Periodismo
Soraya, ridculizada como 'Frozen' en TV3.

Varias cuestiones se sustancian este 14 de enero de 2018 en las tribunas de la prensa de papel. Por un lado, tenemos la falta de autocrítica del líder de Podemos, Pablo Iglesias, viendo pajas en ojos ajenos, pero no la viga del fracaso en el propio. Seguidamente el tema catalán y, por último, el auge demoscópico de Ciudadanos.

Juan Cruz, en El País, le mete un soberano palo a Pablo Iglesias por su falta de autocrítica hacia sí mismo:

Es el invierno del descontento de Pablo Iglesias y lo ha resuelto haciendo autocrítica... a los otros. A los medios de comunicación, que están esperándole siempre y a los hay que dar esquinazo, según su doctrina de arrepentido de tanto micrófono. E hizo autocrítica a los suyos, por hablar demasiado o por hablar cuando no toca. No llegó a hacerle autocrítica a los votantes, por un milímetro.

Juan Pablo Colmenarejo, en ABC, le recuerda a Pablo Iglesias que los españoles quieren una democracia, la que hay, y no la que proponen los podemitas:

Iglesias, y su cada vez más escuálida legión, echa de menos el asalto a los cielos, en definitiva al Palacio de Invierno, porque sin la agitación de la verborrea no es nada. Volverá al 15-M y a la revolución de la naftalina cuestionando a la Monarquía sin mirar a los españoles democráticamente instalados desde 1978 en la libertad sin ira que recordaba Pérez-Llorca con entrañable autoridad moral. Iglesias ha perdido el sitio y sobre todo el tiempo. Los españoles quieren esta democracia y no otra.

El editorial de El Mundo diagnostica esquizofrenia aguda en Carlos Puigdemont:

El ex president no tiene futuro político. Sabe que antes o después habrá de rendir cuentas ante la Justicia española. Y ha ido viendo cómo, uno tras otro, sus ex consellers en prisión provisional se han apeado del descarrilado tren independentista. Pero él se aferra al disparate de pretender ser investido president por vía telemática y de querer dirigir Cataluña desde su exilio flamenco, algo tan descabellado que ha hecho que el propio Mas se despida de la presidencia del PDeCAT lamentando que la 'hiperideologización' de su delfín lastre todo el proyecto nacionalista.

Antonio Burgos, en ABC, se hace una pregunta esencial en torno al separatismo y por qué el Gobierno dejó que la TV3, en plena aplicación del 155, hiciera lo que le diese la gana:

Porque, ¿dónde me dejan el miedo que le tienen muchos del Gobierno de Madrid a los de la sediciosa tabarra independentista? ¿Cómo es que no cerraron esa TV3 que está dale que te pego con la tabarra separatista, que en este punto es como 'Sálvame', pero sin María Lapiedra, otra señora pesada, pesada?

José María Carrascal no tiene dudas de que los separatistas volverán por donde solían en cuanto se vean libres del 155:

Las dos lecciones que sacamos de la tremenda prueba que vivimos son que un separatista lo será hasta la muerte y aprovechará cualquier oportunidad para separarse. La segunda, que no valen razones con él. Sólo la aplicación estricta de la ley les frena. Esto es, deben ser juzgados y las sentencias, cumplidas. Cuidado con los indultos prematuros. Sólo cuando exista la absoluta certeza de que no volverán a las andadas. Por lo que el 155 debe mantenerse como una espada de Damocles sobre sus cabezas para que dejen de mentir, encizañar y robar, sus actividades favoritas como buenos nacionalistas.

Ignacio Camacho le mete una buena sacudida al ministro portavoz del Gobierno de Rajoy, Méndez de Vigo, por ir de sobradate ninguneando a Ciudadanos:

Si todo lo que se le ocurre al Gobierno para frenar el auge de Ciudadanos es llamarlos ‘ce ese', como el ministro portavoz, los militantes del PP tienen motivos para entrar en pánico. Un partido como el Popular no se deshace de un día para otro pero la crecida de un rival tampoco se detiene ninguneándolo.

El editorial de El País considera que Ciudadanos crece tanto por los errores de los rivales como por su dinamismo en conquistar al electorado:

Pero sería injusto achacar el éxito creciente de Ciudadanos solo a la torpeza de las formaciones rivales. El partido de Rivera, nacido hace poco más de una década, ha sabido conquistar las simpatías políticas del electorado urbano, educado, nutrido de las clases medias acomodadas y digitales y, sobre todo, sin aversión a los cambios. Según el sondeo de Metroscopia, el partido está siendo capaz, además, de ensanchar su electorado transversalmente con líderes bien valorados que no producen rechazo entre los electores de PP o de PSOE.