Periodismo
ALbiol y Rajoy
Mariano Rajoy y los populares parecen continuar tan 'empanados' como los estucieron, con contadas excepciones, antes del desastre del 21-D

Último repaso a las tribunas de papel en este 2017. El PP se lleva una buena tunda este 31 de diciembre de 2017 por seguir en estado de abulia, de pasotismo crónico, después del tremendo baño recibido en las urnas en Cataluña el 21 de diciembre de 2017.

Claro, que tampoco se libra de los palos Inés Arrimadas, de Ciudadanos, por dejar o querer pasarle la iniciativa de formar gobierno a los separatistas.

El editorial del ABC le suelta una buena manos de zascas a un PP que aún no parece haberse enterado del desastre electoral en Cataluña el pasado 21 de diciembre de 2017:

El Partido Popular va a terminar 2017 sin afrontar su delicada situación política. El resultado pésimo de las elecciones autonómicas catalanes ha dejado a este partido tocado y no hay síntomas de que esté dispuesto a reaccionar decididamente. No es razonable que tras el 21-D, ni el Gobierno ni el PP se den del todo por aludidos del revés que los cuatro diputados logrados en el Parlamento catalán supone no sólo, ni principalmente, para esta formación en Cataluña, sino también en toda España. Pero el resultado está ahí, y el partido permanece inmóvil ante el peor balance del PP en unas elecciones autonómicas, sin rentabilizar la aplicación del artículo 155 de la Constitución que, por la falta de colaboración del PSOE, dejó indemne el aparato de propaganda del nacionalismo en TV3 y con un partido. Ciudadanos, que ha quebrado el eje central de la presencia política de los populares en España, que era el monopolio del centro-derecha.

Hermann Tertsch arroja una luz de esperanza sobre el futuro de España con la cuestión catalana (Hermann Tertsch: "Un año muy peligroso ha hecho despertar a España"):

La crisis en Cataluña está lejos de solucionarse. Pero España comienzan este año de forma muy diferente a los anteriores. Las banderas nacionales siguen en las ventanas y la defensa de la nación, de su unidad, de su historia y de su lengua común, es ya prioridad para muchos millones de españoles. Quienes no reaccionen podrían verse pronto arrollados por esta nueva realidad tan esperanzadora.

Ignacio Camacho considera que España, mejor dicho el Gobierno, perdió nueve meses preciosos con Cataluña (Ignacio Camacho: "España ha tirado nueve meses al vacío"):

En 2017, España tiró nueve meses al vacío. Incluso ya en plena insurrección, el Estado tardó siete semanas más en aceptar la importancia del desafío, que sólo el Rey fue capaz de atisbar en su verdadera dimensión de asalto a las bases de la convivencia nacional, de embate subversivo ante el que no valía más opción que la cerrada defensa del constitucionalismo. Ese tiempo perdido ha resultado letal porque ha mermado los reflejos de autoprotección del sistema y ha condicionado la insuficiente respuesta al desafío. Las elecciones de diciembre muestran hasta qué punto se improvisó, sin convicción y sin estrategia, una solución de compromiso que se ha revelado un remedio fallido.

José María Carrascal no ve en Cataluña a nadie, de la esfera nacionalista, que pueda gobernar el carajal que ellos mismos han provocado:

Pues sea quien sea el president, lo importante es que pueda gobernar. Condición sine qua non de un Estado independiente es la unidad nacional, y Cataluña está hoy más fraccionada que ningún otro país, incluida España, y recuperar la convivencia ciudadana, la confianza empresarial, el prestigio como comunidad es más difícil que los trabajos de Hércules. Pero no veo a Hércules en ese nacionalismo, sino tarambanas, oportunistas y lloricas, que pueden destruir muchas cosas, pero construir, ninguna. Pese a todo ello, Feliz y Próspero Año Nuevo.

Francisco Rosell, director de El Mundo, no entiende que Arrimadas se arrugue y deje en manos de los separatistas la iniciativa de formar Gobierno cuando debe ser ella, como ganadora de las elecciones en Cataluña, la que tome las riendas:

Arrimadas debe estar a la altura de las circunstancias y encaminarse con paso firme al ambón del Parlament. Con la aureola de ganadora de los comicios, esa resolución le permitiría tomar la delantera y fijar las bases de un cambio de paradigma en una Cataluña en la que los falsos profetas proclaman el independentismo como canon de democracia y progreso, cuando sabotea la primera e imposibilita lo segundo, aparte de fracturar la convivencia. Sería, asimismo, muy clarificador porque empujaría a retratarse a todo quisque desenmascarando a los evasivos. Como la ventaja la lleva quien aprovecha el momento, no se entiende su parada de burro manchego tras su arranque de caballo andaluz.

El editorial de El Mundo confirma lo expuesto el 30 de diciembre de 2017 por Santiago González, que el 21-D ha dejado tocado a Podemos:

Si el año que hoy se cierra ha acabado siendo el annus horribilis de Podemos ha sido en gran medida al laberinto catalán, donde Iglesias y sus socios han desplegado un tacticismo que les ha hecho naufragar en la ambigüedad. A ello hay que sumar la eterna pubertud de una formación refractaria a la dinámica institucional y el empeño en explotar anacrónicos clichés izquierdistas, como muestra la ofensiva contra el Rey. En síntesis: un pobre y decepcionante saldo para quienes ansiaban asaltar los cielos. No es extraño que a Iglesias, desaparecido de la primera línea, no le hayan quedado ganas de salir a la tradicional comparecencia de balance del año.

Fernando Sánchez Dragó le da un punto irónico y ácido a la cuestión de Tabarnia:

Tabarnia es la España de la Ilustración, el seny y el humor; los Països Catalans y cañís son la de charanga, pandereta, pataleta y el ceño fruncido... Una tabarra. Si Madrid se independizó de Castilla, ¿por qué Barcelona y Tarragona no van a independizarse de Gerona y Lérida? Sonriamos, sí, pero no nos lo tomemos a chacota. ¡Visca Tabarnia Lliure, catalana, española y europea!