Periodismo
Aznar con un Vidal-Quadras al que traicionó por entregarse a Pujol. EP

Nochebuena ha llegado, pero Cataluña no se ha ido de las editoriales y tribunas de opinión de la prensa de papel. Este 24 de diciembre de 2017 hay nuevos análisis sobre el carajal que ha dejado el 21-D y también algún medio que se cobra factura, 22 años después, de lo que el PP de Aznar hizo en su momento en esa autonomía.

Antonio Burgos, en ABC, pone en su sitio a Puigdemont, a Rajoy, a Albiol y a todo aquel que salga a su encuentro:

De cobardones aquí estamos bien despachados, entre los electores que votan a prófugos y presidiarios; los que no se mueven de Bélgica no vaya a ser que los prendan como a Antoñito el Camborio; los que no dimiten aunque hayan quedado peor que Albiol, perdón, que Cagancho en Almagro; y los que se quitan de enmedio y se buscan el chollo mundial de la Embajada de España en la ONU... Entre toda esta fauna patria, la española y la que no quiere serlo, vamos aviados.

Manuel Marín receta una dura intervención y cambios de caras en el seno del PP:

Ciudadanos no solo ha arrebatado votos y banderas... también un concepto de marca que ha desautorizado a los tres partidos mayoritarios del Congreso de los Diputados. Es prematuro avanzar el futuro crecimiento de Ciudadanos en toda España dados sus pinchazos en numerosas autonomías, las dos últimas País Vasco y Galicia. Pero el PP queda en estado catatónico y obligado a una neurocirugía severa.

El editorial de ABC le recuerda al PP que o hace autocrítica o verá como al final Ciudadanos le come la tostada:

El PP necesita reflexión interna, como asumen en público y en privado muchas de sus voces destacadas. La retención de menos de la mitad del voto de 2015 en Cataluña significa para el partido del Gobierno algo más que una fuga coyuntural de voto útil a favor de Ciudadanos. Implica, guste o no a sus dirigentes, aceptar este diagnóstico, que una parte amplia de su electorado percibe que podría perder parte de su hegemonía en el centroderecha en favor de la fuerza de Rivera. No hay nada más torpe en un sistema democrático que culpar de la propia derrota a los partidos que ganan, en primer lugar, porque es una obviedad; en segundo lugar, porque entraña una ausencia total de comprensión del juego político en democracia.

La Razón le pasa factura a José María Aznar por sus decisiones políticas en lo que respecta a Cataluña:

Por supuesto que, frente a la crudeza de los hechos, el Partido Popular debería abordar una profunda reflexión y revisión de su situación en Cataluña, pero ello no legitima la enésima reedición de la causa general contra el presidente del partido, Mariano Rajoy, mucho menos cuando los inquisidores, que siempre son los mismos, tienen mucho que explicar sobre un asunto al que no son ajenos en absoluto. Viene a cuento, especialmente, para el entorno del ex presidente del Gobierno, José María Aznar, cuyas decisiones en la política catalana, por más que vinieran condicionadas por su precaria mayoría y su dependencia del pujolismo, provocaron el desconcierto de muchos de los votantes y afiliados populares en Cataluña.

El País le mete un soberano palo a Inés Arrimadas por decir que no va a intentar, pese a ganar las elecciones, la investidura como presidenta de Cataluña. ¿Recuerda alguien lo que dijo Rivera de Rajoy cuando éste renunció a someterse a una investidura porque no le daban los apoyos? Pues toca aplicarse el cuento:

En un gesto justificado como prudente y realista, Inés Arrimadas, la ganadora de las elecciones del jueves pasado, ha renunciado a iniciar contactos con otros líderes para formar Gobierno. Es una decisión, sin embargo, desalentadora para el constitucionalismo y también precipitada. Una opción, en todo caso, que casa mal con un partido tan joven que ha cosechado un triunfo histórico gracias a la defensa sin complejos de sus postulados. Esta prematura renuncia no es un buen síntoma sobre la consistencia de la formación naranja.

El Mundo considera que los tres partidos constitucionalistas deben hacer de muro de contención frente a un separatismo que va agrietándose por momentos:

La cohesión del bloque constitucionalista, más allá de las lógicas diferencias tácticas e ideológicas, permite contrarrestar en parte el mazazo que ha supuesto que el independentismo haya revalidado la mayoría absoluta. Porque, como decimos, constriñe su margen de acción al campo de la estricta legalidad. Y ello hace aflorar las grietas que hay en el bloque secesionista, empezando por el hecho de que la CUP se reafirma en que sólo apoyará a un Govern que persista en la vía unilateral.

Fernando Sánchez Dragó es breve y conciso sobre el futuro que le aguarda a los golpistas:

Los engañabobos del tripartito separatista venden a cuatro pesetas duros de alcornoque. Sus rebaños trotan ya con los cencerros puestos hacia un lugar frío y distante situado al este del Edén. Que el 155 los detenga.