Periodismo
Miquel Iceta. PD

El triunfo de Inés Arrimadas en las elecciones del 21-D copa los editoriales y tribunas de opinión de la prensa de papel este 22 de diciembre de 2017. Sin embargo, todos los análisis coinciden en señalar que es una victoria estéril y que, salvo que los independentistas no se entiendan y hubiera que ir a la repetición electoral, Cataluña se prepara para otros años de separatismo en la Generalitat.

Carlos Herrera, en ABC, insiste en la idea de que el separatismo va a dar rienda suelta a la fuga de más empresas en Cataluña:

Escaño arriba o abajo, los mismos que han llevado a Cataluña a una situación dramática, colocando a la comunidad al borde del desprestigio absoluto, van a poder entenderse para seguir en el machito, aunque con las dificultades propias de quien tiene a un dirigente en la cárcel y a otro fugado. Los registradores, notarios y gestorías no van a dar de sí para organizar la salida de los que van a querer irse. En fin...

Ignacio Camacho considera que los separatistas han rentabilidad bien el 155 y que al Gobierno le ha estallado en la cara el no ponerse duro con ellos y aplicar ese 155 como debía:

Aunque estigmatice la supuesta represión autoritaria, también sabe que le ha beneficiado la aplicación de un 155 soft, tímido, blando. Ése es el gran tropiezo que deja en evidencia al marianismo, castigado por su falta de audacia para utilizar la autoridad democrática que le confirió el Senado. La paradoja es que de su pusilanimidad saca ventaja Cs, que junto con el PSOE le sujetó el brazo. Aunque, dado el talante del presidente, no fuera un esfuerzo que les costase demasiado.

Para ABC, el fracaso del PP en Cataluña se debe a la estrategia seguida desde Moncloa a la hora de enfrentarse a los separatistas:

El fracaso del PP en Cataluña responde a causas más estructurales que la idoneidad mayor o menor de un candidato. Causas que remiten al diseño de la política del Gobierno de Rajoy hacia Cataluña -oscilante entre la ‘operación diálogo' y el 155, con una discutible urgencia en la convocatoria de elecciones- y que deberían obligar al PP y al propio Ejecutivo a una autocrítica sincera.

José María Carrascal considera que las elecciones del 21-D han sido la de los perdedores:

Estas elecciones han sido las de los perdedores, empezando por el ganador: ¿de qué le sirve a Ciudadanos haberlas ganado si no puede gobernar? Y ¿de qué les sirve a Puigdemont y Junqueras poder gobernar si no pueden alcanzar sus objetivos? Si esto ocurre en cabeza, no les digo nada a los de la cola, empezando por el PP, que ha visto cómo el frenazo que dio al independentismo fue aprovechado por su rival dentro de su bloque, sin tener siquiera el consuelo de que pudiera alzarse con la victoria y terminando por los «comunes», que han visto reducido el papel de bisagra que tenían.

Luis Ventoso da dos excelentes descripciones para el fiasco de los dos partidos nacionales, PP y PSOE:

Lo del PP era como querer ganar el mundial de Fórmula 1 con un piloto que ni cabía en el bólido (Albiol), una jefa de mecánica muy prestigiosa, pero que no da una en estrategia de carrera (Soraya) y un jefe de escudería cuyo lema es: «Id despacio, que igual gripamos el coche. Sobre el PSC y su fiasco, poco que decir. Como reza el dicho clásico, Roma no paga a traidores. Iceta solo era otro nacionalista.

El País arroja luz sobre el panorama que tienen los separatistas y, analizado en frío, no es el más idóneo:

Una vez más, la CUP, una de las fuerzas antisistema más radicales de la Europa democrática, tiene la llave de la mayoría absoluta. Vista la experiencia de la legislatura anterior, Puigdemont y Junqueras deben calibrar hasta qué punto merece la pena arrojarse en sus brazos sabiendo, como se sabe, que se trata de un camino ya experimentado, sin retorno. Por otro lado, la peculiar situación judicial de sus principales dirigentes -y en concreto, la dificultad de maniobra de los cinco fugados y los tres encarcelados- auguran polémica (sobre el corrimiento de nombres y otros detalles) e incertidumbre a la hora de convertir los escaños obtenidos en escaños efectivos. Y por tanto en la probabilidad de investir un presidente de esa orientación también real y no solo simbólico.

La Razón elogia la decisión de Rajoy de haber recurrido al 155, pese a saber que podía acarrearle un batacazo electoral:

El gran sacrificado de las elecciones ha sido PP, pero hay que poner en valor un hecho: fue la decisión de Mariano Rajoy de aplicar el artículo 155 la que impulsó a los partidos constitucionalistas y ha hecho retroceder al independentismo. Cuando el presidente del Gobierno intervino la autonomía y convocó elecciones lo hizo con sentido de Estado, sin contemporizar las consecuencias electorales que podría tener para el PP, pero sí como solución institucional para el desbloqueo de la situación. En aquel momento, cuando el Parlament había declarado la República catalana no había más salida que convocar comicios y asumir todos los riesgos. Hay que ser justos y reconocer que el PP ha sido siempre el gran defensor del orden constitucional en Cataluña.

Losantos, en El Mundo, critica las prisas del Gobierno por convocar las elecciones en Cataluña:

Convertidas en plebiscitarias por la premura estúpida en convocar elecciones por parte del PP, PSOE y Cs (aunque la responsabilidad sea esencialmente del Gobierno), las elecciones catalanas han acabado por ser un biplebiscito del que sale herido de muerte el bipartidismo en el conjunto de España y nace lo que, tras la desnazificación del Oasis pujoliano, podría ser un bipartidismo en Cataluña entre Ciudadanos y un partido nacionalista.

El Mundo considera que Albiol debería de haber presentado la dimisión:

En cuanto al PP, su descalabro merece comentario aparte. Primero porque siendo el partido del Gobierno que aplicó el 155, no ha sabido capitalizarlo. El fracaso de Albiol aconseja su dimisión, pero en su lugar compareció para arremeter contra Cs en un acto reflejo de defensa que parece premonitorio: la formación naranja sale de estos comicios lanzada a la disputa abierta del espacio político del PP en toda España. Sin experiencia pero con coraje, sin corrupción ni pasteleos con el nacionalismo, los de Rivera se perfilan como el futuro próximo del centro derecha español.

Arcadi Espada entiende que es muy bajo responsabilizar a Rajoy de que el fracaso del PP en Cataluña se debe al 155:

Es un vulgar ejercicio de sectarismo político el intentar responsabilizar al presidente Rajoy de este resultado mediante la inversión del mecanismo que hasta hace pocas semanas lo había convertido en un genio estratégico. La aplicación del artículo 155 y la convocatoria subsiguiente de elecciones no fueron medidas destinadas a revertir la sólida mayoría parlamentaria del separatismo. Fueron medidas destinadas a dar al independentismo una contundente oportunidad de rectificación.