Periodismo
Javier Marías, Pérez-Reverte, Pardo de Vera, Lucía Etxebarría.
Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las revanchas, las calumnias, las difamaciones y los ajustes de cuentas

Javier Marías se está convirtiendo, aún sin proponérselo, en todo un experto en amargarle el domingo a muchos pseudofeministas que rabian su mala leche posteriormente en las redes sociales--Javier Marías da en el clavo y donde más duele a las feministas radicales--.

Los artículos de Marías en El País Semanal suelen ser objeto de controvertido debate durante la jornada dominical y es ya un hecho habitual que las hordas más radicales de Twitter dediquen cualquier tipo de calificativos peyorativos a las opiniones del escritor y académico--Las hordas feministas caen encima de Javier Marías por meterse con Gloria Fuertes --.

Su reflexión de este domingo 11 de febrero de 2018 ('Ojo con la barra libre') sobre, entre otras cosas, el movimiento 'MeToo' y el intento de muchos de convertir cualquier denuncia proveniente de una mujer contra un hombre en algo cierto sin juicio ni verificación anterior, encontró, sin embargo, el aplauso de otros ilustres escritores como Arturo Pérez-Reverte, que lo calificó de "valiente"--Un locutor de Onda Cero se indigna con el escritor Javier Marías: "Lo escrito por este individuo parece del siglo XI"--.

Otros colegas de profesión, como la escritor Lucía Etxebarría, no estaba para nada de acuerdo--Javier Marías pasa al ataque y despacha a Pablo Iglesias por haberle llamado "pollavieja"--:

Marías resumió su opinión en la siguiente idea: dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a la venganzas, las calumnias y los ajustes de cuentas. Y lo explicaba así, aunque sus enemigos y 'odiadores' en las redes no es que precisen de muchas explicaciones para verter sobre él todas sus iras--Javier Marías destapa a Ada Colau: "Ha tratado a los cuerpos de seguridad como los más rancios señoritos trataban antaño al servicio y a los criados"--:

Ahora el movimiento MeToo y otros han establecido dos pseudoverdades: a) que las mujeres son siempre víctimas; b) que las mujeres nunca mienten.

En función de la segunda, cualquier varón acusado es considerado automáticamente culpable.

Esta es la mayor perversión imaginable de la justicia, la que llevaron a cabo la Inquisición y los totalitarismos, el franquismo y el nazismo y el stalinismo y el maoísmo y tantos otros.

En vez de ser el denunciante quien debía demostrar la culpa del denunciado, era éste quien debía probar su inocencia, lo cual es imposible. 

[...]

Tal vez sean culpables, pero basta con la acusación, y el consiguiente linchamiento mediático, para que Spacey o Woody Allen o Testino pierdan su trabajo y su honor, para que pasen a ser apestados y se les arruine la vida.

Y añade:

La justificación de estas condenas express es que las víctimas no pueden aportar pruebas de lo que sostienen, porque casi siempre estaban solas con el criminal cuando tuvieron lugar la violación o el abuso y no hay testigos. Es verdad, pero eso (los delincuentes ya procuran que no los haya) les ha sucedido a todas las víctimas, a las de todos los crímenes, y por eso muchos han quedado impunes. Mala suerte. 

Y finaliza:

Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las revanchas, las calumnias, las difamaciones y los ajustes de cuentas. Las mujeres mienten tanto como los hombres, es decir, unas sí y otras no.

Si se les da crédito a todas por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que simplemente se la guardan a alguien.

Podrían inventar, retorcer, distorsionar, tergiversar impunemente y con éxito.

El resultado de esta "barra libre" es que las acusaciones fundadas y verdaderas -y a fe mía que las hay a millares- serán objeto de sospecha y a lo peor caerán en saco roto, haya o no pruebas. Eso sería lo más grave y pernicioso.

Las reacciones críticas a su opinión eran furibundas y algunas daban auténtico pavor solo con leerlas. Al frente de las mismas se situó Ana Pardo de Vera, directora de 'Público Today':

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