Periodismo
Pablo Iglesias (PODEMOS). EF

Penúltimo repaso de este 2017 a las tribunas de opinión y editoriales de la prensa de papel. Este 30 de diciembre de 2017 todos van en la línea de repasar las diferentes comparecencias que Gobierno y resto de partidos hicieron del año en curso que ya acaba. Elogios al PSOE por su decisión de romper amarras con los podemitas y algún que otro palo a la formación de Pablo Iglesias.

El editorial de ABC aplaude la declaración del secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, de romper con Podemos o, cuando menos, no tenerlo como socio prioritario:

Sería una buena noticia para terminar el año y empezar 2018 que el PSOE confirmara con hechos la declaración que ayer realizó su secretario de organización, José Luis Ábalos, de que Podemos «ya no es socio prioritario» de los socialistas. La opción de Pablo Iglesias por el derecho a la autodeterminación en Cataluña parece haber sido el punto de inflexión en unas relaciones que siempre fueron tóxicas para el PSOE.

El editorial de La Razón también respalda la decisión del PSOE de buscarse otros apoyos diferentes a los de Podemos:

Que desde el socialismo que dirige Pedro Sánchez se llegue a admitir que es posible negociar los Presupuestos Generales del Estado con el Gobierno, es el mejor ejemplo de que se impone un pragmatismo político que debe redundar en beneficio de todos. Por supuesto, esto no significa que Mariano Rajoy vaya a tener carta blanca en lo que resta de legislatura, ni siquiera su apoyo, por muy condicionado que sea, a los nuevos presupuestos, pero sí que contará con el respaldo del Partido Socialista -que ayer se desmarcó, una vez más, de cualquier colaboración estratégica con la izquierda radical de Podemos- en la defensa de los principios constitucionales.

Ramón Pérez-Maura, en ABC, considera que el invento de Tabarnia ha destapado las contradicciones de los separatistas;

Me produce cierta melancolía la genial idea de promover la secesión de Tabarnia. Es absolutamente maravillosa porque implica poner a los independentistas ante sus propias trampas y contradicciones. El argumento es, en teoría, perfecto. Si los secesionistas reivindican el «derecho a decidir», ¿cómo pueden pretender negárselo a parte de los ciudadanos para los que lo están reivindicando? Y aquí no hay mentiras. Aquí sólo hay ingenio.

En cambio, para Juan Manuel de Prada lo de Tabarnia es una ocurrencia malévola y peligrosa:

Tampoco deben olvidar los impulsores de esta imaginaria Tabarnia que, aprovechando el revuelo causado por su iniciativa, muchos pescadores en río revuelto están presentando una hipotética secesión de esa Cataluña opulenta como algo legítimo, alegando que Cataluña (o España) son tan sólo marcos institucionales contingentes, que pueden desmembrarse si una generación cualquiera, en una coyuntura cualquiera, así lo decide de forma adanista. A veces hasta las ideas más ocurrentes las carga el diablo y pueden servir para abonar las tesis más amorales, arrogantes y odiosas.

Luis Ventoso le mete un palo tremebundo al alcalde podemita de La Coruña:

La anemia de ideas es tan acusada que solo el 12% del gasto va a proyectos nuevos. Eso sí: los vecinos disfrutan de un alcalde que si visita la ciudad el Rey, o el presidente del Gobierno, o alguna eminencia foránea, lo recibirá con estudiada barba de dos días, camisa de cuadros con faldones fuera y vaquero cutre. Porque de eso va la cosa: de gestos, de epatar, de arengar con eslóganes sociales que son gas a la gente que trabaja y quiere prosperar; de sospechar de Amancio Ortega, el empresario que ha puesto en órbita a la ciudad, y jalear a los okupas. ¿Marea? Bueno, más bien plaga.

El Mundo, en su editorial, critica el estilo de hacer política de Mariano Rajoy que se basa simplemente en la mera supervivencia:

A estas alturas de trayectoria Rajoy no va a cambiar ese estilo tranquilo que admira a algunos y desespera a otros. Su mineral resiliencia es incompatible con los gestos de audacia que le permitirían recuperar la iniciativa política e impulsar el desarrollo de la agenda de reformas que España necesita. A cambio, es la misma cualidad que le ha permitido mantenerse en el poder bajo el azote de la crisis, la quiebra del bipartidismo y el golpe en Cataluña. La mera supervivencia siempre es admirable en política. Pero no podemos evitar preguntarnos: y sobrevivir, para qué.

Santiago González celebra que el 21-D haya dejado en un silencio total a Pablo Iglesias y que mandase a hacer el balance del año 2017 a Rafa Mayoral:

Iglesias está que no asoma desde el 21-D, ni siquiera ha reunido a la dirección de su partido para valorar los resultados. Él está muy sobrevalorado, pero depende de con qué lo comparemos y se hizo representar ayer por Rafa Mayoral en demostración de que todo es empeorable. A uno le parece que una de las consecuencias favorables de las elecciones catalanas es que se han llevado por delante, probablemente para siempre, las oportunidades de poder de Pablo Iglesias, si es que alguna vez las tuvo.