Periodismo
Carles Puigdemont, en Bruselas. EF

El texto no tiene desperdicio, y deja bien a las claras los oscuros pensamientos que torturan al expresidente de la Generalitat, presa sin duda de una psicosis en grado avanzado y con unos demonios internos de aquí te espero.

En un artículo en 'ABC', Salvador sostres da cuenta de sus disparatados planes, entre los que figuran o bien llegar a España escondido en un barco, o disfrazado vaya usted a saber de qué. Todo por ser investido.

Cuenta así que quienes han visitado a Puigdemont en Bruselas, y han alcanzado un cierto grado de intimidad con él, se han dado cuenta de lo preocupado que está por su seguridad y de la psicosis con que teme el espionaje del Gobierno.

Pero a la vez está envalentonado, sobre todo tras el subidón por haber derrotado a Junqueras, y se ilusiona con que la jugada podría salirle bien, como el golpe de efecto que sin duda el independentismo consiguió dar el 1 de octubre. Es cierto que el Gobierno dice tener perfectamente vigilado a Puigdemont, pero también lo es que quienes lo dicen son los mismos que hasta el día antes dijeron que no habría urnas para el referendo secesionista.

Puigdemont cree que podrá contar con la ayuda de algunos agentes amigos de los Mossos d'Esquadra para que no le veten la entrada en el hemiciclo, pero la parte más fantasiosa del plan es la de considerar que, una vez investido «president» de este modo sorpresivo, «España no se atreverá a detener y encarcelar a un presidente de la Generalitat y que, si lo hace, Europa no lo tolerará».