Periodismo
Soledad Gallego-Díaz y Pablo Casado. PD

Pablo Casado, como no podía ser de otra manera, polariza este 22 de julio de 2018 las tribunas y editoriales de la prensa de papel. Eso sí, algunos no han esperado ni 24 horas y ya empiezan a darle palos al nuevo presidente del Partido Popular, empezando por el diario de Soraya Sáenz de Santamaría.

El País dedica su editorial a recordar lo "viejuna" que es la derecha y a sacar el máster de Casado. Si con Cifuentes les sonó la flauta...

La vieja derecha española necesita una auténtica renovación ideológica. No es posible regresar a la ley del aborto de 1985, cuestionar la Ley de Memoria Histórica o ignorar las consecuencias de la dictadura franquista, mantener la religión católica como asignatura evaluable, defender una exacerbada vocación centralista ni mostrar el menor rasgo de rechazo contra la corrupción.

Pablo Casado es un hombre de perfil mediático de solo 37 años que, en contra de su eslogan de regeneración, solo ha propuesto en sus discursos un cambio de formas y una mayor polarización del electorado. Así lo augura la defensa de esos ideales desacomplejados que enarbola y así lo indica un partido que ha elevado al liderazgo a un político que abultó descaradamente su currículo académico y cursó un máster que está investigando la justicia. Esperemos que la gestión política del nuevo presidente del PP se aleje del contenido de sus discursos y se aproxime más a lo que debe ser un partido europeo de centroderecha. Margen tiene para ello.

El editorial de ABC destaca que Casado venció por tener un discurso más limpio y directo y ahora le pide que cumpla, una vez el PP recupere el poder, con lo programado por su partido en aquellas victoriosas elecciones generales de 2011:

La victoria de Casado implica una recuperación de ideas y una renovación de personas, y solo si se entiende así por parte de dirigentes y cuadros del PP este partido podrá aprovechar el impulso de este proceso de democracia interna. Es evidente que Casado va a convivir con la acusación de que va a derechizar al partido, pero también lo es que se limitó a reivindicar ante los compromisarios las ideas fundamentales que estaban en el programa electoral de 2011, con las que el PP logró su última mayoría absoluta. El problema del PP fue que decidió convertir en tabú la mayoría de sus ideas-fuerza. Casado ganó ayer porque ofreció un nuevo proyecto de partido, mientras que Sáenz de Santamaría perdió por ofrecer victorias electorales inciertas sin sanear previamente el partido.

Luis Ventoso apunta que quien tiene que estar temblando es el líder de Ciudadanos con el triunfo de Casado:

Casado supone un problemón para Rivera, pues comparten desenvoltura dialéctica, edad y porte. Además, el líder de Cs no va a ganarle a la hora de enarbolar la bandera de la defensa de la unidad de España, que en puridad es el único punto fuerte de la oscilante marca naranja. Ayer se aceleró la cuesta abajo de Ciudadanos, que comenzó cuando Rivera, torpemente, ayudó a Sánchez a caldear el clima de opinión que abrasó a Rajoy.

Antonio Burgos jalea al nuevo presidente del PP y cree que con él vuelve la esencia de un partido secuestrado por unos líderes que se avergonzaban de defender unos principios esenciales:

Hemos respirado al saber elegido a Pablo Casado. El dedo no ha funcionado esta vez, ni el aparato de los paniaguados del partido. El triunfo de Casado significa la victoria de los votantes del PP a los que el partido despreció tanto durante tanto tiempo, gobernando contra ellos. ¿Vuelta a Aznar? No, vuelta a no avergonzarse de ser lo que se es: «Iguala con la vida el pensamiento». Casado representa, hoy por hoy, todo aquello por lo que millones de votantes defraudados por su partido decidieron votar a Ciudadanos en las próximas elecciones, sean las que fueren, locales, autonómicas o generales. Casado representa los valores de una derecha que hasta ahora ha tratado de disimularlos, avergonzada de su razón de ser, ignorando a sus votantes, a los que dan la cara por ella en el «territorio sioux» de los pueblos andaluces dominados por el régimen del PSOE, por poner un ejemplo.

Ignacio Camacho destaca que con Casado se entierra el marianismo:

El triunfo de su candidatura ha enterrado el marianismo, desplomado en menos de dos meses con el estrépito de un vertiginoso fin de ciclo. Aunque le hubiese gustado otro desenlace, el propio líder se desentendió de su sucesión como había prometido; encajó mal la salida del poder y precipitó su propio retiro. Quizá pensaba en una transición más cautelosa porque minusvaloró el estado de ánimo forjado en las entrañas del partido. Rajoy nunca ha visto venir los fenómenos rápidos que caracterizan este tiempo político; siente aversión por las incógnitas, los interrogantes, los saltos al vacío.

Hermann Tertsch jalea el triunfo de un Pablo Casado frente a una candidata que hubiera terminado de dejar el PP en una situación de encefalograma plano:

La victoria de Casado y las semanas que hicieron posible lo antes impensable han sido un triunfo de la probidad frente a la trampa. Ha ganado quien, algo inusual en España, dejaba claro que concurría para ganar y no para repartir cargos. Que quería imponer criterios y principios que considera mejores que los de su rival. Que no quería cambalaches de consenso, sino poner patas arriba y reactivar un partido que Mariano Rajoy y Soraya dejaban con el encefalograma plano y aparentemente sin músculo moral.

La Razón subraya que el PP ha acertado de pleno con la elección de Pablo Casado y lo ve como un futuro presidente de Gobierno:

Han salido del cónclave con la satisfacción de haberlo encontrado, de creer que Pablo Casado los guiará por un sombrío tiempo de incertidumbres para España, y que sabrán encontrar las respuestas por el bien de todos, sobre todo de la nación. Creemos que el PP ha acertado con Casado, y que ahora el partido debe cerrar filas con su líder y no dar bazas a los adversarios. No es tiempo de personalismos y sí de digerir con lealtad los resultados. El presidente del PP ha prometido un proyecto de «manos blancas, bolsillos vacíos y corazón enamorado» de esa «España que madruga». Y ahí caben muchos, muchísimos.

Jesús Rivasés considera que Soraya Sáenz de Santamaría debe de ayudar a Casado y no ponerle palos en las ruedas:

La tradición teórica de los partidos reza que el vencedor debe ser generoso con los derrotados. Casado lo será con Santamaría y los suyos. Sin embargo, la inversión de la carga de la prueba recae sobre la ex-vicepresidenta. Son ella y su equipo quienes deben aceptar con generosidad que el vencedor es su rival y despejarle el futuro. Todo lo demás sería poner palos en las ruedas del PP. Santamaría puede seguir en política o aceptar alguna oferta que ya tiene del sector privado. Podría esperar otra oportunidad, aunque en política no suelen darse, pero sobre todo debe facilitar, con generosidad en la derrota, la labor de Casado que, como el poeta Hölderling, supo que «allí donde anida el peligro crece también la salvación». ¡El PP tiene un líder!

El editorial de El Mundo cree que Casado, amén de los mensajes que la militancia del PP quería escuchar, es un un político con cintura para poder llegar a más estratos de la ciudadanía:

No cabe perder de vista que Casado ha dirigido hasta ahora sus mensajes a militantes y compromisarios del partido, un auditorio muy ideologizado como es lógico. Pero el nuevo presidente del PP, que encarna también una importante renovación generacional, ha dado sobradas muestras de versatilidad y cintura. Y no hay por qué dudar de su capacidad para moldear el discurso y conectar con los más amplios estratos de la ciudadanía cuando llegue el momento de confrontar con los posibles votantes en las citas electorales que pronto se inaugurarán en Andalucía.

Javier Redondo constata el por qué del triunfo de Pablo Casado:

Y a la hora de construir un partido, cualquier manual aconseja priorizar lo programático, después lo organizativo y por último lo burocrático, pragmático y electoral. El PP optó ayer por seguir esta secuencia. Ha resuelto no convertirse en una plataforma electoral de sustitución, sino en una organización clásica que cohesiona demandas en torno a valores. El mayor desafío que afronta Casado coincide con la virtud que le ha catapultado a la Presidencia del partido: sus adversarios lo consideran más escorado e ideologizado que su rival; y él asume la responsabilidad de no plegarse a etiquetas ni aceptar que siempre los mismos repartan credenciales de centrismo después de haber trazado arbitrariamente las líneas divisorias del terreno.