Periodismo
Alberto Chicote y el menú de marras. laSexta

Cataluña vuelve a estar en el menú de tribunas y editoriales de la prensa de papel, aunque en este caso con diferentes vertientes. No sólo las consecuencias de las elecciones del 21-D, sino también por esa idea que ha rebrotado con fuerza, la de la secesión imaginaria de Barcelona y Tarragona (Tabarnia) o el cachondeo, que no lo es tanto, respecto al pringoso y grasiento menú de Nochebuena con el que obsequiaron en Cataluña a los agentes policiales allí desplazados.

Raúl del Pozo, en El Mundo, considera que por muy mal dadas que le han venido a Rajoy desde Cataluña, cree que acabará sorteando la tormenta y llegando a buen puerto:

El fracaso en Cataluña es el otro temporal que azota a Génova. Los revoltosos piden un congreso extraordinario porque creen que el PP está a punto de desaparecer. Exigen un congreso de renovación. Pero Mariano Rajoy ha sorteado momentos peores. Antes de que decidiera aplicar el artículo 155, en Cataluña -como en la propia Tierra antes de nada- sólo existía el caos. El presidente ha restablecido las leyes y las elecciones libres en un territorio donde habían sido quebrantadas y atropelladas.

Nicolás Redondo Terreros cree que Rajoy, después de los resultados en Cataluña, no debería dedicarse al inmovilismo:

Ha sido de tal relevancia todo lo que ha sucedido en Cataluña -victoria de Ciudadanos, desastre electoral del PP, fracaso de las expectativas del socialismo catalán, renovación del Gobierno independentista recientemente disuelto por el Ejecutivo nacional- que unas elecciones no entrarían dentro de lo esotérico. Probablemente Rajoy no sólo piense que unas elecciones generales son una locura innecesaria, sino que tampoco verá razones para cambiar su gobierno después de las elecciones autonómicas. Un inmovilismo envuelto en una desasosegante capa de tranquilidad puede terminar siendo el mayor peligro para todo el sistema.

Jaime González señala en las páginas de ABC que es intolerable la última humillación a los Policías Nacionales desplazados en Cataluña, que les despachen con un menú más propio de Pesadilla en la cocina:

La gravedad de lo ocurrido va más allá de un plato apelmazado de pasta. Se sustenta en el hecho de que una nación como España no puede alojar a sus policías -cuyos sueldos y dietas suponen un agravio inaceptable en comparación con los de los Mossos o la Ertzaintza- en un barco que, más allá de la coña de hacerse famoso por las imágenes del gato Silvestre, el pájaro Piolín o el pato Lucas, carecía de los elementos necesarios, a todos los niveles, para que la estancia de quienes tenían como misión garantizar el cumplimiento de la ley fuera mínimamente digna. Cataluña no es Vietnam, ni Afganistán, sino territorio de España, una nación entre las más desarrolladas del mundo.

Antonio Burgos, en El Mundo, detalla las razones de los que quieren constituir dentro de Cataluña una nueva comunidad autónoma, Tabarnia:

Denuncian que el voto de un barcelonés vale la mitad que el de las zonas más independentistas de Cataluña: 48.521 votos les cuesta a los partidos sacar un escaño en Barcelona frente a los 30.048 necesarios en Gerona o los 20.915 de Lérida». Y añaden los de los territorios donde ganó Ciudadanos frente a los independentistas: «Nosotros tenemos un déficit fiscal negativo con Cataluña, nuestro voto vale 4 veces menos que en Gerona y Lérida, y creemos firmemente que a nuestras empresas no les interesa la independencia. Es malo para el turismo y la convivencia. Reclamamos el derecho a decidir de Tabarnia». Y añado que el antiguo «cinturón rojo» de Barcelona es ahora el «cinturón naranja» de Ciudadanos.

Ignacio Camacho considera que como broma, lo de Tabarnia, está bien para echarse unas risas en la cena de Nochebuena, pero que Ciudadanos debería tener mucho tiento a la hora de asumir una propuesta que es pura entelequia esotérica:

Sorprende sin embargo que los dirigentes de Ciudadanos hayan dado pábulo a este arbitrismo, aceptable como tema de discusión en la mesa de Nochebuena pero descabellado en términos de raciocinio político. Un partido que ha rozado el gobierno de Cataluña y aspira al poder en España no debe frivolizar, siquiera como hipótesis teórica o para hostigar al soberanismo, con más fraccionamientos del autogobierno o del orden administrativo. Y menos uno que pretende reconducir el carajal autonómico -antigua y certera frase de Borrell- con recentralizaciones y otras medidas en pos de un cierto equilibrio.

Luis Ventoso apunta que la coña de Tabarnia se entiende como una dulce venganza hacia quienes mantienen ideas separatistas, que vean que se dan con la horma de su zapato:

Tabarnia, claro, es una coña marinera. Pero a golpe de ironía sitúa al movimiento supremacista catalán frente al espejo de su propia mezquindad. Si el asco al vecino, la insolidaridad y la soberbia de los independentistas constituyesen un patrón general, el planeta se llenaría de flamantes paisitos. En Londres la permanencia en la UE ganó por diez puntos y su City financiera es la primera industria del país. La capital británica es abierta y cosmopolita (el 30% de su población ha nacido fuera), en nada se parece a las deprimidas ciudades norteñas, o a Irlanda del Norte y Escocia. ¿Qué diablos pinta Londres, europeísta y global, en un Reino Unido lanzado a la chochera del Brexit y el ensimismamiento nacionalista? Urge un referéndum de independencia para Londres. Respetemos su derecho a decidir.

La Razón, en cambio, se toma muy en serio lo de Tabarnia y asegura que si esta idea ha rebrotado es únicamente por la locura a la que ha llegado el separatismo:

Es además, el territorio de Cataluña más activo económicamente, el que más fondos públicos, vía impuestos, aporta al resto de los catalanes y el que menos recibe por parte de los presupuestos de la Generalitat. Es, también, el territorio más subrepresentado electoralmente. El movimiento crece y cada vez más catalanes se interesan por la posibilidad de un cambio, que sería impensable sin el despropósito del separatismo, que tanto daño ha hecho a Cataluña.

El editorial de El País entiende que los resultados de los dos grandes partidos en Cataluña pueden poner en tela de juicio el inicio de la recuperación económica:

El partido de Rajoy, que se siente más en riesgo, ya está preparándose para las próximas elecciones con la vista puesta en Ciudadanos, el mejor posicionado para arrebatarle votos. El PSOE no debería confiarse como ha hecho en Cataluña. La crisis generada por el independentismo catalán ha empujado a España hacia el abismo; de paso, ha puesto frente al espejo a los hasta el momento dos grandes actores de la democracia. A corto plazo, su debilidad puede poner en peligro el inicio de la recuperación económica.