Periodismo
Puigdemont, a punto de perder la cabeza YT

Mucho optimismo entre la tropa articulista de la prensa de papel este 13 de enero de 2018. Son muchos los que dan por finiquitado a Carlos Puigdemont y aseguran sin dudar de que hasta los más separatistas, en la disyuntiva de tener que escoger entre seguir a 'Cocomocho' o tener el poder en Cataluña, van a escoger lo segundo. Veremos a ver.

Salvador Sostres define claramente en ABC cuál será el futuro de Puigdemont, acabar arrumbado y olvidado como un trasto viejo en un oscuro y sórdido rincón:

Puigdemont no ha entendido nunca cómo son los catalanes, ni siquiera los independentistas -tan poco dispuestos a arriesgar ni su patrimonio ni sus vidas por absolutamente nada- y conocerá el destino de miseria y soledad que siempre tienen los que toman en serio a los separatistas, y tratan de guiarlos. Además, dentro de unos meses, sus propios votantes empezarán a ignorarlo como a un pobre chiflado. En este cuento el que se ahoga es el flautista, y no las ratas.

David Gistau comenta lo acomodaticio de esos independentistas que vivían, hasta dar con sus huesos en la cárcel, como auténticos burgueses:

Los burguesotes del independentismo, con su estómago incapaz de soportar el rancho carcelario, con su aversión real al sacrificio de vidas y haciendas, con sus propias falsas pasiones pensadas sólo para ejercitarse, han devuelto prestigio a este axioma. Sobrados de ideología, les faltó hambre para la violencia y para desafíos al Estado con fuego real.

Ramón Pérez-Maura diagnostica que parte de la sociedad catalana está enferma y no entiende cómo puede seguir votando a mentirosos compulsivos:

Esta crisis ha servido para evidenciar la corrupción moral de la sociedad catalana que sigue votando a mentirosos a pesar de que renieguen de sus electores. Es una paradoja: votas a un representante que luego reniega de aquello por lo que tú le votaste. Pero tú le sigues apoyando por hacer lo contrario de aquello que se comprometió a ejecutar y por lo que tu le diste tu sufragio. Cataluña, año de gracia de 2018. No paramos de mejorar.

Ignacio Camacho ofrece tres argumentos de peso por los que considera que en Cataluña habrá Gobierno y además de carácter independentista, pero sujeto a la legalidad:

Las fuerzas independentistas acabarán armando un Gobierno legal en Cataluña por tres razones. La primera, porque tienen mayoría aritmética para hacerlo, con el apoyo de las CUPs o sin él. La segunda, porque de ninguna manera les conviene -salvo que Puigdemont sufra un agravamiento agudo de su ya desmedido ataque de ego- ir a unas nuevas elecciones bajo el artículo 155 y con Ciudadanos crecido en las encuestas. Y la tercera, no menos importante sino más, porque el nacionalismo es, antes incluso que un movimiento de independencia, un proyecto de poder. Y lo primero que requiere un proyecto de poder es... tener el poder.

Patxo Unzueta, en El País, asegura que lo que menos le conviene a Cataluña es tener a un presidente como Carlos Puigdemont:

Si lo que se intenta es restablecer la normalidad institucional y recomponer la convivencia, Puigdemont sería el candidato menos apropiado. Por lo que hizo hasta su huida y por lo que ha hecho luego desde un personalismo extremo y con desprecio de la pluralidad de la sociedad catalana.

El editorial de La Razón es claro a la hora de decir que lo grave en el asunto de Puigdemont es que los convergentes estén empeñados en seguirle el juego:

Lo más grave no es la pretensión de un personaje incapaz de asumir las consecuencias de sus actos, por más evidentes que éstas sean, sino que el partido heredero de CDC se avenga a seguir el juego de pueriles astucias y subterfugios que obligó a la intervención de la Generalitat por parte del Estado y que mantiene a la mayoría de sus antiguos miembros sujetos a la acción de los tribunales bajo graves acusaciones penales.

Luis Miguel Fuentes, en El Mundo, afirma sin tapujos que a Puigdemont se le han cruzado definitivamente los cables:

A Puigdemont se le ha ido la olla, sueña con venir en cuerpo glorioso, sin que lo toquen materia ni leyes, a coronarse con querubines aerostáticos y patriarcas mitraicos, y lo peor es que aquí le siguen el juego y de cada tontada suya hacen un secreto de Fátima. Puigdemont quiere una investidura telemática o «telepática», según dijo Ferreras; gobernar como Sauron o gobernar de mirón, o que lo bajen como una Virgen marinera desde Bélgica, entre salves y remeros. Puigdemont ya no tiene sueños de gobernante, sino fantasías de gordito de instituto, y hasta puede acabar con su propio partido. Por eso se ha ido, entre otras cosas, Artur Mas, intentando darle un toque de atención como explicaba Jordi Casas en ‘Más vale tarde'.