Periodismo
Irene Montero con la camiseta feminista y a la derecha, en la esquina inferior izquierda, apoyando al machista Bódalo. PD

Este 8 de marzo de 2018 esta 'Tribuna del columnista' no se pone en huelga, pero sí comparte un principio básico, el de que hay que seguir luchando por la igualdad y por la reducción de la brecha salarial. Pero siempre planteadas con medidas razonables y no con carnavaladas como las que se perpetrarán por parte de unos políticos y sindicalistas oportunistas.

De hecho, tal y como vienen esta jornada las tribunas y editoriales de la prensa de papel, lo que aún no se entiende como muchos de los que están detrás de esta convocatoria luego pueden defender posturas contrarias o relegan a la mujer a lugares secundarios.

ABC, en su editorial, recuerda a los convocantes de la huelga feminista, entre ellos los sindicatos, que comiencen por ellos mismos:

Los sindicatos tienen una oportunidad perfecta para, cuarenta años después, poner al frente a una mujer, cosa que nunca han hecho. Afortunadamente, son muchísimos los casos de destacadas mujeres que no por ser mujer, sino por lógico merecimiento y competencias profesionales, están en la cúpula de instituciones, empresas, consejos de administración, partidos, asociaciones... Todo es siempre mejorable y perfectible. Pero frente a un feminismo mal entendido, los avances en materia de igualdad son evidentes.

Mayte Alcaraz comparte la idea de que debe trabajarse más en la cuestión de la igualdad, pero se niega a que la manipulen políticas como Irene Montero, capaz de defender a un machista y violento como Andrés Bódalo:

Creo que la huelga de hoy es necesaria pero me niego a que me manipulen. En esta reivindicación prefiero ir del brazo de hombres que me han respetado a lo lago de mi vida personal y laboral que de mujeres que, como Irene Montero, levantan en una mano una pancarta feminista y en la otra un cartel que ensalza a un energúmeno que agredió a una embarazada. Aborrezco la desigualdad y la combato pero también el feminismo oportunista. Porque este insulta mi inteligencia y me discrimina tanto como algunos machistas.

Isabel San Sebastián asegura que a ella no la van a encontrar en grupos y colectivos que aprovechan la jornada de hoy para vociferar sandeces:

Basta leer el manifiesto 8-M para darse cuenta del monumental engaño en el que pretenden involucrarnos los organizadores de esta farsa. ‘Juntas somos más', se titula. Me fastidia especialmente de esta pantomima que me tomen por idiota o hablen sin permiso en mi nombre, incluyéndome en clubes de los que no quiero formar parte: el de la ideología de género, la ‘sororidad', ‘las periodistas paramos' o ese ‘todas' que abarca desde las asesinadas a las presas, como si fuesen colectivos equiparables. En el manifiesto redactado en catalán se llega a pedir la liberación de los ‘presos políticos', por si quedara alguna duda de quién maneja este cotarro y con qué fin.

Luis Ventoso teme ser políticamente incorrecto, pero le lanza un claro mensaje a las feministas:

Lo voy a decir, aunque casi no me atrevo: las mujeres siguen estando maltratadas (menos sueldos, más violencia, más tareas), pero hoy no se puede universalizar y concluir que España es un país machista, donde todos los hombres seríamos una suerte de primates abusadores enajenados por una sobredosis de testosterona. Nuestras abuelas, que ni soñarían con ir a la universidad, tener relaciones sexuales libres o poseer un piso a su nombre, aplaudirían de felicidad de aterrizar en la España de hoy. Un país extraordinario. Y que la Sexta me perdone.

El editorial de La Razón recuerda que la igualdad no sólo es una cuestión de fecha, que después del 8-M habrá un 9-M y habrá que seguir trabajando en esa reducción de la brecha salarial:

Hablar a estas alturas de que la causa de la igualdad de la mujer sólo es de izquierda niega la Historia y dejaría a millones fuera. Lo importante es la huella de lo que se haavanzado y el trabajo que queda por hacer. Convendría salir de las espectacularidad de algunas campañas -la vida no es Hollywood- y del brillo de las mujeres de éxito para seguir actuando en la política de los posible que corrija las desigualdades. Lo que realmente cuenta es qué pasará mañana, el día 9. Mujeres, sí, iguales y diferentes.

Cristina López Schlichting reconoce que queda trecho por recorrer en la igualdad, pero tampoco cree que las medidas de este 8-M vayan a solucionar el problema:

No comparto en su integridad la convocatoria del movimiento feminista. Yo no creo en la lucha de clases, ni en trasladar ese esquema al enfrentamiento con los hombres. No busco un modelo antisistema, aunque tengo presentes los grandes males del capitalismo que subrayan los Papas. Eso de definir la sociedad como un "heteropatriarcado" me parece una simpleza. Pero ninguna de estas consideraciones me apeará de la convicción de que la mujer no tiene aún las mismas oportunidades que el hombre.

Arcadi Espada, en El Mundo, se parte la caja con la huelga del 8-M:

Una encuesta reciente del diario El País aseguraba que más del 80% de los españoles apoyan la llamada huelga feminista. Estas encuestas tienen el valor que tienen, a la vez producto de la urgencia y la necesidad. En este caso, sin embargo, el porcentaje coincide con el general ambiente mediático, e invocado éste poco más hay que sumar. Bueno sí. Hay que sumar dos personas cualificadas a tan abrumador apoyo cuantitativo. La primera, la Reina de España, que dice haber limpiado su agenda de mañana: espero, francamente, que haya calculado las catastróficas consecuencias que puede tener su actitud. Por si fuera poco a la Reina se añade la Virgen María, cuyo agente en la Tierra, monseñor Osoro, apasionado patrocinador de la osororidad, ha confirmado que participará en la huelga, Ave.

El editorial de El Mundo critica la politización de una jornada como el 8-M:

Si declararse feminista aún genera recelos entre muchos hombres y no pocas mujeres, se debe al intento de apropiación por parte de agentes ideológicos menos interesados en los objetivos prácticos que en atizar un conflicto maniqueo donde pescar cuotas de poder o dinero público. No ha estado este 8-M libre de ese ruido, pero sería de necios confundir el postureo cínico o la caduca fraseología revolucionaria con la sustancial justicia de la causa feminista. Ni el catastrofismo debe empañar lo conseguido ni la complacencia justificar la inacción. No parece la huelga el medio más eficaz para concienciar sin efectos contraproducentes. Pero sea cual sea el seguimiento que coseche, el 8-M ya ha sido un éxito social. Falta que su eco cuaje en el legislador para seguir progresando.

Enrique Gil Calvo, en El País, es de lo que encuentra razones de peso para esta huelga feminista del 8-M:

La desigualdad entre hombres y mujeres funciona por cuatro resortes: segregación laboral, brecha salarial, bloqueo de las oportunidades de ascenso y obligación de asumir la carga familiar. Un mecanismo que opera por la complicidad masculina.