Periodismo
Irene Montero. Youtube

Ha dado mucho juego la portavoz podemita en el Congreso de los Diputados con su idea de feminizar el vocablo que define su actual cometido. Este 11 de febrero de 2018 le vuelven a dar sopas con ondas en las tribunas de la prensa de papel y hay hasta quien considera que la señora Montero tiene algún que otro problema neuronal.

Antonio Burgos, en ABC, le mete un buen repaso a Irene Montero por su ocurrencia 'portacocil'

Como la Real Academia Española traga y acepta que a su Diccionario le hagan cuantas revisiones políticamente correctas tengan por conveniente, habrá que defender nuestra Lengua diciendo que no es un idioma, sino un toro bravo, o un león, o un tigre, o algo así. Lo digo por el maltrato. En esta España tan celosa con el maltrato animal, que en muchos ayuntamientos ya no dejan que los leones, los tigres o los elefantes amaestrados actúen en los circos, pueden impunemente arremeter contra un bien de nuestro intangible patrimonio cultural cual es la lengua, y deformarla, y dejarla irreconocible, que no te pasa nada. Al revés, tienes tus cinco minutos de gloria muy bien despachados y el aplauso de toda la progresía y de los que viven de la mamandurria y del mangazo de dinero público en forma de escaño, y no lo digo de coña. Lo digo por la portacoz parlamentaria de Podemos, Irene Montero, que ha superado a Carmen Romero y a Bibiana Aído en el maltrato a nuestra lengua y va camino del Libro Guinness de las Grandes Gilipolleces Españolas.

Jon Juaristi tiene claro que lo de la portavoz podemita no tiene remedio alguno:

Creo que el ministro portavoz pierde el tiempo corrigiendo las tonterías de la portavoza podemita. La avería es irreparable. No sólo la avería del coco de dicha portavoza, sino la de la inmensa mayoría de los cocos de sus votantes. De ello tiene la culpa el sistema educativo, y en primer lugar la enseñanza pública, desde la infantil hasta la superior, que ha producido la peor catástrofe mental de la Historia de España desde que la derecha consintió en dejarla en manos de la progresía, e impulsar una educación privada que tampoco es que haya mejorado el panorama, porque el profesorado de la privada se nutre en buena parte de los rebotados de la pública, de modo que los estudiantes españoles, vengan de la pública o de la privada y con honrosas excepciones, siguen a la cola de sus coleguillas europeos, que andan ya por detrás de los asiáticos.

Luis del Val se mofa de Montero y sus feminismos lingüísticos:

Nos advirtió Babel, en su «Breviario de tonterías estólidas», que «abundan las personas convencidas de que el guiso de la olla va a ser distinto cambiando el cazo». No creo que estemos ante uno de esos casos, sino ante el producto de una sesuda investigación. Así que dicho en copla: Si a lo que era portavoz, se le llama «portavoza» cuando hagamos la paella será con «grana» de «arroza». Como sucede siempre tras las grandes revoluciones y descubrimientos trascendentes, se producirá un daño atroz. Perdón, no es atroz, sino atroza.

Fernando Sánchez Dragó, en El Mundo, lo tiene más que claro, que Montero, Lastra y otras del montón, son unas auténticas borriquitas:

Se equivocan quienes dicen, en román tertulianés en el qual suelen los tertuliasnosfablar con sus vecinos (y vecinas) en las corralas de la radio y de la tele, que en España no cabe un tonto más. Precisemos: lo que no cabe es un burro más, alumnos todos (y todas) de los maestros Ciruela de los planes de educación.