácticas están mal vistas en los países civilizados.

Isabel San Sebastián apunta que si hubiera dignidad, este 21-D ganaría abrumadamente Inés Arrimadas:

Si la dignidad fuese un factor de peso en el desenlace de unas elecciones, Inés Arrimadas cosecharía un triunfo abrumador y García Albiol obtendría un resultado aceptable. Iceta, tan dado a cambiar de pareja de baile, se estrellaría junto al cobarde Puigdemont. Lamentablemente, tal como nos enseñaron los comicios vascos de 2001, a pocos les mueve ese parámetro a la hora de votar.

Luis Ventoso resume lo que hoy tienen que hacer los catalanes en las urnas:

Los catalanes son los únicos que pueden arreglar el problema catalán, que es exclusivamente suyo, pues ellos lo han creado, alimentado y tolerado. Les toca elegir entre su autogobierno en la democracia española o una chaladura supremacista que solo propone cerrazón, ruina y odio al vecino. Así que, por favor, menos conjuras exteriores, menos milongas equidistantes y den boleta en las urnas al golpismo.

El País tiene claro que la recuperación de Cataluña pasa por lo que este 21-D se decida en las urnas:

Del tino de esta elección dependerá su rápida realización, así como el muy deseable retorno de Cataluña a su histórico papel de locomotora económica, movilizador autonómico y modernizador de España. Algo que, desafortunadamente, no está asegurado en estos momentos: depende en gran medida del comportamiento hoy de los votantes.

La Razón exige altura de miras a los partidos constitucionalistas, con recado incluido a Miquel Iceta:

Las fuerzas constitucionalistas -Ciudadanos, PSC y PP- deben redoblar los esfuerzos por alcanzar un acuerdo, en el supuesto de que los separatistas no alcancen la mayoría, y que vendrá determinado por la diferencia de votos que Cs mantenga con los socialistas. Hay demasiados vetos preconcebidos desde una estrategia política que estas elecciones deben poner fin: Cataluña no es patrimonio del nacionalismo y la «transversalidad» -el mantra de un catalanismo ahora desbordado y sin espacio- ya no es un bien en sí mismo.