Periodismo
Alfonso Ussía y Julia Otero. PD

Alfonso Ussía está que trina con el tema de los lazos y la politización que de los mismos se ha hecho. Lo que había empezado como una cuestión solidaria (contra el SIDA, el cáncer y otro tipo de enfermedades) para concienciar a la sociedad, ha acabado por ser un gesto usado y abusado por parte de los políticos.

Ussía, en su artículo de La Razón de este 10 de marzo de 2018, apunta que:

El lazo que se repartía entre los manifestantes del Día de la Mujer era color violeta. Pero del violeta al morado media escaso trecho, y una buena parte de los convocantes de la magna manifestación se escoraron hacia el morado estalinista en perjuicio del violeta feminista. Como si los lazos arreglaran las cosas. Un lazo no sirve para nada, y ahí está la prueba de Puigdemont, Guardiola, Torrent y compañía. Lazo amarillo para que Jordi sea liberado por la Justicia, y Jordi que sigue en la trena.

Critica con dureza a Rajoy por caer en esa trampa:

No tenía a Rajoy como aficionado a la lazología. Pero el pasado 8 de marzo, Soraya le obligó a prenderse el lazo violeta en la solapa. Rajoy es el Presidente del Gobierno de todos los españoles. Y más de la mitad de los españoles son mujeres, españolas. Y más de la mitad de las españolas -en su partido, abrumadora mayoría-, rechazan el significado o la intención de ese lazo. Ese lazo no dice nada y consigue menos, pero en la solapa del Presidente del Gobierno no pega.

Que se ponga el lazo Garzón -cualquiera de ellos-, carece de importancia. Que lo luzca el Presidente del Gobierno y de un partido rechazado por los repartidores del lazo, se me antoja cobarde e inoportuno.

Y viene el palo a Otero:

Las izquierdas se adueñaron de su significado influidas por los medios de comunicación y el periodismo militante. La brecha salarial. Brecha salarial es la que se establece entre Julia Otero, que se puso el lazo, y las periodistas de su equipo, que se lo pusieron también. Al final, pura política parcial, porque el lazo violeta no está en condiciones de cambiar nada. Y por otra parte, aunque el objetivo sano y justo es terminar con la discriminación de sexo, en España gozamos de una sociedad adelantada que poco a poco va consiguiendo la igualdad.