Periodismo
Alfonso Ussía y Carmen Calvo. PD

Era de cajón que Alfonso Ussía no iba a dejar pasar de largo la última mamarrachada de la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y su intento de hacer igualitario y paritario la obra universal de Miguel de Cervantes, Don Quijote de La Mancha.

Este 3 de agosto de 2018 el articulista de la contraportada de La Razón hunde a Calvo por ser una mema de mucho cuidado:

Con su bolchevique de bolsillo al mando supremo del Instituto Cervantes, la ministra Calvo ha iniciado una fundamental batalla, no exenta de riesgos, en pos de la igualdad. Corregir a don Miguel de Cervantes después de advertirle con severidad de que hay que ser más cuidadoso y justo con las mujeres. Se ha propuesto lograr la igualdad en el texto y el espíritu del Quijote. Esta mujer con la cáscara amarga puede alcanzar cumbres y cotas de majadería difícilmente superables por el alpinista más resistente a las cumbres. ¿De dónde puede provenir tanto desajuste en los resentimientos? ¿Qué daño irreparable padeció en la infancia para que su rencor haya desembocado, más que en los estuarios de la perversidad, en las rías de la memez?

Y compara sus intenciones con otras personalidad de la izquierda que prefieren emplear su talento en cuestiones más positivas:

Hay que igualar el Quijote. Pues adelante con la tarea, interesante en sumo grado y de meritoria culminación. El bolchevique de la Alpujarra no le negará colaboración, donaire y esfuerzo. Hay otro tipo de mujeres, más de izquierdas aún que Carmen Calvo y la escritora esposa del bolchevique de plomo, que regulan su izquierdismo congénito hacia paisajes más positivos.

En nuestro periódico entrevistan a muchas mujeres de Podemos, y Paula Vázquez «que jamás pierde la sonrisa» aglutina toda su fuerza en Dubrovnik, la portentosa ciudad croata. Leyendo la sagaz y dura entrevista de la periodista a la presentadora podemita y comparando su manera de ver la vida con la de la ministra olivarera y egabrense, me regodeo en el acierto. Carmen Calvo es de esas personas que cuarenta años atrás se decía que tenían la cáscara amarga. Y para mí, que Pedro Sánchez tendría que haber designado a Paula Vázquez ministra de Cultura y Deporte -bogó en piragua entre las cascadas del lago Plitvice-, y a Carmen Calvo presentadora de televisión, que no desentonaría, sinceramente. El problema es que Paula ya había reconocido y manifestado públicamente su amor por Podemos y sus máximos dirigentes, y no le pareció oportuno a Pedro Sánchez irrumpir en el cofre de oro de Podemos y birlarle a la estrella intelectual. -Para eso, me quedo con mis estrellas intelectuales socialistas y no molesto a nadie-. Lo que siempre se ha dicho. Andar por casa, y contentarse con ello.

Explica a qué se refiere con lo de la cáscara amarga:

El origen de la cáscara amarga no es patrimonio de la izquierda. Viene de la derecha, y muy concretamente de un sector de la derecha del barrio de Salamanca, el comprendido entre las calles de Juan Bravo a Jorge Juan y del Paseo de la Castellana a Castelló. Se lo oí a una tía mía, camino de Misa, instantes después de intercambiar un cariñoso saludo con nuestro vecino de manzana velazqueña Joaquín Ruiz Giménez, ministro de Educación con Franco. - En el fondo, lo rascas, y es de la cáscara amarga-. También fueron en gran porcentaje integrantes de la cáscara amarga las hijas de la nobleza que salían más o menos feorras o feúchas. La prueba era la puesta de largo, que en algunos casos y por el volumen de las nuevas damas de la sociedad, parecían puestas de ancho. Si una joven mujer, rebosada de escudos o de dinero, ofrecía una gran fiesta, bailaba toda la noche, y en el festolín siguiente esperaba sentada y sin fruto a que alguien le sacara a bailar, se hacía inmediatamente de la cáscara amarga, paso previo a la militancia de izquierdas.

Y sentencia:

Intuyo que Carmen Calvo viene de una familia conservadora y muy religiosa de Cabra, y que por una razón u otra, se sintió inducida a darse un garbeo por la cáscara amarga, y todavía no ha encontrado la salida del laberinto. Otra cosa es Paula Vázquez, que después de insultar a España con regodeo y contumacia, no pierde la alegría y define los paisajes con magisterio literario. Su sintética precisión en la descripción del lago Plitvice habría de figurar, a partir de ahora en la «Antología de las Más Bellas Descripciones del Mundo». Así del lago Plitvice: «Pero sin duda, lo que más me gustó fueron los lagos de Plitvice. Había visto fotos de este lugar, pero nunca imaginé que fuera tan espectacular.¡Vaya agua, vaya cascadas! Un regalo de la naturaleza». Me pinchan y no sangro.

La diferencia que se establece entre una ministra de la cáscara amarga concentrada en decir sandeces, y una podemita con un desarrollado sentido literario.